Sonda Rosettawww.fuerzasmilitares.org (17NOV2014).- “Llegué. Mi nueva dirección: 67P”. Con ese trino el explorador Philae le anunció el miércoles a los terrícolas desde su cuenta de Twitter que llegó sano y salvo a la superficie helada del cometa 67P Churyumov-Gerasimenko, llamado así porque fue descubierto en 1967 por dos científicos rusos. En ese momento, cinco de la tarde de Alemania, estallaron en júbilo los miembros de la Agencia Espacial Europea, gestora de la misión, que seguían el proceso desde la madrugada. 

No era para menos. Se trata de la primera vez en la historia que el ser humano llega a un cometa, una veloz e inmensa bola de roca, hielo y polvo llena de información sobre el inicio del sistema solar que podría resolver las dudas más persistentes sobre el origen de la vida en la Tierra. La hazaña representa la quinta oportunidad en la que los humanos, en persona o a través de robots, se posan sobre un objeto en el espacio: los anteriores fueron la Luna, Marte, Venus y Titán, un satélite de Saturno.

Philae comenzó su viaje interplanetario hace diez años a bordo de la sonda Rosetta, y logró llegar a la órbita del cometa sin necesidad de cohetes, solo con el impulso de la gravedad de los planetas: le dio tres vueltas a la Tierra, una a Marte, hizo dos viajes alrededor del cinturón de asteroides, así como un recorrido de dos años y medio por inmediaciones de Júpiter, para encontrarse luego con 67P, ese viajero del espacio de cuatro kilómetros de largo que viaja a 60.000 kilómetros por hora.

Luego de esa trayectoria, el martes pasado en la mañana Philae se separó de Rosetta y comenzó su acercamiento al cometa. El proceso de acople era complicado no solo porque los cometas no tienen atmósfera ni gravedad, lo que hace más difícil que el robot se sostenga en el suelo, sino que requería de una precisión increíble para saber cuándo desacoplar el robot. Como describe German Puerta, astrónomo del Planetario Distrital, “es como tener dos autopistas paralelas con dos carros viajando a 60.000 kilómetros por hora y una nevera que viaja en uno de ellos debe caer encima del otro”. A la más breve equivocación la sonda se perdería.

Para asegurar la llegada, el robot contaba con unos propulsores que se activarían para forzar el explorador hacia el cometa, así como dos arpones para asirse a la superficie de 67P. Uno de ellos falló y por eso el explorador saltó en dos o tres oportunidades, lo que hizo que los científicos sufrieran por un par de horas. Finalmente, se cree que Philae se ancló en el cometa. Esto, sin embargo, hizo que no llegara al sitio previsto sino a otro más oscuro donde no recibirá tanta luz solar, la cual alimentaría sus baterías. Cuando el robot se reportó a Tierra las palabras emocionadas de Jean-Jacques Dordain, director general de ESA fueron: “Es un gran salto para la humanidad”.

Y no es frase de cajón. Los cometas han sido objeto de interés científico porque son residuos de la nebulosa primitiva, resultado de la formación del sistema solar hace 45.000 millones de años. El escogido fue 67P porque a diferencia de otros no ha pasado aún por el Sol, donde sufren cambios. “En ese sentido es un objeto intacto”, enfatizó Puerta. 

La misión del robot es analizar de qué materiales está hecho el cometa, buscar moléculas complejas para saber cómo se formó la Tierra, si el agua de los océanos vino de estos viajeros interestelares y si es posible confirmar la teoría de la panspermia propuesta por los griegos, que concluye que las semillas de la Tierra se encuentran dispersas en el universo y fueron implantadas por un cometa. Además, la tecnología empleada para esto permitirá explorar minerales en otros asteroides. 

Aunque no se sabe aún qué tan bien posicionado está el robot y si tendrá suficiente luz solar para recargar energía, la exploración ya comenzó y Philae está en permanente comunicación con Rosetta, que sigue enviando imágenes, con tecnología de hace diez años, de ese vestigio de la formación del sistema solar. Como lo dijo el director de la misión Jean Pierre Bibring, “es maravilloso estar aquí”.

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