Nicaragua anunció que pretende adquirir cazas rusos Mig-29
Nicaragua anunció que pretende adquirir cazas rusos Mig-29

www.fuerzasmilitares.org (04MAR2015).- En un negocio justificado en la penetración de la delincuencia organizada transnacional, Centroamérica ha vuelto a convertirse en cliente de la industria armamentista mundial y receptora de millonarias donaciones militares. Brasil, Rusia, Estados Unidos, Taiwán, República Checa, Holanda y Chile suministran aviones de combate, helicópteros, lanchas, vehículos militares, armas, repuestos y otros pertrechos bélicos a una de las zonas que arrastra la llaga de estar entre las más violentas del mundo y de mostrar escenarios de profunda desigualdad social.

El tema se ha agitado luego de que Nicaragua anunció que, en su estrategia de combate al narcotráfico y de protección de sus fronteras aéreas y marítimas, comprará aviones MiG-29 a Rusia, aunque los otros países, como El Salvador, Honduras y Guatemala, que integran el Triángulo Norte de Centroamérica, están en la misma renovada carrera armamentista.

Tras aclarar que sería una adquisición “defensiva” y negar que sean aviones de ataque y una amenaza a naciones vecinas, el general de brigada Adolfo Zepeda, inspector del Ejército de Nicaragua, confirmó el 10 de febrero que su país gestiona la compra de las aeronaves caza interceptoras rusas—cada una valorada en $29 millones —para atacar las operaciones aéreas del narcotráfico internacional.

Las explicaciones de Zepeda “no son convincentes”, porque los aviones “son demasiado caros y además innecesarios para Nicaragua”, replicó el diario La Prensa de Managua, en un editorial 10 días después.

Rusia, que en los últimos años reactivó con intensidad su presencia castrense en América Latina y el Caribe y que tiene en Managua a uno de sus principales socios regionales, suministró dos helicópteros Mi-171 a Nicaragua en el 2009. Moscú ha entregado una ayuda militar por más de $26.5 millones al Ejército de Nicaragua desde el 2009. En el 2012, Nicaragua anunció la compra a Rusia de armas, uniformes y una cantidad no precisada de vehículos militares blindados—llamados “Tigr”—para la policía nicaragüense.

Cifras del Instituto Internacional de Estudios para la Paz (Sipri), con sede en Suecia y catalogado como el más certero centro mundial de monitoreo de presupuestos castrenses, mostraron que el gasto militar conjunto de Nicaragua, Honduras, El Salvador y Guatemala aumentó de $711.6 millones en el 2003 a $802.3 millones en el 2013.

Estados Unidos, que mantiene desde 1983 en Honduras una base castrense desde la que dirige sus operaciones en el istmo, entregó más de $247.7 millones en ayuda militar y policial a Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y Costa Rica del 2007 al 2012, según la Oficina de Washington sobre América Latina (WOLA), organización independiente de la capital norteamericana.

En una región en la que la tasa de homicidios ha llegado en algunas etapas a 44 por cada 100,000 habitantes, para convertirse en la más alta del mundo (11 veces superior que el promedio internacional), el gasto en seguridad (policial y militar y rubros afines) de Centroamérica alcanzó $4,000 millones en el 2010. Costa Rica abolió su ejército en 1948 y Panamá en 1992 y ambos países disponen de policías civiles para su seguridad interna, pero también destinan millonarios recursos en su seguridad.

Armas versus pobreza

El anuncio de Managua encendió, de inmediato, las alarmas en Honduras, que por décadas ha ostentado la supremacía militar aérea en Centroamérica, y en Costa Rica, con un litigio territorial con Nicaragua que dirime en la Corte Internacional de Justicia, en La Haya. Como vecinas de Nicaragua, ambas naciones aclararon que el gobierno del presidente nicaragüense Daniel Ortega es libre y soberano de decidir cómo gasta sus recursos.

Costa Rica, que confía su protección en una policía civil y mantiene tensos nexos con Ortega, admitió que el caso de los MiG-29 le incomoda y que lo planteará ante el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), máxima instancia política regional, porque las prioridades del istmo son el desarme y el combate a la pobreza. En una reunión en Washington el 21 de febrero, el canciller costarricense Manuel González expuso al secretario de Estado John Kerry la inquietud de Costa Rica por la decisión nicaragüense sobre los MiG-29.

Consultada por el Nuevo Herald, la costarricense Lina Barrantes, directora de la Fundación Arias para la Paz y el Progreso Humano, una organización no estatal de San José, dijo que “la compra desmedida de armamento que se está dando en Centroamérica es el reflejo del fracaso de la eliminación de la pobreza”.

“La falta de oportunidades en Centroamérica sigue siendo el principal problema que afecta el desarrollo regional. Lamentamos profundamente que gobiernos que han llegado al poder con el discurso de cambiar las condiciones de pobreza, hoy dediquen los escasos recursos de sus presupuestos en comparar instrumentos que les permitan reprimir a sus pueblos”, subrayó.

