Barack ObamaEn los segundos mandatos, los presidentes de Estados Unidos en general ajustan su foco de interés hacia los asuntos internacionales para construir un legado de estadista internacional y se despegan del conflictivo Congreso, aunque en esta ocasión el Capitolio parece empeñado en no dar un respiro al presidente, con el techo de la deuda pendiente de aprobación; una ambiciosa legislación para el control de las armas que enfrentará una dura pelea; y una necesaria reforma migratoria que fue reclamada en las urnas con un 70% del voto latino a favor de Barack Obama.

El terrorismo sigue siendo la gran amenaza para la presidencia que jura Obama el domingo 20 a las 12 del mediodía. Prevenir que Irán consiga desarrollar armas nucleares es prioridad para la Casa Blanca, que ha dejado abierta la posibilidad de acciones militares si el régimen de los ayatolás no desiste en su intención de enriquecer uranio.

El presidente tendrá que tomar en los próximos meses una decisión acerca de Siria, un conflicto cada día más encarnizado y que ayer se cobró otras 125 víctimas que se añaden a las más de 60.000 desde que estalló la crisis en marzo de 2011. A pesar de que Obama ha establecido como línea roja el uso de armas químicas contra la población civil por parte del régimen de Bachar el Asad para intervenir en Siria, el mandatario deberá moverse en alguna dirección si esto no llega a suceder pero los cadáveres se siguen contando por decenas cada día.

El conflicto palestino-israelí no escapa a ningún mandatario norteamericano. Con elecciones en Israel el próximo martes 22, el primer ministro Benjamín Netanyahu parte como favorito y deja en su haber en la legislatura que ahora concluye un crecimiento récord en la construcción de asentamientos en los territorios palestinos. Obama y Netanyahu no han tenido la mejor de las relaciones en los pasados cuatro años, como se probó durante la pasada Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre, cuando el primir ministro israelí no fue convocado por la Casa Blanca para reunirse con Obama.

El Norte de África ha irrumpido con fuerza a días de la toma de posesión de Obama. La intervención francesa en Malí y el secuestro de ciudadanos internacionales –entre dos y cinco, según las fuentes- en Argelia por una célula de Al Qaeda en el Sahel es otro frente abierto para el Departamento de Estado que presidirá el senador John Kerry, la apuesta de Obama para sustituir a Hillary Clinton.

En primavera, las fuerzas afganas asumirán un papel de combate en su país mientras que el Ejército norteamericano se repliega a una función de apoyo, según informó las semana pasada el presidente en rueda de prensa conjunta con el presidente de Afganistán, Hamid Karzai. Tras el encuentro entre ambos mandatarios quedó sin despejar la duda de si EEUU mantendrá soldados en Afganistán tras la retirada total oficial establecida para finales de 2014.

El presidente sólo declaró que cualquier presencia militar estadounidense en aquel país debía ir ligada a que los soldados norteamericanos tuvieran inmunidad frente a la ley afgana. "En mi opinión, no sería posible tener ningún tipo de presencia de tropas sin garantías de que habrá inmunidad para nuestros hombres y mujeres".

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