Google compró a Nest, una fábrica de termostatos y detectores para retomar el proyecto de crear la casa inteligente. / AFPwww.fuerzasmilitares.org (26ENE2004).- Para comprender por qué Google acaba de pagar US$3.200 millones por una compañía que fabrica termostatos y detectores de humo, hay que observar algunos de sus intentos anteriores para inventar un “hogar inteligente”.

Eran más que simples lecciones objetivas sobre lo que no se debe hacer. Aunque los esfuerzos anteriores llegaron al fracaso, ponen de relieve el rango de capacidades de Google. También resaltan por qué, luego de su adquisición esta semana de Nest Labs, parece haber asumido un liderazgo formidable en un mercado tecnológico que apenas se ha inventado.

El primer intento de Google fue hace cinco años y se manifestó en un servicio de internet llamado PowerMeter. Era un servicio en línea para monitorear el uso de energía en el hogar. Pero resultó que la mayoría de la gente tenía mejores cosas que hacer que llevar la cuenta de su consumo de energía en un portal de internet.
Luego vino una plataforma de software llamada Android@Home, dirigida a las manufactureras que quisieran incorporar la “inteligencia” de tener conectados a internet los objetos para el hogar que fabricaban. El primero de estos productos debía ser un bombillo LED que podía encenderse empleando una aplicación para el teléfono inteligente. La manufacturera abandonó la idea antes de que se lanzara.

Un servicio de internet y una plataforma de software eran buenas ideas. El ingrediente que faltaba, sin embargo, era una pieza realmente útil de hardware inteligente. Para ser más preciso, un producto para el consumidor que fuera fácil de emplear, atractivo y reuniera una serie de capacidades con una interfaz intuitiva: el software, el hardware y el servicio en línea trabajando en concierto para mejorar la vida del hogar.

¿Y a quién sería mejor acudir que a Tony Fadell, cuyos galardones de fama son haber sido el principal inventor del iPod y el fundador de Nest? El reproductor de música de Apple fue el aparato que lanzó la revolución moderna en el hardware para el consumidor. Aunque agradable por sí mismo, el iPod no habría sido nada sin el software y el almacén en línea que trajo de nuevo a la vida la industria de la música digital.

Fadell luego inscribió sus lecciones con el iPod en su termostato de Nest, al punto de emplear el control en forma de timón para programar la unidad (Honeywell ha iniciado una acción legal, afirmando que el control circular copia de forma injusta una de sus propias invenciones).

Un termostato de Nest se conecta en línea con los pronósticos del clima y la información de sus propios sensores y los movimientos del usuario para adivinar qué temperatura fija.

Aquí es donde entra a jugar Google. Aunque tendría que venir un visionario como Fadell para que existiera la idea, el aparato no es nada por sí mismo. En una entrevista con el Financial Times, el fundador de Nest fue directo con respecto a lo que está detrás: el 80% del trabajo detrás de los productos de esta compañía está dirigido a crear y operar la infraestructura de la que dependen.

Hay pocas infraestructuras para conectarse mejores que una operada por Google. No se trata sólo de la escala de sus centros de datos o de la capacidad de banda ancha de sus redes: la compañía de internet podría estar en una buena posición para entregar los datos que recogen los aparatos de Nest y convertirlos en inteligencia valiosa.

En este aspecto, Google puede aportar dos activos. Uno es la enorme cantidad de datos que recoge. Combinar la información de Nest con información de sus otros aparatos promete darle a Google enfoques sin rival alguno para conocer sus preferencias, no sólo con respecto a la temperatura con la que despierta, sino cuánto tiempo le dedica al desayuno antes de ir a trabajar y qué ruta toma para llegar allá.

Otro activo importante son las habilidades que se necesitan para utilizar toda esta información, como el diseño de algoritmos que la convierten en inteligencia que se pueda usar para informar a los aparatos útiles. Si Google pudiera anticipar a qué horas sale de su casa en la mañana, podría informarle sobre las condiciones de tráfico.

Los temores por la privacidad ciertamente pueden generar malestar, pero un hogar inteligente que realmente comprenda y pueda responder a sus necesidades superaría estas preocupaciones. Y si Google intentara usar los datos en el hogar para entregar alertas incluso más relevantes, sería parte de un compromiso tácito que sus usuarios ya aceptaron hace mucho tiempo.

Al menos esa es la teoría. Falta mucho para probar que funciona. Generar deseo hacia los objetos inteligentes para el hogar no será algo fácil de lograr. Google también debe demostrar que puede hacer una cantidad significativa de dinero a medida que profundiza en el hardware, donde los márgenes de ganancias son más bajos. Pero si puede hacer que todas las partes del hogar inteligente trabajen juntas mientras crea nuevos aparatos, sería algo difícil de igualar.

Financial Times