China está vendiendo a países africanos elementos de represión y tortura, según AIwww.fuerzasmilitares.org (22OCT2014).- Hace nueve meses, cuando la República Centroafricana se hundía en un abismo de violencia y caos, el enterrador de la localidad norteña de Bouca, Alberth, nos enseñó que la crueldad no entiende de modas. La semana anterior, en una de sus excursiones al bosque para buscar cuerpos con gargantas abiertas o tiros en la nuca y enterrarlos antes de que propagaran enfermedades, había detectado que los asesinos estaban recuperando una vieja práctica: algunos cuerpos habían sido atormentados con el arbatasher, un método de tortura tradicional que consiste en atar los codos y los tobillos a la espalda del prisionero. Con una simple cuerda, se infligía un dolor espantoso al condenado, que adoptaba una posición opuesta a la de un feto. En República Centroafricana se disputa una conflicto cruel y poco sofisticado; o lo que es lo mismo: un mercado poco apetecible a los ojos de algunas empresas chinas.

El informe El comercio chino de instrumentos de tortura y represión, publicado por Amnistía Internacional y la Fundación Omega Research, denuncia que al menos 130 compañías chinas están involucradas en un negocio creciente de fabricación y exportación de herramientas de tormento a varios países africanos y asiáticos. 

El estudio detalla la venta de dispositivos abiertamente peligrosos y abusivos como porras eléctricas o con púas metálicas, grilletes para el cuello o con peso para las piernas y esposas cortantes. Ambas organizaciones piden que se detenga el comercio de esas herramientas de tortura, pero también la exportación de instrumentos antidisturbios como gases lacrimógenos, proyectiles de goma o vehículos acorazados a países donde no se respetan los derechos humanos.

Que China va a África para hacer negocios no es un secreto para nadie porque ni su Gobierno lo esconde ni las cifras pueden disimularse. En los últimos trece años, la suma de importaciones y exportaciones entre el gigante asiático y el continente africano ha pasado de 7.300 millones de dólares (5.682 millones de euros) a más de 215.000 millones (167.367 millones de euros), más que toda la Unión Europea, pese a los lazos comerciales consolidados durante la colonización, y casi cuatro veces más que EE.UU. Pero el estudio confirma las sospechas de que China no concede demasiada prioridad a los derechos humanos al sentarse en la mesa de negociación. En los últimos diez años, las empresas chinas -en su mayoría de propiedad estatal- dedicadas a la producción y venta de material de tortura o represión se han multiplicado por 4,5. 

Patrick Wilcken, experto en comercio de equipos de seguridad y derechos humanos de Amnistía Internacional, critica la posición glacial de las compañías chinas ante un posible uso abusivo de sus productos. "Este comercio, que provoca un sufrimiento inmenso, está en auge porque las autoridades chinas no han hecho nada por impedir que las empresas suministren estos nauseabundos dispositivos o que el material policial caiga en manos de elementos de los que se sabe que cometen abusos contra los derechos humanos", atizó. 

El estudio, que señala casos similares en países asiáticos, se detiene en la empresa Xinxing Import/Export Corporation, fabricante de esposas para pulgares, sillas de inmovilización o porras eléctricas, con las que se pueden aplicar descargas dolorosas en genitales, garganta u orejas sin dejar rastro físico. La compañía realizó intercambios comerciales en el 2012 con hasta 40 países africanos por un valor de alrededor de 100 millones de dólares (78 millones de euros). En sus páginas, el estudio muestra indicios de que fuerzas de seguridad de Ghana, Senegal, Egipto y Madagascar han utilizado este tipo de porras eléctricas producidas en China.

El dragón asiático ha encontrado en África un mercado ideal -hay una incipiente clase media de más de 300 millones de africanos- para colocar sus productos inofensivos como ropa barata, tecnología, elementos plásticos o vehículos. Pero también ve a gobiernos sin escrúpulos como compradores de su producción más oscura. El informe destaca cómo el ejecutivo chino exportó material antidisturbios a Uganda o República Democrática del Congo en el 2011 pese a las protestas por la brutalidad policial en esos países. Durante la violenta represión posterior en Uganda, en la que se usaron dispositivos de fabricación china, murieron nueve personas y un centenar resultaron heridas. En la violencia electoral de Congo, murieron 33 personas.

