María Fernanda Cabal - Ángela María Robledo - Angélica Lozano - Clara Rojas - Paloma Valencia - Claudia López - Sofía Gaviria - Viviane Morales Foto: Guillermo Torreswww.fuerzasmilitares.org (22NOV2014).- En la más reciente medición de igualdad de género Colombia no quedó muy bien. Aparentemente el país sigue siendo machista pues en ese ranking pasó del puesto 37 al 53. Sin embargo, ese fenómeno no se vive en el Congreso. Allá las mujeres pueden no ser muchas pero son machas. Aunque son apenas alrededor del 20 por ciento del Congreso, están mandando la parada. Desde 1998, año en que la cuota femenina en el Congreso batió récord y fueron elegidas figuras como Íngrid Betancourt y María Isabel Rueda, el poder femenino no se sentía con tanta fuerza como ahora. Este año fueron elegidas 23 senadoras y 33 representantes que están dando la pelea no solo por una agenda de género, sino en algunos casos, por poner contra las cuerdas al gobierno. Ellas son las voceras de sus partidos, las que ponen la firma en los proyectos y lideran los debates más candentes. Más que en el pasado, el sexo femenino está marcando la agenda en el Capitolio. 

Como en el Congreso hay en la actualidad 56 mujeres, por cuestiones de espacio es imposible hacer un balance de la gestión de cada una de ellas. Por eso en este artículo se mencionarán algunas pero no todas buscando un equilibrio entre representación política y desempeño individual. Para la opinión pública las tres más notorias son Claudia López, Paloma Valencia y María Fernanda Cabal. Las tres se han convertido en estrellas mediáticas por no tragar entero. Claudia López, en nombre de la Alianza Verde, se ha convertido en la fiscalizadora más respetada del gobierno. Apasionada, elocuente y contestataria se ha lucido en todas las controversias en que se ha metido, que no han sido pocas. Se le fue la mano al insultar al expresidente Uribe como “sanguijuela de alcantarilla”, pero tuvo el valor de reconocer su error y ofrecer disculpas. 

Desde la comisión primera, López defendió la eliminación de la reelección e introdujo el tema del tribunal de aforados como un cuerpo independiente que juzgue en derecho a los altos cargos del Estado. Aunque perdió la pelea en plenaria del Senado, acusó al fiscal Eduardo Montealegre de atemorizar al Congreso para blindarse de un juicio penal y sentó una posición en el Legislativo. Junto a Paloma Valencia, Sofía Gaviria y Viviane Morales, logró la aprobación en segundo debate de las listas cremallera, que establecen que estas tendrán que ser conformadas con una representación paritaria (50 por ciento) entre hombres y mujeres. Según Angélica Latorre, investigadora del programa Congreso Visible de la Universidad de los Andes, esta fórmula “asegura la presencia de mujeres en los primeros puestos de las listas de sus partidos, y en consecuencia, incrementa la probabilidad de las mismas de resultar elegidas”. Sin embargo, como la meta es muy ambiciosa se acordó que la ley solo entraría en vigencia hasta 2021. 

Paloma Valencia es, con María Fernanda Cabal, la cara del Centro Democrático en el Congreso. Desde sus tiempos como periodista defendió sin miedo las banderas uribistas y aunque la mayoría esperaba que José Obdulio Gaviria fuera el gran escudero del expresidente, ella es la dueña del micrófono cuando toca defenderlo. Así lo demostró en el debate sobre paramilitarismo que el senador del Polo, Iván Cepeda, citó contra el expresidente Uribe. Su admiración por su jefe llegó a tal punto en ese episodio que no solo se apropió de su estilo oratorio sino que lo comparó con Bolívar. “Así como Bolívar salió de Bogotá, vituperado y amenazado por quienes habían crecido en las esferas de la libertad que él mismo construyó, la historia se encargó de relevar el peso del héroe prócer, como lo tendrá en el futuro Álvaro Uribe, el mejor presidente que ha tenido Colombia”, dijo. Además, lideró el debate de control político sobre abusos de los recursos públicos en la campaña presidencial y con gráficas en mano acusó al gobierno Santos de utilizar más espacios publicitarios que sus contendores y de haber ganado por votos de las Farc. 

