El jefe del equipo negociador de las Farc, Luciano Marín Arango (d), alias Iván Márquez, acompañado de sus compañeros Jorge Torres Victoria, alias Pablo Catatumbo (i), y Luis Antonio Losada Gallo, alias Carlos Antonio Lozada. / EFEwww.fuerzasmilitares.org (27OCT2014).- En el pulso político interno, la presencia de reconocidos jefes militares de las Farc en La Habana, formalizada desde el pasado viernes, deja sentir a través de las voces de rechazo del expresidente Álvaro Uribe y de sus aliados, su elevado costo. Pero en términos de la negociación misma entre el gobierno Santos y la insurgencia, constituye una buena señal para que la discusión en Cuba avance hacia los temas más complejos del proceso, como el alto el fuego y la dejación de armas.

Un contraste que refleja las tensiones de una negociación en la que el paso del tiempo y la proximidad de los comicios regionales se advierten cruciales para el momento de las decisiones. Después de dos años de diálogos, la sociedad pide logros que se reflejen en la disminución del conflicto, pero al mismo tiempo se configuran los cuadros políticos para el debate electoral de octubre de 2015. El cruce de estos dos factores explica por qué los diálogos de La Habana pueden convertirse en una carrera contra reloj.

Al gobierno Santos le urge que la mesa de diálogo evacúe los temas pendientes del Acuerdo General para la Terminación del Conflicto, para de esta manera contener las enconadas críticas del uribismo, ahora con escenario propio en el Congreso. Como de costumbre, las Farc tienen menos afán, ahora sus principales jefes militares están juntos en Cuba, pero si quieren apostar por la recomposición del mapa político regional en 2015, tienen que avanzar en los pactos.

En esa disyuntiva, el anuncio de la presencia del ala militar de las Farc en Cuba, la misma semana en la que el expresidente Uribe arremetió con un explosivo documento titulado “Las 68 capitulaciones de Santos en La Habana”, volvió a alborotar el polarizado ambiente político. “Décima conferencia del terrorismo en La Habana, se reorganizan, se rearman, protegidos por el discurso oficial de paz”, trinó Uribe. El mandatario contestó calificando el hecho como “una buena noticia”.

A pesar de la ofensiva verbal del Centro Democrático, la postura optimista del presidente Juan Manuel Santos, avalada por su negociador Humberto de la Calle cuando dijo que el suceso “demuestra que estamos caminando hacia el sitio correcto”, tiene una explicación. Desde comienzos de junio de 2014, la mesa de diálogos había acordado la creación de una subcomisión técnica para empezar a discutir el tercer punto de la agenda y cuarto en discusión sobre el fin del conflicto.

El Gobierno se le adelantó al asunto al presentar ante la opinión pública su “Comando Estratégico de Transición”, encabezado por el general Javier Flórez e integrado por varios oficiales activos de las Fuerzas Armadas. El anuncio causó revuelo entre los opositores, pero el Ejecutivo lo mostró como un avance histórico hacia la paz. A las Farc no les cuadró mucho que se dijera que la presencia de militares activos en Cuba era para estudiar la entrega de armas de la guerrilla.

Por eso, su reacción no se hizo esperar. Anunciaron un Comando Guerrillero de Normalización para replantear el rol de las Fuerzas Militares. Un rifirrafe que terminó por darles nombre a las partes de la referida subcomisión técnica para empezar a hablar del fin del conflicto. El pasado viernes, así lo admitió el jefe insurgente Iván Márquez: “Aquí estamos los guerrilleros de las Farc, con toda nuestra carga artillera política, resueltos a jugárnosla por la paz de Colombia”.

Sin embargo, Márquez agregó un comentario con mensaje implícito: “Este es nuestro Comando Guerrillero para la Normalización, que explorará caminos con altos oficiales del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea y la Policía, en busca de un acuerdo que nos permita concretar el armisticio demandado por las víctimas del conflicto (...) y de fórmulas y visiones que satisfagan a las partes en torno al sensible tema de la dejación de armas, entendida por nosotros como su no utilización en la política”.

En otras palabras, dejando claro que por ahora el objetivo de las Farc es una armisticio con compromisos iguales para el Estado y las fuerzas insurgentes; y que en sus expectativas ni remotamente existe la entrega de armas. Con esas condiciones quieren discutir un escenario de alto el fuego y, de alguna manera, a través de movimientos y organizaciones afines en sus zonas de influencia, participar en política. Incluso, hacerlo el año entrante para evaluar su fuerza regional.

Aun así, ante el ruido mediático por la llegada de más jefes guerrilleros a La Habana, el jefe de la delegación del Gobierno, Humberto de la Calle, lo calificó como una demostración de deseos de avanzar. “La presencia de estos señores es una muestra de un mayor compromiso de las Farc de examinar las potencialidades de un conflicto armado”. El presidente Santos agregó: “Están consultando con los más duros, con los que han estado combatiendo, sobre todo si van a discutir los puntos más importantes”.

