El reactor se usará para analizar los recursos minerales del territorio nacional y establecer su potencial. Foto: Andrea Moreno / EL TIEMPOwww.fuerzasmilitares.org (03NOV2014).- En unos días, el físico Jaime Sandoval oprimirá el botón de encendido del único reactor nuclear de Colombia, que despertará después de un letargo de 16 años. Será la resurrección de una instalación que cumplirá cinco décadas de existencia el próximo año, pero está en perfecto estado, pues ha sido objeto de continuas actualizaciones tecnológicas y múltiples jornadas de entrenamiento para los cuatro expertos que se requieren para operarla.

¿Por qué se ha tomado la decisión de reactivarla? El Servicio Geológico Colombiano (SGC), adscrito al Ministerio de Minas y Energía, piensa usarla para hacer un gran mapa de los recursos minerales que posee el país y establecer cuándo se formaron y qué potencial tienen.

Durante los últimos cuatro años, el SGC ha estado recopilando un promedio anual de 10.000 muestras de minerales, que hasta ahora tenían que ser enviadas al extranjero –principalmente a Alemania–, donde eran radiadas, analizadas, caracterizadas y después devueltas. “Eso costaba millones de pesos, era demorado, había muchos reprocesos y los resultados no siempre eran los que estábamos esperando”, explica Mary Luz Peña, coordinadora del Grupo de Investigaciones y Aplicaciones Nucleares y Geocronológicas del SGC.

Pero además, anota el ingeniero Fernando Mosos, director técnico de Asuntos Nucleares del SGC, “había un problema añadido, y es que estábamos poniendo en manos de terceros información estratégica sobre el potencial de nuestro país en recursos minerales”.

Ahora todo ese trabajo se hará a pocos metros del cruce de la avenida Eldorado y la carrera 50, en el occidente de Bogotá, donde no solo está el reactor IAN-R1, sino también el laboratorio donde se procesan las muestras minerales.

Estos análisis son capitales, pues además de permitir establecer en qué lugares de Colombia puede haber uranio, oro o detectar configuraciones que sugieren la existencia de petróleo, entre otras fuentes de riqueza, también pueden ayudar a identificar y catalogar zonas de riesgo geológico.

En pocas palabras, vamos a saber mucho más que hoy sobre la historia y el presente del subsuelo de nuestro país.

Y aunque algunas de estas pruebas también se pueden realizar en los laboratorios tradicionales, el análisis químico suele ser destructivo con las muestras, más costoso y menos preciso. En cambio, la radiación que una muestra recibe en una pequeña central nuclear tiene menos margen de error y la carga radioactiva decae hasta desaparecer, por lo que se puede utilizar una misma muestra cuantas veces se quiera. Algo invaluable a la hora de estudiar materiales con valor patrimonial, como los restos arqueológicos.

El paso de los minerales por la radiación puede durar desde un minuto hasta ocho horas. Antes ha tenido que ocurrir la recolección y la preparación de la muestra, en la que se debe indicar cuánta radiación necesita el mineral para revelar sus huellas de fisión: unas líneas microscópicas que, después, en el laboratorio, aportarán datos sobre el origen, la composición y la evolución de la roca. Una vez analizada, la muestra se conserva en condiciones especiales hasta que ‘decaiga’ (proceso durante el que la radiación va desapareciendo por sí sola).

‘Baja potencia y muy seguro’

El IAN-R1 tiene dos pisos de altura y cuenta con una potencia de 100 kilovatios, pero solo opera con 30, una medida tan baja que está clasificada en la escala de menor peligrosidad. La temperatura que alcanza el núcleo en estado crítico (en funcionamiento) apenas llega a los 40 grados centígrados. En centrales como la de Fukushima (Japón), la temperatura en el núcleo llegaba a los 2.500 grados, con una potencia de 784 megavatios en cada uno de sus seis reactores. “Ni siquiera es comparable”, admite el ingeniero Fernando Mosos. Entre otras cosas, porque la vocación del nuestro no es producir energía, sino servir como herramienta de investigación científica.

Del reactor que Estados Unidos le donó a Colombia en 1965, dentro del marco del programa ‘Átomos para la paz’, solo se mantiene la estructura. Todo lo demás es casi nuevo.