Otra uribista que ha dado de qué hablar es la representante María Fernanda Cabal. Ella parece ser de la filosofía de que lo importante es que hablen de uno aunque hablen mal. Sus posiciones muy radicales, expresadas en forma coloquial y desabrochada, la han convertido en un diablo para las mayorías moderadas y en una heroína para la ultraderecha antisantista. Esta dicotomía quedó en evidencia con sus polémicos trinos en contra de García Márquez el día de su muerte y por sus comentarios racistas como “cuando los negros tienen el poder solo lo quieren para ellos”. Aunque sus opiniones le han costado regaños dentro del uribismo, nadie niega que sus comentarios han sido efectistas y han logrado llamar la atención de los medios. 

Desde un perfil más bajo

Al lado de estas tres figuras mediáticas hay un gran número de mujeres en el Congreso que en forma menos espectacular están cumpliendo un papel importantísimo en la agenda nacional. En esta categoría estarían nombres como Viviane Morales, María del Rosario Guerra, Clara Rojas, Angélica Lozano y Maritza Martínez, entre otras. 

Viviane Morales es la más veterana. A su condición de congresista estrella durante el proceso 8.000, se suma su experiencia como fiscal general de la Nación. En ese cargo metió a la cúpula del uribismo a la cárcel, por lo cual el Centro Democrático la tiene en la lista negra. Pero si algo se le debe es el avance en equidad de género, porque fue autora de la Ley de cuotas en 1998, que obliga a la administración a tener un 30 por ciento de mujeres en los cargos. 

María del Rosario Guerra no suena tanto como Paloma o María Fernanda, pero es en cierta forma el cerebro y el verdadero poder detrás de la bancada uribista. En el Congreso ella representa una mezcla poco común de dinastía tradicional costeña y tecnócrata competente y moderna. Siendo parte de la familia que ha mandado en Sucre durante décadas, ha sido ministra de Comunicaciones, vicerrectora de la Universidad del Rosario y directora de Colciencias, entre otros. Esta combinación le ha dado una visión integral del país que no todo el mundo tiene. Entre sus múltiples funciones está la de coordinar la bancada uribista, que hasta sus detractores reconocen como la más disciplinada y efectiva del actual Congreso. 

Dentro del liberalismo también entró con fuerza Clara Rojas. Al principio se veía como una gran víctima del conflicto armado que iba a apoyar a toda costa los diálogos con las Farc, pero cuando renunció a la comisión de paz dejó a más de uno sorprendido. La razón es que la guerrilla publicó en su página web un artículo titulado ‘¿Es Clara Rojas una víctima de las Farc?’ El texto era ofensivo, pues cuestionaba su sufrimiento como secuestrada e insinuaba que no la había pasado tan mal en la selva. Sin embargo, la comisión nunca le aceptó la renuncia y lo más probable es que regrese en las próximas semanas. Hace parte de la comisión femenina desde donde apoya la creación del ministerio de la mujer y desde la comisión primera introdujo el proyecto de ley que busca elegir alcaldes locales de Bogotá por mandato popular y establecer una segunda vuelta para la elección del alcalde mayor. 

En Cámara ha brillado Angélica Lozano. No solo es la abanderada de los derechos LGBT, sino que además impulsa proyectos de infraestructura, modos alternativos de transporte y cambio climático en Bogotá. Lozano fue alcaldesa de Chapinero y conoce a fondo los problemas de la capital. Es la única mujer ponente de la reforma de reequilibrio de poderes en la Cámara y la voz más fuerte de Alianza Verde en su comisión.

Hay muchas mujeres en el Capitolio que han asumido la defensa de los intereses de sus respectivos departamentos, que si bien no son temas mediáticos a nivel nacional, sí son de vida o muerte para los habitantes de esas regiones. Por ejemplo Maritza Martínez, de La U, que ha sido la principal vocera de los territorios petroleros y ha tenido que enfrentarse a multinacionales en defensa del Meta. 

En el tema de víctimas, además de Clara Rojas, Sofía Gaviria, hermana del alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, también ha jugado un papel importante en la defensa de quienes han sufrido la guerra de primera mano. Es experta en resolución de conflictos y derechos humanos. Y definitivamente este recuento no estaría completo sin Ángela María Robledo, quien por tercer año consecutivo fue escogida por los líderes de opinión del país como la mejor congresista. 

¿Mujeres al poder?

