Sol, agua y viento son recursos abundantes con los que cuenta Colombia y que están siendo desaprovechados.www.fuerzasmilitares.org (11DIC2013).- Aunque Colombia es uno de los países que menos gases de efecto invernadero arroja a la atmósfera, todavía está lejos de implementar opciones energéticas menos contaminantes. Hay dos elecciones: establecer más impuestos a la contaminación o introducir estímulos económicos para usar fuentes limpias, como la energía eólica o la solar. La segunda sería la más favorable.

Un informe publicado en el año 2011 por la Agencia Internacional de Energía indicaba que las emisiones globales de dióxido de carbono (CO2) fueron de 31,6 gigatoneladas (un preocupante aumento del 3,2% respecto al año 2010).

En promedio, Colombia envía a la atmosfera 180 millones de toneladas al año (0,2% de las emisiones del planeta), cifra que sitúa al país como uno de los menores productores de gases de efecto invernadero.

Una de las razones es que apenas el 15% de su electricidad es generada en centrales térmicas (que usan combustibles fósiles). En cambio, la mayor parte se produce en centrales hidroeléctricas, que, en el año 2010, generaron 56.887,6 gigavatios por hora (GWh), según el Ministerio de Minas y Energía.

Si bien, de una u otra manera, la mayoría de las sociedades modernas son causantes del cambio climático, hay unas que salen mejor libradas que otras a la hora de apuntar el dedo. En ese sentido, Colombia se da el lujo de contar con un “sello verde” por su producción de energía primaria (que debe a su patrimonio hídrico).

Sin embargo, uno de los objetivos en todo el mundo es obtenerla con cero emisiones. Así, el país tiene una tarea de largo aliento, pues no está invirtiendo en estructurar proyectos energéticos alternativos.

Al respecto, el grupo de Sistemas e Informática de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional de Colombia en Medellín y la empresa EPM trabajan en desarrollar una serie de modelos informáticos y matemáticos que permitan tener información precisa sobre el sector nacional en aspectos como generación y consumo.

Gracias a ellos, los investigadores han determinado que Colombia presenta todas las condiciones para explorar fuentes de energía renovable y mantener una economía baja en carbono. Incluso podría remplazar la producción térmica. 

Oportunidades para el país 

El profesor Carlos Jaime Franco, coordinador del proyecto, indica que la necesidad de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero (particularmente de CO2) plantea retos en aspectos de política, regulación, tecnología, demanda y, en general, del entorno competitivo de la industria de generación y de los sectores intensivos en el consumo de electricidad.

Aunque el sector eléctrico colombiano tiene un alto componente hidráulico, el profesor precisa que aún no es claro cuál es la estructura más adecuada que debe implementar el país en el futuro, dada la gran incertidumbre sobre el impacto que puedan tener las políticas mundiales sobre el cambio climático.

No obstante, expresa que, ante las evidentes amenazas, el entorno pareciera ofrecer oportunidades aún no suficientemente exploradas.

“Para poder enfrentar este devenir climático es necesario que ingresen tecnologías renovables y más limpias, que redunden en mayores ahorros. Pero para eso se necesitan políticas e incentivos”, asegura.

Actualmente, nuevos procedimientos de generación eólica, hidráulica y solar pueden entrar fácilmente al mercado nacional y competir con tecnologías establecidas. Sobre todo cuando las energías renovables cubren hoy cerca del 20% del consumo mundial de electricidad, según informa la Unidad de Planeación Nacional Minero-Energética.

Los expertos hicieron dos proyecciones analíticas sobre cuál sería el mejor escenario para Colombia a la hora de incentivar el uso de otras fuentes. Para ello, compararon dos propuestas de política pública. Una consiste en poner un impuesto al carbono (pagar más plata por contaminar). La otra, en incentivar el uso de las energías renovables (pagar menos por tener electricidad limpia).

La conclusión general es que la primera alternativa limitaría muchísimo el crecimiento de las tecnologías limpias, mientras que la segunda las impulsaría decisivamente.

Por ejemplo, en este último escenario, la solar pasaría de producir cero megavatios (que es la situación actual) a cuatro mil en el año 2034. En cambio, las líneas crecientes de consumo de petróleo y de carbón comenzarían a debilitarse ese mismo año.

En la actualidad, la energía eólica (del viento) no goza de incentivos para entrar al mercado nacional. Algo similar ocurre con la solar, que requiere significativas inversiones, dados sus costos de implementación.

Si bien un escenario de impuesto al carbono reduce el aumento de tecnologías basadas en combustibles fósiles, los expertos revelan que no es suficiente para promover las limpias. Por eso, proponen mecanismos para subsidiarlas según contaminen menos.

Estas proyecciones se elaboran cruzando diversas fuentes de información estadística provenientes del mercado de carbono, las metas del Protocolo de Kioto, los mercados energéticos de Europa y 
EE. UU., entre otras variables.

Son un compendio valioso para los Gobiernos e industrias del país, pues, según el profesor Franco, “permiten visualizar distintas políticas para el sector eléctrico y mostrar un camino para estructurar una economía más sostenible”.

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