Celebración en PalestinaLa aceptación de Palestina como un Estado observador por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas estaba prácticamente asegurada desde que se anunció la decisión de su líder, Mahmud Abás, de llevar la propuesta a esta instancia. Era el camino que le restaba a sus aspiraciones después de que el año pasado el Consejo de Seguridad de la misma organización le negara la posibilidad de convertirse en un Estado en pleno derecho. Estados Unidos, el más sólido aliado de Israel, vetó la iniciativa, replicando el argumento hebreo: Palestina sólo podía ser un Estado después de concluir un proceso de diálogos con el gobierno de Tel Aviv.

La diferencia entre el Consejo de Seguridad y la Asamblea General es que ni Estados Unidos, ni Rusia, ni Francia, ni el Reino Unido, ni China, que ejercen como miembros permanentes en el primero, tienen la potestad de vetar una iniciativa. La diferencia también es que la Asamblea General no puede otorgar el reconocimiento de miembro pleno que corresponde al Consejo, pero sí puede reconocer a un Estado observador como El Vaticano, sin derecho a votar en las resoluciones del organismo. En este caso las aprobaciones se dan por mayoría y Palestina la tuvo de sobra.

Los 138 votos de apoyo que tuvo la propuesta de Abás y las apenas nueve oposiciones –sin contar a los 41 países que se abstuvieron de votar- van más allá de un simple mensaje político y de un hecho simbólico favorable a la Autoridad Palestina. Si bien no tendrán la capacidad para incidir en las decisiones de la Asamblea General, sí se abren para ellos puertas a las que antes no tenían acceso: recurrir a la Corte Penal Internacional, por ejemplo.

Palestina ha intentado recurrir a la Corte para denunciar los crímenes de guerra que a juicio de sus líderes se cometen en su territorio desde 2002, una posibilidad que ahora le entrega el hecho de ser un Estado observador. Palestina deberá entonces suscribir el estatuto de Roma, que afilia a 121 países a la jurisdicción de la CPI. La lista de peticiones de investigación que podrían hacerle a los fiscales es larga: desde el presunto magnicidio de Yaser Arafat y ataques a civiles, hasta la construcción de asentamientos para la población israelí en territorio ocupado.

Israel, como Estados Unidos, no está suscrito al estatuto de Roma, pero ello no impide que Palestina pida por las aperturas de una investigación que en todo caso continuaría incrementando su lista de avances simbólicos de cara a la consecución de estatus como miembro en pleno derecho, que continúa siendo una meta. Todo esto sin nombrar que un “observador” como Palestina, podría ahora suscribirse a las múltiples agencias que se desprenden de la ONU, entre las que se encuentran la Organización Internacional del Trabajo, en la Organización Internacional de Migraciones, la Organización Mundial de la Salud, entre otras.

Las celebraciones del pueblo palestino continúan, a pesar de que Israel haya anticipado que el reconocimiento de la Asamblea General no cambiaría en nada la situación del conflicto. El estado hebreo continúa con su postura que exige acuerdos de paz como requisito ineludible para la conversión de Palestina en una nación. Desde que los diálogos de paz se iniciaron, hace 19 años, han sido pocos los avances pacíficos y varias las escaladas de violencia y construcción de asentamientos judíos sobre el terreno. En 2010 las conversaciones entraron en punto muerto. A Palestina el tiempo le ha ido agotando la paciencia.

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