Leer más: http://www.lavanguardia.com/internacional/20140924/54416273646/tortur

Hace nueve meses, cuando la República Centroafricana se hundía en un abismo de violencia y caos, el enterrador de la localidad norteña de Bouca, Alberth, nos enseñó que la crueldad no entiende de modas. La semana anterior, en una de sus excursiones al bosque para buscar cuerpos con gargantas abiertas o tiros en la nuca y enterrarlos antes de que propagaran enfermedades, había detectado que los asesinos estaban recuperando una vieja práctica: algunos cuerpos habían sido atormentados con el arbatasher, un método de tortura tradicional que consiste en atar los codos y los tobillos a la espalda del prisionero. Con una simple cuerda, se infligía un dolor espantoso al condenado, que adoptaba una posición opuesta a la de un feto. En República Centroafricana se disputa una conflicto cruel y poco sofisticado; o lo que es lo mismo: un mercado poco apetecible a los ojos de algunas empresas chinas.

 

El informe El comercio chino de instrumentos de tortura y represión, publicado ayer por Amnistía Internacional y la Fundación Omega Research, denuncia que al menos 130 compañías chinas están involucradas en un negocio creciente de fabricación y exportación de herramientas de tormento a varios países africanos y asiáticos. 

 

El estudio detalla la venta de dispositivos abiertamente peligrosos y abusivos como porras eléctricas o con púas metálicas, grilletes para el cuello o con peso para las piernas y esposas cortantes. Ambas organizaciones piden que se detenga el comercio de esas herramientas de tortura, pero también la exportación de instrumentos antidisturbios como gases lacrimógenos, proyectiles de goma o vehículos acorazados a países donde no se respetan los derechos humanos.

 

Que China va a África para hacer negocios no es un secreto para nadie porque ni su Gobierno lo esconde ni las cifras pueden disimularse. En los últimos trece años, la suma de importaciones y exportaciones entre el gigante asiático y el continente africano ha pasado de 7.300 millones de dólares (5.682 millones de euros) a más de 215.000 millones (167.367 millones de euros), más que toda la Unión Europea, pese a los lazos comerciales consolidados durante la colonización, y casi cuatro veces más que EE.UU. Pero el estudio confirma las sospechas de que China no concede demasiada prioridad a los derechos humanos al sentarse en la mesa de negociación. En los últimos diez años, las empresas chinas -en su mayoría de propiedad estatal- dedicadas a la producción y venta de material de tortura o represión se han multiplicado por 4,5. 

 

Patrick Wilcken, experto en comercio de equipos de seguridad y derechos humanos de Amnistía Internacional, critica la posición glacial de las compañías chinas ante un posible uso abusivo de sus productos. "Este comercio, que provoca un sufrimiento inmenso, está en auge porque las autoridades chinas no han hecho nada por impedir que las empresas suministren estos nauseabundos dispositivos o que el material policial caiga en manos de elementos de los que se sabe que cometen abusos contra los derechos humanos", atizó. 

 

El estudio, que señala casos similares en países asiáticos, se detiene en la empresa Xinxing Import/Export Corporation, fabricante de esposas para pulgares, sillas de inmovilización o porras eléctricas, con las que se pueden aplicar descargas dolorosas en genitales, garganta u orejas sin dejar rastro físico. La compañía realizó intercambios comerciales en el 2012 con hasta 40 países africanos por un valor de alrededor de 100 millones de dólares (78 millones de euros). En sus páginas, el estudio muestra indicios de que fuerzas de seguridad de Ghana, Senegal, Egipto y Madagascar han utilizado este tipo de porras eléctricas producidas en China.

 

El dragón asiático ha encontrado en África un mercado ideal -hay una incipiente clase media de más de 300 millones de africanos- para colocar sus productos inofensivos como ropa barata, tecnología, elementos plásticos o vehículos. Pero también ve a gobiernos sin escrúpulos como compradores de su producción más oscura. El informe destaca cómo el ejecutivo chino exportó material antidisturbios a Uganda o República Democrática del Congo en el 2011 pese a las protestas por la brutalidad policial en esos países. Durante la violenta represión posterior en Uganda, en la que se usaron dispositivos de fabricación china, murieron nueve personas y un centenar resultaron heridas. En la violencia electoral de Congo, murieron 33 personas.

 

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