Dilma Rouseffwww.fuerzasmilitares.org (05SEP2013).- El Gobierno de Brasil ha levantado la voz con fuerza contra las presuntas acciones de espionaje por parte de Estados Unidos contra la presidenta, Dilma Rousseff. El ministro de Asuntos Exteriores, Luiz Alberto Figueiredo, que el lunes a primera hora convocó al embajador estadounidense, Thomas Shannon, fue explícito: Brasil solo aceptará explicaciones 'por escrito' del presidente de EE UU, Barack Obama, y en el plazo 'de esta semana'.
Sorprende una defensa tan dura de la 'soberanía nacional', más contundente que la respuesta dada, por ejemplo, por otros países -incluso europeos, como Alemania o Italia- ante las mismas acciones de espionaje por parte de Estados Unidos.
Quizá Brasil quiera aprovechar el desagradable hecho de que su presidenta haya estado bajo el punto de mira de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés) para dejar claro a Washington -y al resto del mundo- que se ha acabado ese sentimiento de inferioridad, ese complejo de perros callejeros que, según el escritor y dramaturgo Nelson Rodrigues, siempre ha caracterizado la visión que los brasileños tienen de sí mismos frente al mundo.
O quizá sea el resultado concreto de que Brasil ya no se siente un satélite estadounidense en América Latina, sino una potencia económica y estratégica global que tiene cuentas que ajustar con la geopolítica.
Es, además, un país que a pesar de sus inmensas desigualdades sociales y de sus 14 millones de personas que viven en la extrema pobreza, cuenta con un capital precioso que no tienen otros países emergentes: una democracia consolidada, con una sociedad que goza de todas las libertades y defiende todos los derechos humanos.
El ministro Figueiredo dijo con claridad que la respuesta no puede venir del embajador de Estados Unidos en Brasil: 'El embajador ya ha sido informado de lo que Brasil le está exigiendo y tiene que ser el Gobierno quien dé una respuesta'.
Figueiredo dio a entender que el viaje oficial de Rousseff a Estados Unidos, programado para el próximo mes de octubre, queda en suspenso hasta saberse la respuesta de Washington.
'Vamos a conversar con nuestros colegas, tanto de países desarrollados como de los BRICS [Brasil, Rusia, China, India y Sudáfrica], para valorar cómo se defienden de este tipo de situación', afirmó el canciller. Por su parte, el ministro de Justicia, José Eduardo Cardozo, calificó de 'violación de la soberanía nacional' las supuestas acciones de espionaje de la NSA y advirtió que, de confirmarse las denuncias destapadas por el programa Fantástico de la cadena Globo, el Gobierno brasileño 'acudirá a los organismos internacionales'.
La presidenta Rousseff ha preferido que por ahora hablen sus ministros, pero según ha afirmado la prensa local, en la reunión de emergencia que tuvo el lunes con media docena de ministros, prefirió apartarse de la idea de que se haya tratado de un espionaje 'político', relativo a las relaciones de Brasil con el llamado eje bolivariano, con Venezuela a la cabeza.
Rousseff prefiere pensar que se ha tratado de una acción de espionaje que tendría por objetivo la subasta que Brasil debe hacer de los grandes yacimientos de petróleo de la plataforma continental brasileña. Todas las petroleras norteamericanas ya han anunciado que desean participar en un negocio calculado en 15.000 millones de dólares (11.400 millones de euros).
El que el Gobierno brasileño haya querido exigir 'por escrito' una respuesta satisfactoria por parte de Washington se debe al hecho de que, en julio, cuando los documentos sacados a la luz por Edward Snowden revelaron que Brasil había sido el segundo país del mundo más espiado por la NSA, las explicaciones que el Gobierno americano ofreció a Brasil fueron solamente verbales.
Estados Unidos afirmó entonces a Rousseff que el tipo de espionaje utilizado podía servir también para el Gobierno de Brasil, que acabó sintiéndose 'engañado' por Washington.
El Gobierno va a aprovechar el caso del posible espionaje para tomar una serie de medidas como, por ejemplo, negar la renovación de sus permisos a las empresas (como bancos o empresas telefónicas) que colaboren en las acciones de espionaje, según ha explicado el ministro de Comunicaciones, Paulo Bernardo.
En la nueva reglamentación sobre Internet que prepara el Gobierno de Brasil figurará también la obligación de las páginas web extranjeras de almacenar los datos sobre brasileños en Brasil por tiempo limitado. Además, el Ejecutivo estudia ofrecer gratuitamente a los brasileños un servicio de correo electrónico cifrado a través de la empresa pública de Correos.
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