Imagen de archivo.www.fuerzasmilitares.org (08OCT2013).- Cuando Egipto estaba aún contando los cadáveres del día anterior, la violencia volvía a sacudir el país ayer por la mañana, con tres ataques en la capital, el Sinaí y en la zona del Canal de Suez. Los atentados contra las Fuerzas Armadas y de Seguridad se han convertido en la trágica normalidad diaria en el Sinaí, y se están extendiendo en la propia península y a otras zonas del país consideradas seguras hasta el momento. Ayer a media mañana, varios cohetes de mortero alcanzaban un edificio de telecomunicaciones, dañando las antenas para la emisión por satélite, en un barrio residencial de El Cairo, donde viven muchos empleados de empresas y embajadas extranjeras. El incidente causó sólo dos heridos leves, pero constituye el primer asalto de este tipo contra un objetivo civil. Las autoridades no ofrecieron demasiados detalles sobre lo acontecido, pero suelen relacionar el uso de RPGs a los milicianos islamistas. Seguidamente, fue declarado el estado de alerta en las instalaciones vitales del país, principalmente el aeropuerto internacional de El Cairo.

La violencia también llegó al sur del Sinaí, donde se encuentran varias localidades turísticas de las más frecuentadas del Mar Rojo, como Sharm el Sheij. Un coche bomba explotó junto al cuartel de las Fuerzas de Seguridad situado en Al Tur, matando a al menos cinco policías e hiriendo a medio centenar, muchos de ellos atrapados bajo los escombros del edificio que se derrumbó. De esta forma, los grupos radicales que se sospecha que están detrás de los ataques golpean duramente la imagen de Egipto y amenazan el ya moribundo sector turístico.

Al otro lado del Canal de Suez, hombres armados sin identificar volvían a asesinar a varios uniformados, tras tenderles una emboscada en la carretera que conecta la capital con la ciudad de Ismailiya. Seis militares fueron asesinados y una veintena heridos, algunos de los cuales están en condiciones graves, según la agencia estatal de noticias. La semana pasada otro convoy militar fue asaltado en la misma carretera, en un juego letal que se está convirtiendo en la norma para los jóvenes soldados que pagan el precio por las acciones

de los generales que acabaron con el Gobierno de los Hermanos Musulmanes. Éstos niegan cualquier responsabilidad en la violencia contra las Fuerzas de Seguridad y Armadas, que se desencadenó pocas horas después de que Mursi fuera apartado del poder por el general Abdelfatah Al Sisi, hace tres meses. En todo este tiempo, el círculo vicioso de la violencia y el odio no ha cesado, y el domingo era alimentado con otros 54 muertos y casi 400 heridos, en enfrentamientos entre los manifestantes islamistas y los antidisturbios. La mayor parte de las muertes se produjeron en el centro de la capital, a plena luz del día, y por impacto de bala, según los informes forenses.

Las autoridades intentan ofrecer una imagen de normalidad al resto del país y también de cara a la comunidad internacional. Además, la campaña mediática ayuda a crear esa imagen, ya que los medios anuncian a diario que la Policía ha arrestado a islamistas, requisado armas y desactivado bombas. Estas informaciones, a veces poco verosímiles, contrastan con la situación sobre el terreno en muchas partes del país, donde hay amplias zonas que se escapan al control del Estado e, incluso, abiertamente en rebeldía contra el Gobierno de Al Sisi. Los defensores de Mursi han anunciado movilizaciones para toda la semana bajo el lema «El pueblo recupera el espíritu de octubre».

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