Viejas pugnas

El control aéreo militar de Centroamérica siempre ha estado en disputa. En la década de 1980, en el marco de las guerras en el istmo entre guerrillas izquierdistas respaldadas por Cuba y la entonces Unión Soviética y ejércitos apoyados por Estados Unidos, en la pugna comunismo versus comunismo, Moscú entregó 60 helicópteros Mi-8, Mi-17, Mi-24 y Mi-25 a Managua, pero bajo la amenaza de Washington de que se abstuviera de enviar aviones de combate.

En la segunda mitad del siglo XX, y con apoyo de la Casa Blanca, la Fuerza Aérea Hondureña se convirtió en el símbolo principal del poder castrense y obtuvo la supremacía aérea regional. Los hondureños recibieron seis aviones Embraer T-27 Tucano, de Brasil, y 12 aviones supersónicos F-5, de Estados Unidos, entre otros.

El actual rearme, sin embargo, tampoco es exclusivo de Nicaragua. Las compras militares responden a lo que las fuerzas armadas llaman repotenciación de sus capacidades frente a las nuevas amenazas, como el narcotráfico y otras modalidades criminales, mientras persisten el recelo entre las fuerzas armadas del istmo: si un país hace una adquisición, su vecino reacciona con temor y también sale de compras.

Entre algunos hechos destacados, sobresalen los siguientes:

Guatemala

Guatemala suspendió a finales del 2013 la compra de seis Súper Tucano, de reconocimiento y combate, que había comprado a Brasil en $133 millones y que formalizó en abril de ese año. En octubre del 2013, Estados Unidos donó a Guatemala seis helicópteros Súper Huey, con un valor de $40 millones, para tareas contra el narcotráfico.

El vocero del Ejército de Guatemala, coronel Hugo Rodríguez, explicó a El Nuevo Herald que como la compra de los Súper Tucano se canceló, y se carece de presupuesto para adquirir ese tipo de naves, “ahora estamos repotenciando” 12 helicópteros donados en 2014 por Taiwán y tres UH—H1 que desde hace muchos años son parte de la flota militar.

Honduras

Las Fuerzas Armadas de Honduras compraron dos aviones Let-410 a la República Checa. La primera de esas dos naves bimotores de transporte táctico y fabricadas por la empresa checa Let Kunovice, llegó en febrero y la segunda entre octubre y diciembre próximos, pero el valor “lo desconozco”, dijo el coronel José Antonio Sánchez, vocero de las Fuerzas Armadas, consultado por el Nuevo Herald. Una donación de Taiwán de cuatro helicópteros estadounidenses UH-H1, arribó el 15 de febrero en barco a suelo hondureño. Las aeronaves están siendo ensambladas para que entren en operaciones este mes.

Honduras continúa las negociaciones que inició en el 2014 con Brasil para que la empresa brasileña Embraer repare, a un costo de $9.5 millones que incluyen adiestramiento a personal y repuestos, seis T-27 Tucano. El presidente de Honduras, Juan Orlando Hernández, firmó en julio pasado un acuerdo con Embraer para “repotenciar” esas aeronaves.

Sánchez explicó que una compra de entre $10 millones y $15 millones de al menos dos aviones de combate Súper Tucano a Embraer está “en planeamiento, dentro del plan estratégico” y pendiente de “las posibilidades de pago” de Honduras que pueda otorgarse en un crédito que conceda Brasil.

En febrero del 2014, Honduras recibió una donación de Estados Unidos de seis helicópteros para combatir al narcotráfico. En octubre del 2012, Honduras compró dos corbetas a Holanda, con un préstamo de $62 millones, y que, según el portavoz, “se encargan del escudo marítimo en el Caribe”.

El Salvador

En una maniobra que incomodó a Honduras, El Salvador acordó en octubre del 2013 pagar $8.5 millones a Chile por 10 aviones A-37 Dragonfly, fabricados en Estados Unidos y que el ejército chileno estaba en proceso de desechar porque fueron construidos hace más de 50 años.

Las naves, que llegaron a mediados del 2014 a San Salvador, son una adquisición por la que Tegucigalpa protestó y describió a finales del 2013 como “movimientos armamentistas” en los que estaba “la posibilidad de querer crear un escenario bélico e hipotético” en el Golfo de Fonseca, en el Océano Pacífico. Con una soberanía compartida por Nicaragua, El Salvador y Honduras, el golfo es foco de conflictos y San Salvador y Tegucigalpa se disputan una isla, ocupada por tropas hondureñas. En septiembre del 2012, El Salvador recibió tres helicópteros de Estados Unidos valorados en $9 millones.

Panorama incierto

El guatemalteco Sandino Asturias, coordinador del Centro de Estudios de Guatemala, aseguró a el Nuevo Herald que la política de militarizar el combate al narcotráfico fracasó y debe revisarse. “No hay que poner énfasis en lo militar. Los soldados se reponen y no se debilita la estructura criminal. No debemos seguir ese mal ejemplo”, recalcó.

El escenario general, a juicio de Barrantes, de la Fundación Arias, es que en Centroamérica se está “volviendo” a generar un desbalance de fuerzas militares “que solo nos conducirá a un recrudecimiento de esta carrera armamentista”.

elnuevoherald.com