Bellingrodtwww.fuerzasmilitares.org (31AGO2014).- El hombre rubio y barbudo estaba tan emocionado al accionar una y otra vez la cámara de su teléfono celular negro Samsung Galaxy S2 frente a la placa de bronce pegada a la pared, a casi metro y medio del suelo, que llamó la atención general. Cree que lo hizo cerca de 100 ocasiones, concentrándose en la parte baja, exactamente donde figuraba el penúltimo de los 24 nombres relacionados.

Entonces, en español, invitó al hombre mayor que había permanecido estático, mirándolo a poca distancia, a que se juntara a él. Y le pidió, en inglés, el favor a un deportista sueco que pasaba por el lugar que les tomara una foto. El europeo aceptó con gusto y, después de sacar la foto hizo, tímidamente, la pregunta curiosa que rondaba en el sitio:

¿Por qué es tan importante para usted esta placa?, dijo.

Como esperando toda la vida ese interrogante, el hombre rubio y barbudo respondió lleno de orgullo:

“Hace 42 años ese nombre que está aquí –dijo, señalando el penúltimo– ganó, en este mismo lugar, la primera medalla olímpica para mi país. Hoy mantiene vigente su importancia como jurado aquí: es colombiano, es mi padre, se llama Helmut Bellingrodt y es este que está a mi lado”.

El mayor de los Bellingrodt permaneció callado, mientras su hijo, también llamado Helmut, lo abrazó y sintió que su padre se estremeció.

Al sueco le gustó la historia y la contó a sus compañeros de equipo. Al rato, esa mañana calurosa del viernes 6 de junio pasado, todos los asistentes en el complejo olímpico de tiro de Múnich (Alemania) –sede de la Copa Mundo de Tiro– sabían la razón del interés por la placa en que figuraban los medallistas de las ocho competencias de ese deporte de los Juegos Olímpicos de 1972.

Los miembros del jurado conocían al colombiano, porque es compañero de ellos en la categoría A –la de más alto rango– y además porque integra la Comisión Técnica de Escopetas de la Federación Internacional de Tiro Deportivo (ISSF, por las siglas en inglés), pero solo algunos pocos veteranos dirigentes sabían lo de la medalla en Múnich.

Por eso, más tarde, el director de las competencias dio indicaciones al presentador de la final de trapp femenino y, cuando Helmut salió al frente, no solo se refirieron a él como el juez-jefe de la prueba que ganaría la estadounidense Victoria Rose Burch, sino que dijo que es trataba de un medallista olímpico de 1972.

Instante después, el secretario de la ISSF, el alemán Franz Schreiber, se le acercó a Helmut Jr. y le informó que su padre premiaría esa final y que el acto se realizaría en el polígono donde él ganó la presea.

“Fue algo muy raro, pues ni es usual ni está permitido que el juez sea quien premie. Pero todos los equipos estaban a favor de permitirlo solo porque querían homenajear a un deportista ganador de una medalla de plata, en ese mismo lugar hace 42 años, y que aún sigue siendo importante para el tiro mundial”, reveló Helmut Jr. a EL TIEMPO.

“Mi padre ni se lo esperaba ni estaba preparado para premiar –agregó el hijo–. Así, le prestaron una chaqueta gris, que por cierto le quedaba muy grande. Al momento de llamar a las atletas al podio, el anunciador presentó a cada una, pero a Helmut lo hizo como juez y tirador, explicando la razón de su presencia en la ceremonia. El público, unas 70 personas, lo aplaudió más que a las propias tiradoras… Fue emocionante para él y para mí”.

‘Sentí nostalgia y orgullo’

Luego de darle a Colombia la primera medalla olímpica de la historia, plata en la modalidad de tiro al jabalí –que repetiría en los Juegos de Los Ángeles 1984–, Bellingrodt regresó a ese complejo en Múnich en 1975, compitiendo en un mundial y también obteniendo plata. Hace dos años volvió al lugar por unos minutos, de prisa.

Al ser convocado como oficial de juzgamiento para la Copa Mundo, consideró que la estadía debía ser con Helmut Jr., barranquillero como él, pero de 37 años, dos y medio de ellos viviendo en Valencia (España).

Helmut padre estaba en Múnich cuando el hijo llegó, el 5 de junio. Le hizo un recorrido por los distintos lugares que él asistió en 1972: la villa olímpica, el parque olímpico y el complejo de tiro.

“El complejo de tiro despierta sensaciones increíbles –afirmó el hijo–. Me volví loco tomando las fotos a la placa con su nombre, pero lo más emocionante fue ver que el podio de cemento de 1972, donde otro barranquillero, Julio Gerlein Comelín (fundador del Comité Olímpico Colombiano en 1936 y miembro del Comité Olímpico Internacional), le colgó la medalla. ¡Lo hice subir de nuevo al podio!”.

“Fue emocionante esos cinco días en Múnich –dice Bellingrodt padre–. No estaba nervioso, sentí nostalgia y orgullo cuando me aplaudieron tanto y que lo presenciara mi hijo mayor, que no había nacido en 1972”.

“Le mostré a Junior –añadió– la cancha donde estuve compitiendo y el lugar en donde ‘El negro’ Perea (Édgar, el único locutor que transmitía por radio en Todelar) dio el grito de ‘¡Viva Barranquilla!’, con mi último disparo porque sabía que había ganado medalla”.

Ese día, primero de septiembre, llega a 42 años. Ahora Helmut, con 65 años, invadido por los recuerdos, aprovechando que en diciembre regresará a Múnich para la asamblea de la ISSF, espera, según sus propias palabras, “Dios mediante, ir con mi otro hijo, Friedrich, para mostrarle también el sitio donde se consiguió la primera medalla olímpica para nuestro país”.

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