¿El despertar del ELN?
¿El despertar del ELN?

www.fuerzasmilitares.org (23FEB2016).- Cuando el accionar del ELN era prácticamente nulo, los colombianos volvieron a sentir su presencia en gran parte del territorio. Arauca, Chocó, Norte de Santander, Bolívar, Cesar, Nariño, La Guajira, Santander, Boyacá, Cauca y Casanare, son las regiones que más han padecido su despertar.

La situación era de esperarse. De cara a las conversaciones preliminares para un posible proceso de paz con el Gobierno, este grupo guerrillero adoptó la estrategia de hacerse sentir y buscan demostrar que negociar con ellos es tan importante como con las FARC.

“Por el contexto actual, en que todo está concentrado en La Habana, ellos tienen que hacerse notar. Sin embargo, no tienen tanta fuerza como lo hacen ver”, manifestó el general (r) Néstor Ramírez, presidente del Cuerpo de General y Almirante en Retiro, a Semana.com.

Pero aunque el nombre del ELN resuena en el país por los recurrentes atentados a las estructuras petroleras o por los cobros ilegales que aplica a comerciantes y campesinos, ¿cuál es la realidad de este grupo guerrillero? ¿Es tan grande como parece?

Según información de inteligencia del Ejército conocida por Semana.com, este grupo insurgente cuenta con 1.556 hombres en sus filas y están propagados en seis grandes frentes de guerra: Norte, Darío Ramírez Castro, Nororiental, Oriental, Occidental y Suroccidental.

Una cifra que no dista mucho de la información que se encuentra recopilada en informes de inteligencia de la Unidad Antiterrorismo de la Fiscalía, en donde se refieren a 1.480 guerrilleros armados en el ELN y 1.394 miembros en las redes de apoyo, es decir, personas externas que contribuyen -sin armas- a la organización.

Pero aunque el ELN posee casi el 25 % de los combatientes que tienen las FARC, los elenos han marcado su forma proceder y, fácilmente, logran desestabilizar a las regiones donde operan con sus formas de financiación, como la extorsión –la principal-, luego el secuestro y el narcotráfico.

“Se ha hecho una valoración de la capacidad militar del ELN muy inferior al poder militar de las FARC. Pero lo que se ha comprobado en los últimos días es que no hay guerrilla pequeña y que una organización que tiene destreza en la guerra de guerrillas puede tener una gran capacidad de perturbación”, aseguró Antonio Sanguino, actual concejal de Bogotá y desmovilizado de una disidencia del ELN.

¿Por qué es tan difícil negociar con el ELN?

Durante más de medio siglo de confrontaciones armadas, las distintas guerrillas fueron vistas como un mismo y un solo enemigo. Hoy, ad portas de sellar una negociación de paz con las FARC, afloran las diferencias entre una y otra: el ELN es una guerrilla distinta que si bien hace parte del mismo conflicto, quiere un proceso de paz a su medida.

En enero se cumplieron dos años del inicio de los encuentros preliminares con el ELN para fijar una agenda de discusión en un eventual proceso de paz. A la fecha, esas reuniones no han arrojado resultados y, a medida que pasa el tiempo, aumenta la preocupación de que se enfríe como ocurrió en tres acercamientos pasados, durante los cuatro gobiernos anteriores.

Atrás quedaron las posiciones contra el Estado y el gobierno que por más de 20 años el grupo insurgente promulgó. Sin embargo, aunque los miembros del Comando Central (COCE) poco a poco han reconocido la necesidad de entablar canales de comunicación con el Gobierno, ponerle fin a los hechos que los llevaron a alzarse en armas se ve más distante que con las FARC.

Las razones que han retrasado la maduración de un proyecto definitivo de paz son de todo tipo. El argumento más reciente tiene que ver con la poca disponibilidad que tiene el ELN, al menos en estos primeros encuentros, de firmar una agenda que haga referencia directa a la dejación de los fusiles. “Le hacen un culto y una veneración excesiva a la lucha armada como si las armas no fueran un instrumento sino un imposible”, manifestó Antonio Sanguino, concejal de Bogotá y desmovilizado de una disidencia de los elenos.

Pero el problema va más allá. El modelo de negociación que se ha venido forjando con esa guerrilla tampoco ha funcionado. La metodología que el ELN contempla requiere montar una discusión en la que la participación social tenga más relevancia que en el proceso del Gobierno y las FARC.

“Ellos desean una negociación directa entre el Estado y unos grupos de la sociedad. El ELN quiere modificar la estructura del Estado como está concebida: un Estado liberal, burgués que le sirve a unos pocos. Ahí está el nudo gordiano”, le dijo a Semana.com el politólogo Germán Ayala.

