Palacio de la Moneda, Chilewww.fuerzasmilitares.org (18OCT2014).- Desde el 2005, grupos anarquistas han detonado artefactos explosivos en zonas no pobladas dentro de Chile durante las madrugadas en al menos 198 ocasiones, según el periódico español El País. Debido a la hora y la ausencia de población civil durante dichos ataques, no se registraron víctimas fatales. Sin embargo, los recientes atentados que tuvieron lugar en julio y septiembre de 2014 se desviaron del patrón original, ya que ocurrieron en la estación del Metro de Santiago, un sistema de transporte público que utilizan aproximadamente 2.500.000 personas por día. Y aunque los ataques en el Metro no tuvieron como resultado víctimas fatales, dejaron en claro que células extremistas de grupos anarquistas están dispuestas y son capaces de perpetrar ataques terroristas a gran escala con el objetivo de provocar múltiples víctimas fatales a cualquier hora del día.

Los atentados del 2014

El 13 de julio de 2014, el último tren del metro de la noche se detuvo en la parada Los Dominicos en la Estación de Metro Santiago. Por protocolo, un empleado del metro comenzó a inspeccionar los vagones uno por uno para asegurarse de que todos estuvieran vacíos, momento en el cual encontró una mochila debajo de un asiento en el primer vagón. En el interior de la mochila había un extintor lleno de pólvora y un reloj unido al artefacto con cables. El incidente se reportó de inmediato a la seguridad del metro y a la policía. En respuesta a la amenaza, se evacuó la plataforma de metro y al poco tiempo, el dispositivo explotó antes de que las autoridades pudiesen mirarlo. Información difundida por la agencia de noticias chilena Emol indicó que no se registraron heridos a raíz de este atentado. Sin embargo, fue la primera instancia en la cual presuntos anarquistas se atrevieron a detonar un artefacto explosivo en un lugar público con ciudadanos presentes.

El 8 de septiembre de 2014, grupos de personas acudían a almorzar en un restaurante de comida rápida ubicado próximo a la estación de metro Escuela Militar en la comuna de Las Condes en Santiago, Chile. A las 14:05 se produjo la explosión de un extintor de fuego lleno de pólvora, dejando 14 heridos. Tras este atentado, el periódico peruano El Comercio informó que al menos dos de las víctimas sufrieron amputación de sus extremidades, pero al igual que en el primer atentado, no se registraron víctimas fatales. Horas después del incidente ocurrido en septiembre, la Conspiración de las Células de Fuego (CCF) emitió un comunicado en línea adjudicándose la responsabilidad por ambos atentados en el metro. Luego culparon a las autoridades por las lesiones provocadas a los civiles, manifestando que su objetivo no era la población civil, sino las “estructuras, propiedades y esbirros del poder”.

Con la realización de ambos atentados en el metro del país, la CCF no solamente socavó a los grupos anarquistas legítimos dedicados a crear cambios sociales duraderos, sino que también resaltó su potencial de realizar posibles atentados terroristas a gran escala. Pero la interrogante continúa siendo, ¿cómo logró un grupo pequeño coordinar un posible atentado terrorista con múltiples víctimas fatales y quién pudo haberlo ayudado?

Del anarquismo al anarquismo extremo

El anarquismo en Chile ha sido utilizado durante décadas para luchar contra las injusticias del capitalismo, pero hasta el 2014, nunca había sido utilizado para atacar a civiles inocentes. Al contrario, los grupos anarquistas chilenos son conocidos por utilizar la incursión política para engendrar reformas políticas, fiscales y educativas. Hoy en día, estos grupos continúan luchando por las reformas pero las diferentes visiones sobre cómo alcanzar objetivos finales han tenido como resultado la separación de grupos; algunos de los cuales ahora tienen vínculos internacionales con grupos extremistas violentos europeos. Se estima que estos mismos grupos europeos guían y apoyan a células extremistas en Chile.

Este sería el caso de la CCF. Este grupo es originario de Grecia, pero tal como lo evidencian los ataques en el metro de Santiago, la CCF tiene al menos una célula en Chile integrada por chilenos. También parece que la célula chilena puede haber seguido indicaciones establecidas por la CCF en Grecia de utilizar objetos cotidianos para crear artefactos explosivos. Esta idea queda en evidencia por el hecho de que tanto en el atentado de julio como en el de septiembre se utilizaron extintores de fuego llenos de pólvora.

La afiliación de la CCF en Chile es preocupante, porque según las autoridades griegas y según información difundida por el sitio web de noticias The Perfect Storm, la estructura horizontal y flexible de la CCF integrada por células individuales hace que sea difícil combatirla. También es preocupante el hecho de que algunos expertos en seguridad han descrito a este grupo como una serpiente mitológica en el sentido de que una vez que se corta una de sus cabezas, surge otra. Si este fuera el caso y si existen más células de la CCF operando en Chile, es necesario erradicar a los integrantes restantes para evitar futuros atentados.

El Paístambién publicó información indicando que anarquistas extremistas radicados en Chile tendrían vínculos con grupos terroristas en España. El año pasado, dos anarquistas chilenos que fueron sometidos a juicio y absueltos en conexión con los atentados en Santiago fueron luego detenidos en España, donde fueron acusados de colocar una bomba en una iglesia en Zaragoza. Además, al menos nueve terroristas españoles visitaron Chile para apoyar directamente atentados explosivos de pequeña escala en los últimos años. Por estos motivos y por muchos otros, los vínculos de chilenos con violentos grupos extremistas internacionales son una preocupación, ya que pueden servir como influencia para atentados de más alto perfil.

Los anarquistas extremistas chilenos responsables de los atentados terroristas en el metro de Santiago dejaron en claro que están dispuestos y que son capaces de atacar recintos densamente poblados a plena luz del día. Posibles futuros ataques también son una preocupación, pero el gobierno de Chile está determinado a frustrar todos los intentos y a juzgar a los infractores mediante la sanción de una ley antiterrorista utilizada por primera vez durante la época de Pinochet. Dicha ley permite la utlilización por parte de la fiscalía de testimonios de testigos anónimos y un importante aumento de las condenas. Al aplicarla, el gobierno chileno seguramente espera desmantelar pequeñas células extremistas con probables vínculos internacionales, y al mismo tiempo restablecer la paz y la tranquilidad en las calles de Santiago.

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