A principios de febrero, Rusia y China vetaron una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU para impedir que en Siria se repita lo que ocurrió en Libia, donde con ayuda de la OTAN fue derrocado el gobierno, el petróleo pasó a manos extranjeras, y su  población quedó al borde de una guerra civil.

Al explicar el veto de Rusia, el representante ruso ante la ONU, Vitali Churkin dijo que el proyecto de resolución no estableció mecanismos para poner fin a la violencia, y tampoco impuso el dialogo como única salida al conflicto.

“El proyecto de resolución propuesto  a votación no refleja la situación actual en Siria y envió señales parciales que alientan a una de las partes involucradas”, dijo Churkin.

En lenguaje diplomático, Churkin dijo que Moscú no está de acuerdo en que la resolución responsabilice exclusivamente a las autoridades sirias de la ola de violencia que afecta el país, cuando la oposición también utiliza la fuerza en su lucha por el poder.

 

Y al exonerar a la oposición de toda culpa, la resolución de la ONU autoriza y da respaldo legal a los intentos de fuerzas opositoras para derrocar un gobierno con ayuda de la fuerza.

El diplomático se refirió a que la resolución no mencionó siquiera que la oposición cuenta con agrupaciones armadas que combaten abiertamente contra las autoridades sirias ocasionado muertos y heridos.

Y mucho menos de que esas agrupaciones armadas reciben armamento y financiación por parte de organizaciones con sede en países árabes y occidentales.

Churkin indicó que los países que redactaron el proyecto de resolución no incluyeron la propuesta de Rusia de que la oposición debe desmarcarse de las agrupaciones armadas que cometen actos violentos, y también de las fuerzas políticas extranjeras que promueven la violencia como forma de lucha para obtener el poder en Siria.

“…algunos países influyentes de la comunidad internacional, e incluso sentados en esta mesa, desde el inicio de la crisis en Siria impidieron la posibilidad de la regulación política, haciendo llamamientos para derrocar al gobierno, incitando a la oposición tomar el poder incluso mediante la lucha armada”, subrayó Churkin.

Según expertos rusos, Churkin se refirió más que todo a EEUU y Francia cuyos gobiernos desde todas las tribunas abiertamente exigen que el presidente Bashar Al Asad debe entregar el poder.

Por lo visto, Al Asad se ha convertido en una figura incómoda para Washington, París y gobiernos aliados en Oriente Próximo y la mejor manera de lograrlo es convencer a la opinión pública mundial que Asad es un tirano y la oposición siria son victimas que luchan por la democracia y la libertad.

Según Churkin, en esta ocasión Rusia con ayuda de China decidieron impedir que ciertos países utilicen el Consejo de Seguridad para promover su política exterior.

Para Moscú y Pekín, la solución de la crisis siria debe pasar por el cese inmediato de la violencia y la imposición de reformas democráticas acordadas entre el gobierno y la oposición.

Para lograr el cese al fuego, Churkin dijo que además del retiro de las tropas del ejército regular de las ciudades, se deben imponer mecanismos que ponga fin a los ataques de las agrupaciones armadas de la oposición contra las instituciones públicas y las viviendas.

Y para garantizar legitimidad al proceso de reformas en las negociaciones deben participar el actual presidente, que entre otras cosas goza del apoyo de una parte considerable de la población de Siria.

Al respecto, expertos rusos indicaron el papel que juega los medios de prensa occidentales en sus campañas para presentar a ciertos líderes exclusivamente como tiranos y criminales, aunque años antes fueron los principales aliados de los gobiernos extranjeros que ahora exigen su dimisión.

A juzgar por la prensa europea, al vetar la resolución de la ONU, Rusia y China son responsables de la violencia en Siria, y no los países que apoyan a la oposición con mercenarios y armas.

Para resaltar la indignación por el veto, muchas agencias de noticias destacaron el ataque a la embajada rusa en Trípoli por manifestantes que incendiaron una bandera rusa y en su lugar, izaron la bandera de la oposición siria.

Es decir, la prensa intentó demostrar que la indignación general contra Rusia en el resto del mundo es evidente.

Pero no en Siria, donde en la noche del sábado, la población no durmió en manifestaciones multitudinarias de apoyo al veto ruso y chino.

El problema es que muy pocos lo saben porque agencias internacionales de noticias apenas informaron de las manifestaciones en Damasco de apoyo Asad después del veto ruso y chino en la ONU.

Porque una parte bastante numerosa de la población de Siria sabe mejor que nadie que si la oposición recibe la ayuda y el respaldo que recibió la oposición en Libia, en su país habrá guerra civil durante muchos años.

En cuanto a la evolución política en Siria, Moscú anunció que próximamente el ministro de Exteriores Serguei Lavrov, y el director del Servicio de Inteligencia Exterior, Mijaíl Fradkov, viajarán a Damasco para pedir al presidente Asad, reformas democráticas para estabilizar la situación.

Algunos expertos rusos estiman que los emisarios del Kremlin intentarán negociar una salida de compromiso relacionada con la dimisión del presidente Asad y la trasferencia del poder a un funcionario de su gobierno.

Armando Pérez - RIA Novosti