Sin importar las orillas, lo cierto es que las mujeres están ganándose el lugar que se merecen. De acuerdo con el estudio de Congreso Visible, la presencia femenina en corporaciones públicas es muy importante porque implica que un espacio de elite que tradicionalmente ha estado dominado por hombres sea competido por mujeres. No obstante, el estudio afirma que “eso no implica que inmediatamente exista mayor equidad de género, es decir, que las reivindicaciones y necesidades de las mujeres se vean reflejadas en la agenda legislativa e incluso lleguen a convertirse en leyes concretas”. 

De lo que sí no hay duda es que la evolución ha sido favorable. Desde 1958, cuando por primera vez salieron a votar las mujeres, hasta 1998, las elegidas nunca llegaron a representar el 5 por ciento del Congreso. Gracias a la Constitución de 1991, la participación aumentó. En las elecciones de 2006 alcanzaron el 11 por ciento y en las de 2010, el 16 por ciento. En la última legislatura llegaron al 20 por ciento. 

Pero lo que importa no es la cantidad, sino la calidad. Como alguna vez dijo Clara López, la gracia es no tener mujeres de relleno, sino con verdadero peso político y en este Congreso eso es evidente. Ellas son las que radican proyectos de ley con sus compañeros y en algunos casos con colegas de otras bancadas. Y las que mandan la parada en los debates de control político. “Las mujeres están participando en proyectos de ley muy variados que cubren temas tan diversos como medioambiente (seis proyectos), servicios públicos (seis proyectos); economía (cuatro proyectos), participación ciudadana (tres), entre otros”, agrega el estudio. 

Las duras del Congreso saben que se enfrentan a hombres curtidos en la política y que de todas maneras siguen siendo minoría. Pero a la hora de la verdad, están demostrando que también tienen pantalones y seguramente en los próximos años probarán que García Márquez tenía razón cuando dijo que el siglo XXI será el siglo de las mujeres.

Las que abrieron el camino
Hace más de 50 años las mujeres pisaron por primera vez el Capitolio y desde entonces se han ganado un espacio merecido. 
En la historia del Congreso hay varias mujeres que han dejado huella. La primera senadora en la historia del país fue Esmeralda Arboleda, elegida luego de la caída de Gustavo Rojas Pinilla en 1957 y ministra de Comunicaciones durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo. En la década de los noventa se destacó Claudia Blum, que fue senadora por cuatro periodos consecutivos desde 1991 y se convirtió en la primera mujer elegida presidenta del Senado. Trabajó hombro a hombro con Germán Vargas Lleras cuando ambos fueron congresistas y actualmente es representante permanente de Colombia ante las Naciones Unidas en Nueva York. Otra importante figura es Íngrid Betancourt, que fue representante a la Cámara en 1994 con el Partido Liberal y en 1998 saltó al Senado con el Partido Verde Oxígeno, donde obtuvo la votación más alta del país, con más de 150.000 votos. Desde el Capitolio lideró el referendo contra la corrupción para hacer una reforma política anticlientelista. Tenía un lenguaje directo e irreverente al denunciar la corrupción de grandes caciques políticos. Además de la huelga de hambre que realizó en el Congreso, también son recordados los episodios en los que repartió condones en las calles argumentando que “la corrupción es el sida de la política en Colombia”. Renunció en 2001 porque, según ella, el Congreso era “un nido de ratas”.

En el Legislativo también se destacó Gilma Jiménez, fallecida el año pasado, quien desde el Partido Verde peleó hasta el final por aplicarles cadena perpetua a los violadores, secuestradores y asesinos de niños. Otra fue Piedad Córdoba, quien llegó a ser precandidata presidencial del Partido Liberal en 2010 y se destacó por ser facilitadora del acuerdo humanitario entre las Farc y el gobierno. Uribe le quitó su investidura por su cercanía con esa guerrilla. También se destacó Marta Lucía Ramírez, que en 2006 fue elegida senadora por el Partido de la U. Ha sido la única mujer en ocupar el cargo de ministra de Defensa y llegó a ser candidata presidencial en las elecciones de este año. Aunque han venido ganando más poder, antes el liderazgo de las mujeres era aislado. Hoy las congresistas están más organizadas, son las voceras de sus partidos y ponen la firma en los proyectos más trascendentales del país. Esto les ha permitido tener un protagonismo que iguala e incluso supera el de los hombres, tradicionales dueños del Congreso.

semana.com