Territorio amazónico Deforestación, cambio climático y obras, la amenazan. Este lunes se celebra el Día de la Tierra. La selva del Amazonas, que le da el 20 por ciento del agua dulce al planeta y gran parte del oxígeno, estará casi perdida en 40 años. Según la Red Amazónica de Información Socioambiental (Rais), las presiones y amenazas que pesan sobre este ecosistema continental, extendido por nueve países (entre ellos Colombia), están llevando a que los paisajes de selva, diversidad socioambiental y agua dulce sean reemplazados por áreas degradadas. Todo esto arroja una conclusión: “Si los intereses económicos que avanzan allí se concretan (zona que además cobija al río Amazonas), esta se convertirá en una sabana con solo islas de bosque; y en 20 años tendríamos únicamente el 45 por ciento de lo que hoy existe”, afirma Rais.

Esta y otras preocupaciones también están en la agenda del Panel Internacional en Ambiente y Energía en la Amazonia, compuesto por una decena de expertos de Brasil, Perú, Ecuador, Uruguay y otros países del continente, que desarrolló su sesión anual la semana pasada en Bogotá. Uno de sus principales voceros, el actual coordinador para el cambio climático de la Agencia de Cooperación Alemana (GIZ), el colombiano Francisco Ruiz, dice que lo que se está haciendo en la Amazonia, en lo relacionado con obras de infraestructura y proyectos mineros, es un absurdo.

El Panel planteó ideas y argumentos para enderezar el futuro, que Ruiz explica a propósito del Día de la Tierra. Porque la Tierra con una Amazonia débil ya no sería un lugar tan agradable para vivir.

¿Cuál es el impacto de la deforestación en la Amazonia?

Es una amenaza sustancial para el futuro de la región. No puede pensarse en objetivos de sustentabilidad si no se asume que de ahora en adelante debe detenerse la tala en toda la Amazonia.

¿Cuál podría ser una alternativa para enfrentar este problema?

No habrá desarrollo sostenible con pobreza extrema. El reto para el Amazonas es reducir esa pobreza sin necesidad de ampliar la frontera de explotación de los recursos naturales, y creo que en todos los países que tienen terrenos sobre este ecosistema esto es posible, todos tienen riqueza suficiente.

Una de las grandes preocupaciones es la ejecución de megaproyectos en la región, que podrían afectar el futuro ambiental de la zona.

¿Qué podría decir al respeto?

Nos preocupan las actividades mineras, la construcción de carreteras, la exploración y explotación de hidrocarburos y la construcción de hidroeléctricas. Para este tipo de proyectos reafirmamos nuestra posición a favor de una moratoria.

El tema de las hidroeléctricas es tal vez uno de los más preocupantes...

Sí, hemos visto cómo los países amazónicos proyectan construir un mínimo de 150 hidroeléctricas en los próximos 10 años, en medio de débiles regulaciones ambientales, nulos procesos de consulta y consentimiento a las poblaciones afectadas.

¿Cómo se podría controlar este auge por la construcción de hidroeléctricas?

Con decisiones tomadas de forma democrática, respetando los derechos de las minorías y de la naturaleza. Se debe pensar en otras alternativas energéticas, como las energías eólica, solar y oceánica.

¿Qué otros problemas deben enfrentarse con mayor urgencia?

Ponerle límites a la expansión de la palma africana y otros monocultivos, la implementación de sistemas sostenibles de producción y fortaleza para la gobernabilidad, sobre todo entre las comunidades indígenas.

Una razón por la que Colombia deba considerar a la selva del Amazonas como lo más importante...

Porque ocupa la mitad de nuestro territorio, es en pocas palabras el 40 por ciento del país.

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