La marabina Jasna Vellovic de Pittman ha estado involucrada como investigadora científica para la NASA, directamente y a través de varias instituciones de investigación, desde el 2001. Es Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Harvard y nos cuenta su historia.
La marabina Jasna Vellovic de Pittman ha estado involucrada como investigadora científica para la NASA, directamente y a través de varias instituciones de investigación, desde el 2001. Es Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Harvard y nos cuenta su historia.

www.fuerzasmilitares.org (20ABR2016).- La marabina Jasna Vellovic de Pittman ha estado involucrada como investigadora científica para la NASA, directamente y a través de varias instituciones de investigación, desde el 2001. Es Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera de la Universidad de Harvard y nos cuenta su historia.

Luis Aguirre

Jasna Vellovic de Pittman es maracucha y ha trabajado para la NASA como investigadora científica. Desde sus días de colegio en el Mater Salvatoris (Maracaibo) sabía que lo suyo era la ciencia y el universo. Comenzó sus estudios de química en la Universidad Simón Bolívar y al año tuvo la oportunidad de seguir la carerra en la Universidad de Tennessee (1998), además realizó la maestría en la Universidad de Harvard (2001) y en el 2005 obtuvo el Ph.D. en Ciencias de la Atmósfera en la Universidad de Harvard. Ha trabajado con los profesores Jim Anderson y Steven Wofsy en el Departamento de Ciencias Planetarias y de la Tierra y en la Facultad de Ingeniería y Ciencias Aplicadas en la Universidad de Harvard.

Ella, desde su residencia actual en Seattle, EE UU, señala que el entusiasmo y gran interés por la ciencia de la Hermana Vecino en el colegio fueron de gran inspiración. “Recuerdo la primera vez que nos habló del gran físico teórico inglés Stephen Hawking, durante nuestra clase de física en noveno grado. Nos comentó de un libro que él escribió sobre agujeros negros llamado La historia del tiempo. Ese mismo día le pedí a mi mamá para que me llevara a comprarlo y esa misma noche empecé a leerlo. Casi 10 años más tarde, tuve el privilegio de asistir a una charla que este genio de la física y matemática dio en la Universidad de Harvard. Una experiencia verdaderamente inolvidable. Hubiese sido genial que la Hermana Vecino también estuviera allí conmigo, disfrutando al máximo la oportunidad de escucharlo en persona”.

-Siempre soñó trabajar en la NASA...

-La NASA siempre fue algo fascinante para mí. Una organización que abre las puertas a la imaginación, a la curiosidad para explorar lo que nos rodea tanto cerca como muy lejos. Desde mis primeras clases de química y física en el colegio, yo he estado cautivada por la naturaleza, por aprender más del por qué y cómo funciona nuestro entorno. Con mucho estudio, dedicación, paciencia y esfuerzo, habilidades que fueron cultivadas en mí gracias a mi familia, y con el apoyo y el estímulo de muchas personas que creyeron en mí - sobre todo mi familia y mis asesores en la universidades, he logrado y continúo cruzando un sendero profesional lleno de retos, aprendizaje diarios, oportunidades emocionantes y hasta inesperadas. Mi primera experiencia con la NASA fue durante mi estudios de Masters y Ph.D. en la universidad de Harvard. Mi asesor de tesis tenía ya varios proyectos con la NASA. Yo tuve la oportunidad de participar en uno de esos proyectos en el que se empleó un avión especial que es capaz de volar muy alto (12 - 18 km o 45.000 - 65.000 pies) y hacer mediciones de la composición química de la atmósfera a esas alturas. Durante mi doctorado y mi post-doctorado, tuve el honor de recibir dos becas de la NASA y de trabajar en unos de los centros de investigación en el país. Desde entonces hasta hoy en día, he trabajado en varios proyectos de investigación financiados por ellos.

-¿Qué se necesita para trabajar en la NASA?

-Cuando pequeña, siempre relacioné la NASA con tecnología aeronáutica y con el estudio del espacio, de planetas, estrellas, galaxias. Cuando empecé a cursar mis estudios de postgrado, descubrí que la NASA está involucrada en mucho más de lo que pensaba. Por ejemplo, en el presupuesto del año pasado, 35% de los fondos en la división de ciencia en la NASA fueron asignados a estudios de ciencias de la Tierra, unos 1.8 billones de dólares. Mis estudios universitarios estuvieron centrados en la química pura, matemática y ciencias atmosféricas. A través de varios proyectos de investigación, he aprendido y desarrollado otros campos de educación como por ejemplo computación, programación, ingeniera eléctrica y mecánica, diseño gráfico y comunicación social. Tener base en las ciencias naturales ayuda mucho, pero no es la única forma de que uno esté involucrado con la NASA. A través de mis proyectos, he conocido a mucha gente con una gran diversidad de carreras, todas útiles, únicas e importantes.

-La miran con extrañeza cuando dice a lo que se dedica.

-Buena pregunta… Sí, la gente se extraña a lo que me dedico, sobre todo porque no han oído mucho sobre el campo de investigación en las ciencias atmosféricas. Aún en los Estados Unidos, donde la conciencia sobre el cambio del clima en la Tierra no es un tema ajeno, el grupo de científicos al que pertenezco es relativamente pequeño y el tipo de investigación a la que nos dedicamos no es tradicional y conocida en línea general. Yo he tenido la oportunidad de participar en varias campañas científicas donde hemos usado aviones de la NASA y de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), y en cada campaña tratamos de divulgar nuestro trabajo visitando escuelas locales y hablando con estudiantes de todas las edades.