Lo cierto es que hoy por hoy los altos mandos de las Farc siguen agrupándose en Cuba. Con el arribo de Félix Muñoz, alias Pastor Alape, y de Carlos Antonio Lozada, ya son cuatro los miembros del secretariado en La Habana. Hoy los acompañan Luciano Marín, alias Iván Márquez, y Jorge Torres, alias Pablo Catatumbo. Se sabe que Rodrigo Londoño, alias Timochenko, permanece en Venezuela, pero viaja cuando se le requiere. Al parecer, lo mismo que sucede con Wilson Valderrama, alias El Médico.

El otro miembro del secretariado es Milton de Jesús Toncel, alias Joaquín Gómez, de quien se rumora que en algún momento también va a estar en Cuba. Si a los miembros del secretariado en La Habana se suman varios del estado mayor central de la organización que acaban de llegar a Cuba, como alias Pacho Chino, Wálter Mendoza, Isaías Trujillo, Rubín Moro o Henry Castellanos, alias Romaña, no cabe duda de que los jefes de las Farc se siguen encontrando.

En criterio del ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, lo que se demuestra con este agrupamiento es la unidad de la guerrilla. “Es absolutamente natural que cuando se llega a esta etapa, en que se toman las decisiones más duras y más difíciles, se necesita de la presencia de los comandantes, de los jefes militares de las Farc. Y la llegada a La Habana de integrantes del secretariado significa un paso muy importante en la madurez del proceso de paz y su decisión de negociar”.

Según fuentes consultadas, también se advierte una estrategia guerrillera. Cuando se inició el proceso de paz en Cuba, el momento era para los políticos de las Farc, es decir, para Rodrigo Granda, Marcos Calarcá o Andrés París. Después fueron apareciendo los jefes en el combate. Primero Iván Márquez y Mauricio Jaramillo o El Médico; después Pablo Catatumbo; y desde hace algunas semanas, dos más del secretariado, y seis comandantes de bloques y frentes.

Un relevo que pone de regreso a Colombia a ideólogos del movimiento insurgente como Andrés París, justo en el momento en que la prioridad política es consolidar bases sociales de apoyo en todas las regiones. Además, de preparar un escenario de posconflicto en el que necesariamente lo pactado en los acuerdos agrario, de participación política y de solución al problema de drogas de uso ilícito constituyen el punto de partida de los debates públicos.

“Ahora se puede decir que es el secretariado de las Farc el que está negociando, lo cual muestra la seriedad e importancia que han adquirido los diálogos”, comentó el analista de la Fundación Paz y Reconciliación Ariel Ávila. En contraste, la senadora uribista Paloma Valencia observó: “Se les está devolviendo la tranquilidad y la libertad de no estar perseguidos por las fuerzas del orden; mientras los colombianos tiene que seguir soportando la extorsión, el reclutamiento de menores o las bombas”.

Los polos opuestos del debate político interno, que dejan ver una parte del país esperanzada en los diálogos de La Habana y otra empecinada en recalcar sus errores. En medio de unos y otros, el antagonismo personal entre el expresidente Uribe y el primer mandatario Juan Manuel Santos, al que se suman sus respectivos copartidarios en el Congreso. Una confrontación tan intensa que hay quienes afirman que el otro proceso de paz por resolver es entre Santos y Uribe.

Esta semana, el jefe de Estado se arriesgó a invitar al senador Uribe a Palacio para discutir, con criterio patriótico, “los temas primordiales de la nación”. La respuesta de Uribe fue su texto de “Las 68 capitulaciones de Santos en La Habana”, en el que, entre otros aspectos y a tono con la nueva discusión por la llegada de más jefes guerrilleros a Cuba, recalcó que si las Farc dicen que solo entregarán sus armas cuando el Gobierno haya cumplido todos sus compromisos, habría que esperar 20 años.

En el fondo de la discusión, las Fuerzas Militares se mantienen en silencio. Por ellas habla el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, quien se limitó a decir que se cumplieron las órdenes del presidente, aunque “la mayoría salió huyendo de la presión de las fuerzas”. Entre los reservistas, que no tienen la obligación de no deliberar, se siguen oyendo voces que le piden al general (r) Jorge Enrique Mora que renuncie a la mesa de conversaciones. La expectativa del Gobierno es que, a corto plazo, al menos Romaña les dé la cara a las víctimas de sus secuestros.

‘Romaña’, el ‘coco’ de la mesa

A pesar de que no es miembro del secretariado, Henry Castellanos Garzón, alias ‘Romaña’, es uno de los personajes más repudiados de las Farc y más perseguidos por las Fuerzas Armadas. La razón es su papel en la guerra, especialmente en los años 90, cuando se convirtió en el principal promotor de secuestros en la región oriental del país. En la actualidad, ‘Romaña’ tiene más de 70 expedientes abiertos en su contra y, según organismos de inteligencia, en los últimos tiempos fue ficha clave en la estrategia subversiva de tomar el control de la minería ilegal. Se sabe que ‘Romaña’ se vinculó desde principios de los años 80 a la guerrilla e hizo parte de la línea dura que representó en su momento el jefe militar de las Farc, Víctor Rojas, conocido como ‘Jorge Briceño’ o el ‘Mono Jojoy’.

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