Yaihoa, que significa “Pelo de jaguar”, es el verdadero nombre de Reynel Ortega. El de Roberto Marín es Yababoso, que en la lengua de los barazanos es “El tintín del ancestro”. Rosa Marín es Ohoya, nombre que podría traducirse como “El esqueje de la yuca brava”. Iván, de la comunidad Matapí, y Delsia Fuentes, de los piaroas, se presentan con sus nombres occidentales.

Los cinco líderes indígenas llegaron a Bogotá desde distintos rincones del noreste amazónico luego de una larga travesía a pie, en canoa y finalmente en avioneta. Tras un breve descanso, ayer partieron rumbo a su destino final: Río de Janeiro para participar en la Cumbre de Naciones Unidas sobre desarrollo sostenible Río+20.

El primero en tomar la palabra antes de partir es Roberto: “Queremos contar los trabajos que hemos desarrollado y aprender qué dicen ellos”. Iván lo respalda: “Hace 20 años no había una relación directa entre los indígenas y el Estado. Dentro del proyecto de vida de las comunidades, nuestro objetivo es lograr la descentralización”.

Reinel, proveniente del Vaupés, ha trabajado el sistema de los sitios sagrados y la visión ambiental tradicional. Iván se ha especializado en gobernanza. Roberto, del río Pira Paraná, se ha dedicado a crear puentes de diálogo entre las culturas indígenas y el mundo no indígena. Rosa Marín, líder del Pirá, ha trabajado en la recuperación de los conocimientos tradicionales de la mujer e intercambio de cultivos. Delsia, natural del Orinoco, ha liderado programas de salud femenina, educación y economías alternativas.

Cada uno representa los pasos que estas comunidades han dado año tras año para adueñarse de su destino político, económico y social en un país que reconoció esos derechos en el papel cuando se firmó la Constitución de 1991, pero que apenas comienzan a hacerse realidad.

Delsia, por ejemplo, ha sido testigo de lo difícil que es tener derecho a un sistema de salud. El médico más cercano, cuando alguien de la comunidad se enferma, está a cinco días en canoa. Esa circunstancia los ha obligado a crear nuevas estrategias de prevención y promoción. Algunos miembros de la comunidad han sido entrenados en la lectura de muestras de sangre a través del microscopio para detectar infecciones por malaria y las mujeres han asistido a talleres con ginecólogos que les enseñan los principios básicos de atención en salud sexual.

Martín von Hildebrand, director de la Fundación Gaia Amazonas, cree que este viaje resume 22 años de intenso trabajo. Hace dos décadas, cuando líderes del mundo entero se reunieron en esta misma ciudad y acordaron una agenda para el desarrollo sostenible, dos fundaciones colombianas (Gaia Amazonas y Etnollano) crearon el Programa de Consolidación Amazónica (Coama), para apoyar a unos 62 grupos étnicos. Desde entonces han contado con el respaldo de la Unión Europea.

“Quisiera avanzar en la conciencia de proteger el noreste de la región amazónica”, explica Martín, convencido de que en el futuro será la zona mejor conservada de toda la selva. Su corazón. Es la región más húmeda y mas “resiliente”. La más fuerte para sobrevivir los embates del cambio climático.

“Me interesa mucho que estos líderes indígenas tengan la oportunidad de ver lo que está sucediendo en todo el mundo, ese gran desorden, para que entiendan la importancia de su región”, señala Martín.

Los cinco líderes indígenas son invitados a Río de Janeiro por la Unión Europea y Coama. Antonio Loboguerrero, director de la Fundación Etnollano, dice que quieren mostrar en Río de Janeiro que el Amazonas no es sólo Brasil y que Colombia, dueña del 6% de territorio amazónico, ha realizado un gran trabajo de conservación.

Si en los últimos 20 años, desde la Cumbre de la Tierra, la mayoría de variables ambientales del planeta no han hecho otra cosa que empeorar en la Amazonia colombiana un grupo de indígenas siguen cumpliendo el mandato ancestral de proteger la naturaleza.

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