En ese sentido, se trata de un modelo en el que el ELN pareciera no tener vocación de poder y se ve como “un facilitador de un acuerdo global con la sociedad que permita poner fin a los problemas estructurales que dieron origen a la violencia”, agrega Sanguino.

La discusión es de vieja data. Incluso como le reveló el Jaime Bernal Cuellar a este portal, cuando fue facilitador del proceso durante el gobierno de Álvaro Uribe, se llegó a hacer un listado de los sectores sociales que podrían participar, de cómo serían los foros. Sin embargo, el acercamiento se cayó.

Pese a haber puntos de concertación con lo que hasta ahora han conquistado las FARC y el Gobierno, los elenos entienden otro “modelo de solución de conflicto” que tiene como eje central a la población civil.

De ahí que para ellos, el interés de involucrar de lleno diferentes sectores sociales a través de una “convención nacional o de una asamblea nacional” resulte determinante para legitimar lo que se acuerde. No en vano, como manifestó Arturo Velandia, exmiembro de la dirección nacional del ELN, uno de los temas contemplados en la agenda sea “democracia para la paz”. Los ojos con los que históricamente los gobiernos han visto al ELN, para algunos analistas, ha sido otro factor determinante. “Hoy los están subvalorando porque saben que es una guerrilla que fue muy golpeada”, señala Ayala. En esa misma orilla se para Sanguino: “En este proceso el presidente le aposto todo a una negociación con las FARC creyendo que al ELN solo había que sumarlo. Un agregado adicional al acuerdo que ha construido en La Habana.”

Se trata de una fórmula con las que muchos se han casado y que “privilegia a las FARC y trata al ELN como el hermano pequeño”. El problema es que, como dice el liberal Horacio Serpa, “son dos guerrillas diferentes así tengan unos mismos objetivos revolucionarios y de transformación”. Su organización, su poderío y su propuesta de solución del conflicto colombiano son en cierta forma opuestas, pues, mientras una es de origen netamente campesino, los elenos nacieron a partir de un grupo de estudiantes, académicos y sindicalistas que se querían tomarse el poder para transformarlo.

Perfiles de los cabecillas

Gabino

Nicolás Rodríguez Bautista es el más curtido miembro del ELN. De 66 años de vida, lleva más de 51 militando para la segunda guerrilla más vieja del país. Se internó en el monte cuando apenas tenía 15 años y desde entonces escaló en la organización hasta convertirse en el primer comandante. Fue un discreto campesino santandereano que, con apenas tercero de primaria, consiguió compartir por más de 20 años las riendas de esa guerrilla con el ‘cura’ Manuel Pérez. Ser uno de los veteranos le acarrea un largo prontuario: 18 medidas de aseguramiento y 34 órdenes de captura por reclutamiento ilícito, homicidio, secuestro simple y concierto para delinquir.

Antonio García

Su verdadero nombre es Eliécer Herlinto Chamorro Acosta. Nació en Putumayo hace casi 60 años, en el seno de una familia gaitanista. Desde joven se perfiló como líder estudiantil y un hombre inclinado a las ciencias puras y el arte, aunque terminó matriculándose en la Universidad Industrial de Santander en ingeniería de petróleos. La primera vez que los colombianos vieron el rostro de García fue en 1991, cuando los diálogos de Caracas y Tlaxcala. Nunca antes un miembro del Comando Central (COCE) del ELN se había enfrentado al gobierno en una mesa de diálogo. Es uno de los más antiguos, y quizá el que más confianza le brinda a toda la militancia. Su deuda con la justicia va en cuatro medidas de aseguramiento por reclutamiento ilícito, homicidio culposo, secuestro simple, terrorismo y rebelión.

Pablo Beltrán

Su nombre de pila es Israel Ramírez Pineda. Nació en San Gil (Santander) y actualmente tiene 63 años. Estudió en la Facultad de Ingeniería de Petróleos en la Universidad Industrial de Santander en 1975, pero no los finalizó. Su misión dentro del ELN en más de 40 años, ha sido encargarse de las masas y cuadros políticos. Su historial delictivo como guerrillero ha llevado a que tenga cinco sentencias condenatorias, 17 medidas de aseguramiento y 23 órdenes de captura por reclutamiento ilícito, homicidio, secuestro extorsivo, concierto para delinquir, terrorismo y rebelión.

Ramiro Vargas

Su nombre es Rafael Sierra Granado y nació en Riofrío (Magdalena) hace 73 años. Es psicólogo de la universidad del Atlántico. Es el cuarto miembro del Comando Central del ELN (Coce) y se encarga, sobre todo, de negociar las finanzas estratégicas. Tiene dos sentencias condenatorias y 16 medidas de aseguramiento por homicidio culposo, secuestro extorsivo, hurto calificado, terrorismo, rebelión y reclutamiento ilícito.

semana.com