Desde que el de 1 de marzo 2002 fue lanzado al espacio, ha vigilado permanentemente el planeta. Envisat, el mayor y más sofisticado satélite de observación de la Tierra lanzado por Europa, al espacio por el sector aeroespacial europeo, observa y monitoriza de forma continua la superficie de la tierra, la atmósfera, los océanos y los campos de hielo.

Durante esta década, se han publicado más de 2.000 artículos científicos basados en sus resultados, según recuerda la Agencia Espacial Europea (ESA) en su página web.

 

El satélite, un dispositivo de 8,2 toneladas de peso y 25 metros de largo por 10 de ancho que se lanzó en un cohete Ariane 5 desde el Centro Espacial Europeo de Kurú (Guayana francesa) situado a 800 kilómetros de altitud, completa cada órbita en 100 minutos a una velocidad superior a 7 kilómetros por segundo.

Diez instrumentos

En su interior transporta diez sofisticados instrumentos ópticos y de radar que aportan preciada información sobre el funcionamiento de la Tierra.

Entre estos dispositivos destaca el Radar Avanzado de Apertura Sintética, ASAR, que opera día y noche gracias a su capacidad de observar la superficie del planeta a través de la cobertura de nubes o en la oscuridad. Se trata de una herramienta particularmente útil para monitorizar la evolución de las regiones polares, que permanecen sumidas en la oscuridad durante meses y en las que el mal tiempo es algo habitual. El verano pasado, por ejemplo, ASAR detectó que la extensión del hielo marino que flota sobre el Ártico había alcanzado un mínimo histórico.

El análisis del color de los océanos y la cobertura del terreno es posible gracias al espectrómetro MERIS. Gracias a sus imágenes se generan mapas de alta resolución de la cobertura del terreno a escala global, dentro del proyecto GlobCover. Estos mapas resultan de gran utilidad para evaluar los efectos del cambio climático, para ayudar en los esfuerzos de protección de la biodiversidad y para mejorar la gestión de los recursos naturales.

El seísmo que provocó el 'tsunami' de Japón en 2011 "se propagó hasta la Antártida e hizo que varios bloques de hielo colapsaran", recuerda Henri Laur el experto de la Agencia Espacial Europea (ESA) a cargo de la misión Envisat. Por ello resulta "muy útil para estudiar el funcionamiento de los terremotos".

Envisat, que completó en septiembre de 2010 su giro número 50.000 alrededor de la Tierra y acumula más de 2.250.000 kilómetros recorridos desde su lanzamiento, fue uno de los primeros satélites de la ESA con una considerable participación española.

Las firmas Casa Espacio, Crisa y Sener, entre otras, diseñaron parte de los componentes de un dispositivo cuya construcción y desarrollo corrió a cargo de Astrium, principal artífice de la joya de un programa científico de 3.200 millones de euros (2.752 millones de dólares entonces) en el que participaron 14 países europeos.

Ha doblado su vida útil

Una década después, el satélite ha doblado su vida útil, pues se concibió para operar sólo durante cinco años. Pero goza aún de buena salud y podría seguir operativo incluso más tiempo del que lleva en órbita, si fuera necesario, apuntan desde la ESA.

Sin embargo, no hará falta, pues la Agencia Espacial Europea y la Comisión Europea ya han acordado que siga en funcionamiento hasta que en 2013 la nueva generación de satélites de observación de la Tierra, los Sentinel, puedan tomar el relevo del pionero Envisat.

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