Las efigies imaginarias del gran líder caen desde el pedestal de la degradación. Hugo Chávez ya no es quien dicta las normas políticas de la nación. Venezuela ha encontrado un camino de paz e integración que encarna un liderazgo joven sin grietas del pasado. Henrique Capriles Radonski, demuestra que en su alma de luchador consecuente no existe cabida para el odio. Que ha llegado el tiempo de ofrecer una alternativa que está sustentada en una visión integral de la sociedad, en donde todos los actores tengan la posibilidad de avanzar bajo los parámetros de una auténtica democracia. 

Las cosas han cambiado dramáticamente. Un hombre que desde las profundidades de un costoso hospital de La Habana, mira como su protagonismo va languideciendo mientras avanzan las horas y reina la desolación. No es sólo un cáncer que mina su existencia y lo coloca en el desiderátum de su existencia. Es el recuento de trece años de fracasos y corruptelas lo que hace que el postoperatorio no sea exclusivamente un encuentro con los medicamentos. Su descomunal fracaso, el robo descarado de nuestras divisas, y él ser el financista oficial de cuanto pillo actúen en contra de la civilidad, debe ser un taladro en la sien del magnate de Miraflores. Su luz política se apaga mientras Henrique Capriles Radonski penetra la Venezuela profunda con su mensaje renovador y de cambio social. Las puertas humildes se abren para recibirlo con la vitalidad juvenil de un gerente exitoso. Las muchedumbres se arremolinan a su paso, existe un entusiasmo increíble con su candidatura.

 

Son los sectores olvidados por esta maquinaria de mentira que se multiplican en la búsqueda de nuevas adhesiones para el abanderado democrático. Ya los burdos chantajes no tienen el efecto deseado. Los venezolanos han roto con el pasado y quieren un líder que los conduzca en paz. Tanto han cambiado las cosas que quien anda de la mano con el pueblo y sus dolores es Henrique Capriles, se abraza con sus necesidades y los entiende. Camina kilómetros dibujando un país que merece un destino mejor. En cambio, Chávez gobierna desde el capitalista Twitter, cree que todo lo puede resolver en ciento cuarenta caracteres. Adora los recursos tecnológicos norteamericanos para esconderse tras las alas del inquieto pajarito azul. Es simpático ver como mucho chavista humilde borró los símbolos revolucionarios que aparecen en los teléfonos llamados vergatarios. Ahora sus tonos de llamada y mensaje son las canciones de la campaña de Capriles. 

Ya Venezuela encontró su camino. No hay tiempo para pensar en retroceder a las fauces del tirano. Un líder joven y sano, con una envidiable formación política y académica muestra la senda hermosa que atravesarán las nuevas generaciones. 

Extraviado y sin luces se muestra el chavismo. Cada día que pasa su horizonte se presenta con mayores nubarrones, estruendosos relámpagos que apenas encandilan a los pocos fieles de la iglesia revolucionaria del último tiempo. Les queda cruzar el desierto. Llenarse de valor y aceptar que ahora son minoría. Sentir que el gran ídolo de barro rueda impúdicamente por el cenagoso abismo, en donde no existe retorno posible para escalar la cúspide. Debe ser un golpe dolorosísimo para quienes sentían que servían al mitológico Thor. Su héroe intergaláctico perdió la fuerza de origen y terminó siendo uno más. 

Larga vida para el paciente oncológico. Queremos que vea con sus propios ojos la transformación social que hará Henrique Capriles desde el poder. Que viva para que pague el daño que ha causado a los venezolanos. 

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