Ángela Merkel y Barack Obamawww.fuerzasmilitares.org (14JUL2014).- Así parece la situación que enfrenta a Alemania y Estados Unidos. En efecto, esta semana Berlín abrió dos investigaciones a presuntos infiltrados que pasaron información confidencial a Washington y expulsó al jefe de los servicios secretos de la embajada estadounidense. Mientras la canciller Angela Merkel se muestra prudente y la Casa Blanca promete cooperar, la relación entre ambos países permanece en entredicho.

El asunto no es nuevo: el agente fugitivo norteamericano Edward Snowden ya había revelado que en octubre de 2013 la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA) intervino el teléfono móvil de la señora Merkel. Barack Obama, por su parte, prometió entonces que mientras él fuera presidente de Estados Unidos esto no iba a repetirse. Recibidas las disculpas, Merkel pidió incluir a su país en el pacto antiespionaje que tiene Estados Unidos con sus principales aliados, lo que nunca se materializó. 

Un funcionario diplomático explicó a un medio norteamericano que, a pesar de su cercanía, los intereses de Berlín divergen de los de Washington en muchos temas, por ejemplo, el de Rusia. Estados Unidos promueve sanciones por el asunto de Ucrania. Pero Alemania depende de los rusos para su suministro de gas, y como motor de la Unión Europea tiene menos margen de acción. Lo que haga el gobierno alemán podría afectar directamente a los estadounidenses, lo que explicaría la necesidad de estos de seguir discretamente los pasos de su aliado.

Sin embargo, ningún incidente se repitió. Al parecer, Obama estaba cumpliendo su promesa. Pero cuando todo parecía olvidado el conflicto revivió el 4 de julio, las autoridades detuvieron a un agente del Servicio Federal de Inteligencia Alemán (BND), acusado de vender documentos confidenciales a Estados Unidos. 

Y sin que este se resolviera, surgió otro problema el miércoles de esta semana cuando fue registrada la oficina de un militar alemán acusado de trabajar como espía de Washington. Para añadir más sombras al asunto, las fuentes consultadas por los medios alemanes no dudaron en advertir que este caso era aún más serio que el primero. 

Las consecuencias no se hicieron esperar: Al día siguiente Berlín expulsó al jefe de la oficina de la CIA en la Embajada estadounidense y Merkel, prudente hasta entonces, se pronunció al respecto. La canciller indicó que el espionaje entre aliados es “una pérdida de energía”, añadiendo que tienen “muchos problemas, deberíamos centrarnos en las cosas importantes”. Lo cierto es que de confirmadas las acusaciones, se trataría de uno de los mayores escándalos de espionaje en los últimos años. 

Cabe explicar que los alemanes son particularmente sensibles a este tema, teniendo en cuenta el antecedente histórico de Alemania Oriental y la Stasi, policía secreta del régimen comunista. Varios medios hacen énfasis en el valor casi sagrado que tiene la democracia en Alemania, lo cual explicaría la indignación creciente de la opinión pública.

Ante esto, surge inevitablemente la pregunta de si las relaciones entre Alemania y Estados Unidos pueden verse perjudicadas. Según dijo a SEMANA el internacionalista de la Universidad del Rosario Mauricio Jaramillo Jassir, es complicado que esto suceda: “Esas son relaciones robustas y tanto Alemania como Estados Unidos se necesitan mutuamente”, indicó Jaramillo, quien además señaló temas geopolíticos de colaboración comunes como el de Ucrania, el de Medio Oriente y el de Irán en lo referente al enriquecimiento de uranio. Sin embargo, desde el diario alemán Frankfurter Allgemeine se insiste que estos casos de posible espionaje pueden suponer una carga más a unas relaciones ya empañadas. 

Mientras tanto, en los medios alemanes la palabra “confianza” se repite constantemente y se pone en signos de interrogación. La misma Merkel declaró que “más confianza significa, en mi opinión, más seguridad”. Surge por otro lado la cuestión de qué tanto controla Obama las actividades de sus servicios secretos. Los fantasmas del espionaje acechan cada vez más a dos aliados que, sin embargo, no dejan de mirarse con recelo.

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