Barak ObamaPasada una semana tras las elecciones presidenciales en Estados Unidos, los representantes de Texas, Luisiana, Carolina del Norte, Alabama, Georgia, Tennessee y Florida presentaron a la Casa Blanca peticiones de secesión.

Amenaza separatista

En el marco del programa ‘Nosotros, el pueblo’ (We The People), la Administración de Barack Obama se comprometió a reaccionar a cualquier iniciativa pública que reúna al menos 25.000 firmas en 30 días. Ya lo consiguieron los habitantes de siete estados, los que forman el llamado Cinturón de la Biblia (Bible Belt) y votan al Pertido republicano. Se trata de los estados de Texas, Luisiana, Carolina del Norte, Alabama, Georgia, Tennessee e incluso Florida, favorable a los demócratas.

Texas, considerado el bastión del conservadurismo, reunió 106.000 firmas para exigir el estatus de estado independiente. Éste es el único estado que se incorporó a la federación como estado independiente, y lo fue durante 10 años entre 1836 y 1846. Según la petición de Texas, este estado tiene un presupuesto equilibrado y es la decimoquinta economía más grande del mundo, por lo que su separación de EEUU es más probable.

Además de argumentos económicos, el pueblo de Texas alega las “indignantes infracciones de sus derechos” por parte de diferentes órganos federales de poder, en particular la Dirección de Seguridad en el Transporte, cuyos empleados registran a los pasajeros en los aeropuertos.

Si los argumentos de texanos para la secesión son muy concretos, los residentes de Luisiana simplemente piden otorgar independencia a su Estado por vía negociada, citando la Declaración de Independencia de 1776.

De acuerdo a los cánones de la democracia estadounidense establecidos por los padres fundadores, “si alguna de las formas de gobierno resulta destructiva, los ciudadanos tienen derecho a cambiarla o cancelarla e instaurar un nuevo gobierno”. La petición de Luisiana está firmada por 34.723 personas.

Los 31.550 residentes del Estado de Florida “constatan que la Administración federal es incapaz de gobernar con dignidad el país”. Por lo tanto desean separarse pacíficamente y formar un gobierno mejor.  Las demás peticiones una alegan argumentación parecida.

¿Qué pasará?

Las peticiones de los estados  que reunieron la cantidad necesaria de firmas, más de 25.000, representan la expresión de la opinión pública que requiere una respuesta oficial de las autoridades federales. Sin embargo, los expertos señalan que es poco probable que el presidente estudie seriamente estos documentos.

No obstante, son una reacción a la confrontación política que se ha intensificado en el país y una escisión en la sociedad estadounidense en lo que concierne al camino de desarrollo del país. Por lo tanto, la Administración central tendrá que atender con más eficacia las expectativas de los ciudadanos.
 
Tendencias separatistas

En 1860 y 1861 fueron las últimas veces en que 11 estados se separaron de EEUU tras la reelección del presidente Abraham Lincoln y crearon una confederación independiente. Luego comenzó la guerra civil, tras la cual EEUU fue restituido en 1865. Esta guerra fue la más sangrienta en la historia de Estados Unidos.

A pesar del triste balance de la guerra, que duró cuatro años, las tendencias separatistas persistieron en algunos Estados. En este sentido se destaca Texas, el único estado del país que tiene permitido izar su bandera a la misma altura que la bandera nacional de EEUU. Las banderas de los demás estados se colocan en los mástiles menos altos que la nacional.

En el año 2005, en el pequeño estado de Vermont, surgió un movimiento separatista para convertirlo en una república independiente en aras de conservar la democracia. Uno de los principales argumentos a favor de la secesión era que Estados Unidos se había convertido en un imperio incontrolado: demasiado grande, corrupto y que no representa ya los intereses de sus ciudadanos.

A finales de los años noventa del siglo pasado 150 activistas de cuatro estados –Florida, Georgia, Texas y Virginia– fundaron el Partido del Sur y publicaron un programa para la separación pacífica de los estados del Sur de EEUU. Planeaban postular a sus candidatos durante las elecciones de 2000 en al menos 16 estados, desde candidatos a congresistas hasta gobernadores y alcaldes.

Separatismo habitual
Esta es una lista incompleta de las iniciativas secesionistas en la sociedad estadounidense. Los estados tienen un alto grado de autonomía, cuentan con sus propios parlamentos, leyes, policía, modelo de permiso de conducir y matrículas de vehículos. Las elecciones de los gobernadores a veces son más reñidas que las presidenciales.

En este contexto el separatismo parece una parte orgánica de la democracia estadounidense. ¿Es algo que crea obstáculos para el gobierno central? Nadie discutirá que los movimientos separatistas en el mundo actual suelen ser un fenómeno problemático y a veces muy sangriento. Hay muchos ejemplos de ellos: la lucha de los kurdos en Irak y Turquía, la separación de Sudán del Sur y de Timor Oriental o el problema del Sáhara Occidental.

Pero el separatismo estadounidense es un caso aparte. Los separatistas en este país son, en su mayoría, ciudadanos pacíficos. Además, el “muy independiente” Texas no duda en recurrir a la Administración central cuando le azotan los desastres naturales. Tampoco Washington  “castigará” jamás a los habitantes del Estado “rebelde” dejándoles a solas con sus problemas.

Conforme la legislación vigente, si el presidente de EEUU declara un Estado “zona catastrófica”, éste obtiene ayudas del presupuesto federal de forma automática, una normativa muy usada en Texas, pues con frecuencia sufre a causa de huracanes y grandes incendios.

Es sólo un ejemplo de los beneficios que aporta el gobierno central a pesar de los argumentos de los partidarios de la secesión. Por lo tanto el separatismo en Estados Unidos es un “separatismo habitual” que existirá siempre en un país unido.

RIA Novosti