En el 2005, el Ministerio de Minas y Energía tomó la decisión de reactivarlo, ya que el costo de desmantelarlo era siete veces superior al de mantenerlo activo. Desde entonces ha sido renovado casi por completo y en él se han invertido en promedio 500 millones de pesos al año.

En el 2012, cuando la sala de control cumplió 20 años, un grupo de especialistas mexicanos ayudó durante varios meses a montar una nueva.

“Se trata de un cambio de generación, porque el reactor es casi nuevo. El potencial es grande; ahora depende de cómo se opere.Colombia tiene muchos recursos naturales que pueden ser analizados, pero lo que se necesita es involucrar a muchas industrias. Hay que diseminar su valor entre los usuarios potenciales. Como es único en el país, tiene que ser útil para todos”, subraya Danas Ridikas, investigador de la Agencia Internacional de Energía Atómica (Iaea, por sus siglas en inglés) que estuvo recorriendo las instalaciones hace tres semanas.

En cuanto al riesgo, el experto reconoce que “nunca es cero”. No obstante, la central colombiana tiene un núcleo especial, con una aleación de acero y circonio, que provoca el apagado automático ante cualquier evento anómalo o catástrofe natural.

Y sobre un potencial robo de uranio-235 enriquecido con fines terroristas, el que se usa en el reactor colombiano no supera el 20 por ciento, el límite de seguridad permitido por el Tratado de no Proliferación de Armas Nucleares. Irán, para entender este punto, fue sancionado por –presuntamente– tratar de enriquecer uranio más allá de estos niveles, con lo cual podría ser usado en armas nucleares.

Especialización aplaudida

Ridikas opina que Colombia tomó el buen camino alespecializarse en el análisis de minerales, ya que la Iaea tiene como propósito que haya “menos reactores, pero mejor utilizados”.

Así como México le apuesta a la electrónica nuclear y Chile se ha enfocado en la producción de medicamentos, el IAN-R1 espera recibir muestras de minerales de otros países en pocos meses, y está a la espera de firmar convenios con universidades para llevar a cabo otros proyectos de investigación.

El ingeniero Mosos estima que en el país hay más de 400 empresas que usan material radiactivo –en sectores como el petrolero, el minero y el de la salud– que podrían estar interesadas en utilizarlo. La producción de radioisótopos, empleados en la industria, la medicina, la investigación y la docencia, puede ser uno de los campos por desarrollar.

“Este reactor es pequeño, lo que nos permite ‘jugar’: desbaratarlo o cambiarle piezas, llevar su potencia hasta cierto nivel, cambiarle componentes, etc. Los que producen energía son rígidos y no tienen mucha posibilidad de introducir cambios para aprender. Pero este modelo, el Triga, está diseñado justamente para eso, y es una gran herramienta”, destaca Luis Fernando Cristancho, director del Grupo de Física Nuclear de la U. Nacional.

Como varios de sus colegas, el profesor Cristancho reconoce que en los últimos años los laboratorios nacionales han mejorado mucho y espera que la reactivación de la instalación traiga consigo un mayor desarrollo. Sin embargo, lamenta la pérdida de conocimiento que se ha dado con el estancamiento de estos 16 años: “Antes, Colombia ofrecía asesoría en técnicas nucleares y reactores. Hoy posiblemente estamos al nivel de Haití”.

Desde análisis forenses hasta control de plagas
El reactor puede analizar pruebas ambientales y minerales. también se aplica contra el cáncer

Hay muchos temas que podrían involucrar el uso del reactor nuclear, como en las ciencias forenses, en las que basta radiar una sola hebra de cabello para obtener datos de un cadáver. Esta técnica puede ser usada para determinar, por ejemplo, el tipo de arma que se utilizó en un crimen.

En Argentina se ha aplicado para irradiar tumores generales. El procedimiento consiste en dirigir los neutrones a un paciente que se coloca en el reactor. Estos actúan atacando las células cancerígenas. También tiene usos en el campo agrícola, a través de la llamada ‘técnica de los insectos estériles’, que consiste en radiar a un grupo para garantizar su esterilidad y que no generen descendencia.

Así se puede, incluso, controlar las poblaciones de la llamada mosca de la fruta.

El análisis de las huellas de fisión en minerales entrega información sobre la temperatura a la que se ha sometido un material a lo largo de su historia y establece si en ellos se han dado las condiciones para la formación de petróleo.

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