-Con una tesis: "Transporte en el Bajo Tropical y Subtropical estratósfera”. Puede explicar de qué se trata su trabajo...

Mi tesis de Ph.D. consistió en una combinación de trabajo de laboratorio, de campo, y de análisis de datos. Yo trabajé con el instrumento de la universidad de Harvard que mide concentraciones de vapor de agua en la estratósfera usando la técnica de fluorescencia. Esta técnica tiene la exactitud y precisión para detectar los niveles muy bajos en la estratósfera, los cuales oscilan por lo general entre dos y ocho moléculas de agua en cada millón de moléculas de aire, dependiendo de la ubicación en el planeta y temporada del año. Nuestro instrumento fue uno de 29 instrumentos instalados en el avión de la NASA, el WB-57F, como parte de un proyecto interesado en estudiar la composición química y física de la región de transición entre la tropósfera y la estratósfera en los subtropicos. Mi análisis consistió en hacer uso de las mediciones del vapor de agua y otros compuestos químicos como por ejemplo gases de efecto invernadero para identificar el movimiento del aire (origen y destino) en esta región de transición de la atmósfera. Unas de las motivaciones de mi análisis es proveer información experimental para evaluar la representación de procesos físicos y químicos en modelos de clima global que usamos para pronosticar climas futuros.

-Usted tiene experiencia trabajando en el Centro Nacional de Investigación Atmosférica en Boulder. ¿Qué hacemos mal con la atmósfera?

-En mi opinión, creo que lo peor que hacemos con la atmósfera es ignorarla. Las civilizaciones que han surgido en los últimos 200 años como consecuencia de la revolución industrial han estado enfocadas en el avance tecnológico, a cualquier costo. En los últimos 30 años empezamos a unir esfuerzos mundiales para solucionar problemas como la destrucción de la capa de ozono en la estratósfera, por ejemplo. Desde entonces han habido acuerdos mundiales para combatir el crecimiento contínuo de la concentración de gases de efecto invernadero a nivel corporativo y nacional. Pero no ha sido sino en los últimos 10 años aproximadamente que empezamos a generar sociedades más activas, involucradas y concientes de cómo cada uno de nosotros a nivel individual contribuye al cambio del clima. Todas las comunidades están conectadas a través del aire, del agua, del suelo, ya que el medio ambiente es global. Todo lo que hacemos (o dejamos de hacer) afecta a nuestros vecinos, y viceversa.

-En Venezuela estamos pasándola muy mal con la sequía consecuencia del fenómeno El Niño. ¿Qué solución puede aportar desde lo académico?

-Las sequías en unos lugares y las inundaciones en otros lugares son extremos de clima que estamos viviendo a nivel mundial con mas frecuencia y que afectan a un número creciente de personas. Los fenómeno de El Niño y La Niña son tópicos de investigación intensos no sólo en cuanto a los mecanismos que inician estos estados específicos entre la atmósfera y los océanos, sino también en cuanto a sus repercusiones a nivel regional y global. El impacto negativo de estos fenómenos en nuestra sociedades añade otra dimensión de complejidad y variabilidad que también se está estudiando, ya que es más tangible a corto plazo.

-¿Cómo se puede reeducar al ciudadano sobre el planeta?

-Creo que lo mejor que podemos hacer cada uno de nosotros como ciudadanos, sin importar en que país vivimos, es ser responsable y estar conciente de la huella que dejamos en el medio ambiente, sobre todo en cuanto a nuestro uso de energía diario. Disponibilidad de energía para la población global es uno de los retos más grandes de nuestro tiempo. Las buenas noticias es que todos podemos contribuir a la solución a nivel individual. Cómo? Por ejemplo, conservando energía en nuestros hogares, en las escuelas, en nuestros lugares de trabajo, diversificando nuestras fuentes de energía, reduciendo nuestra producción de desechos, entre otros. El problema de energía mundial requiere creatividad, diversificación y compromiso en todos los niveles.

-Usted también ha dado clases en la universidad, ¿hay cultura y conciencia sobre el medio ambiente?

-Sí, existe la cultura y conciencia pero necesitan crecer aún más. Como científicos involucrados directamente en este campo, nuestro deber es divulgar nuestros conocimientos en nuestras comunidades. Las oportunidades de divulgación que yo he tenido hasta ahora han sido muy nutritivas, ya que veo que las comunidades están interesadas en participar, en enfrentar el reto que a la final nos afecta a todos de una forma u otra.

-¿Cree que terminaremos habitando otro planeta?

-No me sorprendería. Es parte de la naturaleza humana el explorar lo desconocido, el enfrentar retos, el empujar el límite. Mi esperanza es que lo hagamos en armonía con el nuevo entorno.

-¿Hay vida en otros planetas?

-Bueno, depende en cierta forma de como definimos vida. Vida humana como la que conocemos, no hemos conseguido fuera de nuestro planeta hasta ahora. Otras formas de vida se creen han sido detectadas recientemente en el planeta Marte. Independientemente de la definición usada, las condiciones en nuestro planeta Tierra son únicas y han contribuido a la riqueza de paisajes, de ambientes, y a la variedad de especies que han existido aquí por muchos años. Nuestro planeta es un tesoro que debemos valorar, compartir y proteger para que generaciones futuras también tengan el honor de ser parte de este lugar tan especial en el que vivimos.

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