Guerreros de Terracota, fieros y paralizados Jiang Xueqin es un escritor y divulgador nacido en China. Su trabajo ha sido publicado enWall Street Journal, en el Chronicle of Higher Education y en The Diplomat, entre otras publicaciones. Los puntos de vista expresados en este artículo son los suyos.

Las intenciones navales chinas para el mar del sur de la China nunca antes habían provocado tanto miedo y ansiedad. Cada acción del Ejército Popular de Liberación (EPL), ya sea una agresiva patrulla por un territorio en disputa o la entrada en servicio de un nuevo portaaviones no hace sino alimentar este miedo y ansiedad. Pero ni los buques grandes y rápidos ni las bravatas  ganarán una guerra naval, pues el EPL chino sufre tres deficiencias institucionales que acabarán hundiendo sus ambiciones de expansión marítima por el Mar del Sur de China.

El primer y más importante punto débil es el control institucional que ejerce el Partido Comunista sobre el ELP, control que es descrito por Richard MacGregor en su libro The Party. En la estructura militar de tipo leninista de China, el poder político de los comisarios, cuya única virtud es su lealtad ciega al Partido, neutraliza la pericia táctica de los oficiales. En último extremo, toda ambición militar que el EPL pudiera tener de ser una fuerza de combate profesional y moderna con capacidad de hacer sentir su influencia tanto en el Océano Indico como en el Pacífico deberá quedar subordinado a las exigencias políticas de un partido dirigente que está perdiendo rápidamente su autoridad y su legitimidad.

En segundo lugar, debido a la estructura estrictamente jerárquica del ejército salvaguardada por los comisarios con el fin de asegurar el control del Partido, el EPL nunca ha llegado a desarrollar un sistema de suboficiales, sistema que, según explica Robert Kaplan en su libro Hog Pilots, Blue Water Grunts ha convertido a las fuerzas armadas estadounidenses en la mejor fuerza de combate que el mundo haya conocido.

En The Party, MacGregor sugiere que tanto los mandos chinos como los americanos son conscientes de lo mucho que ésto limita el potencial de combate del EPL:

“Lo que mata al ejército es el sistema político,”  me comentó un oficial [chino] en la reserva. “No tenemos un sistema de sargentos, y los sargentos y mandos similares son los que llevan a cabo la mayor parte del trabajo militar real”. Lo que el oficial chino denominaba el sistema de sargentos se refiere en realidad a la tradición de los ejércitos occidentales de delegar importantes parcelas de autoridad a los suboficiales… para que éstos puedan tomar muchas decisiones sobre el terreno. “En nuestra cultura, delegar refuerza la autoridad. Demuestra que un comandante sabe escuchar”, dijo un oficial estadounidense de alto rango que ha analizado el EPL. “Es difícil tener un sistema de suboficiales  en una cultura a la que le desagrada delegar autoridad. En China, donde mantener las apariencias es siempre importante, se mantiene la autoridad no sólo estando al mando, sino también haciendo ver que se está al mando”.

Para visualizar mejor lo que representa esta diferencia, imagínese que la estructura jerárquica vertical del EPL fuera cemento mientras que el más flexible sistema estadounidense sería plastilina. Mientras que el EPL aparenta ser resistente y duro, un golpe preciso rompería el cemento en muchas piezas permanentemente. Pero ni siquiera una serie de ataques coordinados pueden romper la plastilina; el sistema de sargentos ha hecho que las fuerzas armadas estadounidenses hayan alcanzado el ideal de la ingeniería de ser “dúctil”.

En su libro War, [Existe traducción al castellano; Guerra, Ed. Crítica 2011] Sebastian Junger describe gráficamente cómo una sección estadounidense que patrullaba las montañas de Afganistán quedó atrapado por un ataque en pinza de los talibanes pero que trabajando juntos y confiando en la experiencia y en la pericia de los sargentos consiguieron escapar de una trampa mortal con mínimas bajas. La capacidad de juzgar y decidir sobre el terreno sería muy importante en las ventosas aguas y en las frágiles islas del mar de China del Sur; esta es una de las razones por las que la numerosa armada china, organizada en una rígida jerarquía, podría ser más un problema que un lastre en un enfrentamiento.

En tercer lugar, el mar de China del Sur es políticamente caótico y complejo, una situación que, debido a sus dos primeros puntos débiles, al EPL le resulta difícil de comprender. Cualquier posible acción naval tiene múltiples efectos políticos, y la bravuconería y agresividad del EPL lo único que está haciendo es arrojar a todos los vecinos de China en brazos de los Estados Unidos. Después de las campañas de contra insurgencia llevadas a cabo por los estadounidenses en Irak y en Afganistán, la conciencia de que las maniobras militares están inextricablemente ligadas a consecuencias políticas forma ya parte del ADN de las fuerzas armadas estadounidenses.

Dado que el Ejército Popular de Liberación ha participado en muy pocos conflictos, institucionalmente no ha cambiado mucho desde 1949, cuando “liberó” al pueblo chino. Es la Guerra de Corea, la primera y última vez que el EPL se enfrentó a las fuerzas armadas estadounidenses,  el ejemplo ilustrativo de cuán fatales son las debilidades del Ejército chino.

En primer lugar, la entrada del EPL en la Guerra de Corea fue una decisión política tomada por Mao Zedong en contra de las enérgicas protestas de sus consejeros militares; el general Peng Dehuai argumentó muy acertadamente que el EPL no poseía las capacidades logísticas y organizativas de combatir en la península coreana. A medida que la guerra se fue prolongando, las bajas chinas se dispararon, pues los comandantes del EPL se limitaban a lanzar a sus tropas contra las muy bien fortificadas posiciones americanas. En las escasas ocasiones que el número y el coraje ciego ocupaban los nidos de ametralladoras, los soldados chinos no sabían qué hacer a continuación; se limitaban a esperar pasivamente unas órdenes que nunca llegaban, dando tiempo a los americanos a reaccionar rápidamente, retomando colinas y cuellos de botella.

El tercer aspecto, y el más importante, es lo mucho que se equivocó Mao Zedong al interpretar la situación política. Confiaba en que Stalin le proveería de apoyo aéreo, cosa que éste no hizo pues calculó, fría y correctamente, que Rusia le sería mucho más útil un EPL castigado que de un EPL victorioso. Dado que China intercedió en nombre de una Corea del norte beligerante, ayudó inadvertidamente a justificar la presencia militar americana en la región, una cosa que, irónicamente, China había intentado prevenir con su entrada en la guerra de Corea.

Así aunque la Guerra de Corea pasó a la historia como un empate, en realidad fue una aplastante victoria estadounidense. Si China provocara un conflicto en el Mar del Sur, es muy probable que la historia se repita.

Los chinos se enorgullecen de ser diligentes y aplicados estudiosos de la historia. La cuestión ahora será ver cuánta verdad hay en ello.

CNN