FARC
Por lo menos 130 guerrilleros del frente 58 llegaron por río hasta la vereda Gallo, en Tierralta, Córdoba. Esta es una de las zonas veredales más atrasadas en construcción de zonas comunes y en condiciones de habitabilidad.

www.fuerzasmilitares.org (05FEB2017).- Las imágenes que vieron los colombianos esta semana quedarán en la memoria como uno de los hechos más importantes de la historia reciente. En lanchas, buses, carros escaleras, camiones y hasta a pie, unos 4.761 guerrilleros se movilizaron hacia las 26 zonas veredales pactadas con el gobierno para dejar las armas y empezar su tránsito a la vida civil. Traían a cuestas unos pocos enseres, algunos animales, perros, cerdos y pájaros, y una historia de guerra que quieren dejar atrás.

Escrupulosamente, la ONU custodió ese tránsito por ríos y carreteras en coordinación con las Fuerzas Militares. Los testigos vieron escenas inéditas y emocionantes. Guerrilleros que saludaban de mano a los soldados que prestaban la seguridad. Comunidades que con banderas blancas les daban el último adiós. Madres que salían al paso para darles a sus hijos guerrilleros un abrazo contenido por años. Guerrilleras que cargaban sus bebés recién nacidos. Todas, imágenes típicas del fin de una guerra. Del volver a casa, casi siempre con las manos vacías, con la alegría de haber sobrevivido y con la esperanza de tener una segunda oportunidad sobre la Tierra. De asumir la decisión de dejar una vida atrás y comenzar otra nueva: la civil.

Todo eso produce en cualquier ser humano una mezcla de ilusión y miedo. El alivio de superar un pasado de dolor y sangre, y la incertidumbre por un futuro todavía brumoso para muchos de ellos. Al propio comisionado de paz, Sergio Jaramillo, se le hizo un nudo en la garganta en el campamento de Pondores, en Fonseca, La Guajira, cuando bajó de una improvisada tarima a saludar a los 217 guerrilleros de base que llegaron allí. Varias mujeres combatientes le apretaron la mano emocionadas, para darle un mensaje tácito: ahora estamos en sus manos.

En medio de muchas dificultades, la fe en que el proceso de paz saldrá adelante predominó en la llegada a las zonas veredales. Iván Márquez, también en la vereda de Pondores, dijo que esta no era la última marcha de una guerrilla, sino la primera de un grupo de hombres y mujeres que ingresarán a la política para buscar un mejor país. Se mostró comprensivo frente a los retrasos que hay en toda la nación en las construcciones de los campamentos donde vivirán por varios meses sus combatientes, y ratificó que todos, juntos, construirán esas instalaciones. Porque desde que se empezó a implementar el acuerdo de paz, guerrilla y gobierno están mancomunados.

Desde hace medio siglo las Farc eran dios y ley en algunos territorios. Un dios arbitrario y una ley muchas veces sangrienta. En las últimas décadas se habían desplegado en 240 municipios, en selvas y sabanas, montañas y pueblos. Así dispersas fue muy difícil combatirlas. Hoy, han abandonado esos territorios y se han ubicado en 26 zonas de no más de 15 kilómetros cuadrados, en veredas casi siempre remotas y olvidadas. En los próximos tres meses habrán dejado todas sus armas y habrán cumplido uno de sus más importantes compromisos con la paz.

Sin embargo, sobre los hombros del gobierno descansa la mayor responsabilidad de lo que viene. Para empezar, como reto inicial, que los territorios de los que acaban de salir las Farc tengan seguridad, justicia y desarrollo social. Los primeros indicios no son alentadores. Las fundaciones Paz y Reconciliación e Ideas para la Paz sacaron esta semana sendos informes donde pintan un panorama alarmante de crecimiento de otros grupos armados en esos lares. Advertencias similares han hecho la ONU, la OEA y la Defensoría del Pueblo.

Un segundo reto será la reincorporación de los guerrilleros a la vida civil. Dado que se prevé que las zonas veredales dejen de funcionar en cuatro meses, el gobierno tendrá que considerar si la permanencia de los guerrilleros en estos campamentos se puede prolongar, pues muchos de ellos aún no estarán en condiciones de regresar a sus pueblos de origen, o aún no marcharán los proyectos productivos.

El tercer reto será que al tiempo que avanza la reincorporación a la vida civil, se cumpla en implementar el resto del acuerdo, sobre todo en dos temas cruciales: lo legal y la seguridad.

La llegada de las Farc a su nueva casa, por lo tanto, no es el fin, sino apenas el principio de los desafíos que tiene por delante el proceso de paz.

 

(semana.com)