El rumor comienza a tomar cuerpo. El constructor aeronáutico estadounidense Hawker Beechcraft estaría pronto a declararse en Capítulo 11, es decir, en quiebra, lo que traería problemas a los miles de usuarios de sus reconocidos aviones.

La empresa se dedica básicamente a la construcción de aeronaves pequeñas para la aviación utilitaria y ejecutiva, además de entrenadores militares.

En la región existen muchísimos de aviones Beechcraft en manos civiles, a los que hay que agregar los operadores militares, como el Comando de Aviación Naval argentino y sus B-200T, los antiguos Beech 99 de la Fach, los variados modelos de la Fuerza Aérea de Bolivia (Be-90, Be-58, Be-200, Be-1900) o la media docena Beech King Air del Ejército de Colombia, entre varios otros.

Pero el coletazo más importante, cuándo menos a nivel regional, podría no venir de la mano de la quiebra misma y eventuales fallas en el soporte logístico, sino todo lo contrario, producto de las presiones para evitar la quiebra, afectando a la principal empresa aeronáutica de la región, Embraer.

El efecto caiprinha

El 31 de diciembre de 2011, la USAF dio por ganador del concurso LAS (Light Attack Suport) al AT-29 Super Tucano, avión de la empresa brasileña Embraer, asociada con la norteamericana Sierra Nevada. Los veinte aviones serían destinados a las operaciones COIN en Afganistán. Sin embargo, a las pocas semanas se anunció la nulidad del concurso aduciendo fallas en la documentación entregada por los brasileros.

Tras las airadas protestas desde ese país, con el palacio de Itamaray incluido, y tras la visita a principios de marzo del subsecretario de Estado norteamericano William Burns a la nación sudamericana, Estados Unidos aceptó hacer una nueva licitación, aunque nada garantiza que sea ganada nuevamente por el Super Tucano.

El contrato es por la no despreciable suma de US$ 355 millones de dólares por una veintena de plataformas como las que ya operan en Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Burkina Faso y República Dominicana, además de pedidos y negociaciones para cinco servicios aéreos más.

Esta decisión tuvo un beneficiario directo: Hawker Beechcraft. Esto no era nuevo, el programa JPATS por un entrenador para la Fuerza Aérea de Estados Unidos (USAF) y la Armada de ese país (U.S. Navy)  también fue ganado por el AT-29 e impugnado por Hawker Beecraft, que finalmente surtió los más de 400 entrenadores turbohélice que requerían las FFAA de Estados Unidos, mediante la entrega de su modelo AT-6 Texan II.

Entre las especulaciones que se han hecho de este nuevo revés, están las relacionadas con las derivadas políticas, considerando el fuerte lobby de Hawker Beechcraft relacionado con la posible pérdida de trabajos en un año de elecciones. En este debate incluso han participado congresistas defendiendo la opción de la empresa estadounidense.

Ahora se suma que ganar el concurso LAS podría ser un pequeño salvavidas para la empresa norteamericana, que tal vez no evite caer en capítulo 11, pero si dilatarlo o hacerlo en mejor pie, después de todo, son US$355 millones en disputa.

Raúl Rios Cavada, Corresponsal en Chile