Deshielo antárticoEl deshielo del Ártico es un fenómeno natural durante el verano. Lo que no es nada natural es el ritmo, el alcance, del derretimiento de hielo: en este momento hay menos de 3,5 millones de kilómetros cuadrados de hielo (menos de la mitad del área registrada hace tan solo 50 años).

A finales de agosto de este año, el centro de investigaciones, en conjunto con la NASA, ya había lanzado una alerta acerca del bajo nivel del hielo. En ese momento, el área del Ártico aún congelada llegaba a 4,1 millones de kilómetros cuadrados.

Esto quiere decir que en menos de un mes la cobertura de hielo se redujo en más de 500 mil kilómetros cuadrados, una cifra alarmante, no sólo para los científicos, sino para todo el planeta. Antes de esto, el punto más bajo del deshielo se había establecido en 2007, cuando el área congelada del océano llegó a 4,17 millones de kilómetros cuadrados.

El dramático incremento del deshielo ha llevado a los científicos a hacer alarmantes predicciones: en 20 años el océano Ártico estará libre de hielo en el verano, en el mejor de los casos; en el peor, este hecho se daría entre 2015 y 2016.

Julienne Stroeve, científica del NSIDC, le dijo al periódico inglés The Guardian que en 2007 las condiciones para el deshielo eran ideales y por eso se registró un pico en el descenso del hielo, pero que este año nadie esperaba que la marca se rompiera, mucho menos con un margen tan amplio.

Las implicaciones de este hecho van desde el aumento en el nivel de los océanos en el mundo, pasando por la erosión de las costas árticas (algo que puede afectar este ecosistema, de por sí ya sensible), hasta el incremento de la temperatura del planeta, pues el hielo de los polos actúa como un gigante espejo que refleja una importante porción de los rayos solares de vuelta al espacio; sin esta capa protectora, la Tierra absorbería directamente esta cantidad de energía.

Los efectos de un incremento en la temperatura comienzan por la alteración de los patrones climáticos y siguen un efecto dominó, que podría resultar desastroso, en aspectos como la agricultura y la destrucción de ecosistemas marinos y terrestres. Las consecuencias de este cambio son tantas y tan graves que resulta casi imposible predecir todos los efectos que se derivarían de este fenómeno.

Una serie de estudios, publicados a mediados de este año, sugiere que el aumento del deshielo en el Ártico es, al menos en un 70%, una consecuencia de la actividad humana.

Las alarmas de la comunidad científica llegan en momentos en los que la compañía petrolera Shell se prepara para comenzar de nuevo perforaciones en la región Ártica, cerca a las costas de Alaska, Estados Unidos.

Grupos como Greenpeace (una de las mayores organizaciones ambientales del mundo) han intentado detener las operaciones de la empresa debido al enorme riesgo que supone realizar extracción de petróleo en un entorno sensible y con un clima extremo, factor que podría dificultar labores de rescate y emergencia en caso de que ocurriera un derrame. Ejecutivos de la compañía, sin embargo, han asegura que sus actividades cuentan con los mayores estándares de seguridad y se realizan después de haber realizado amplias consultas con las comunidades locales.

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