El encierro de trabajadores de Navantia en demanda de un dique flotante en Ferrol continúa.Navantia está a punto de poner fin a un lustro marcado por una ausencia total de encargos para la construcción de nuevos buques. Su cartera de pedidos, vacía desde que la Armada de Australia le contratase en el 2007 la fabricación de dos megabuques y el diseño de tres destructores, puede engordar esta semana con un pedido de la petrolera mexicana Pemex.

La luz al final del túnel le llega a los astilleros públicos gallegos -volcados en su última etapa totalmente en el segmento militar- desde el sector civil. La antigua Astano lleva casi tres décadas excluida de este mercado, padeciendo los efectos de un veto político que le obligó a dedicarse primero al off-shore (las plataformas marinas) y después a la fabricación de módulos para los navíos militares que fabricaba Ferrol. Al otro lado de la ría, en la antigua Bazán, se acaba de cumplir un cuarto de siglo de la salida del último buque mercante fabricado en sus instalaciones: el Castillo de la Luz.

Cuando Feijoo anunció la pasada primavera la firma de un acuerdo con la petrolera Pemex que beneficiaría al naval gallego, y se aludió inicialmente a la fabricación de remolcadores y quimiqueros, el pacto fue cogido con cierta frialdad entre la plantilla de los astilleros públicos, pese a llevar un año y medio en la calle demandando carga de trabajo. Se tratan de buques fuera del catálogo de las plantas de la comarca ferrolana, y la propia Navantia admitió que su oferta no había sido competitiva.

¿Qué ha pasado ahora para que se haya llegado a firmar un acuerdo de intenciones con Pemex como el suscrito con el astillero vigués Hijos de J. Barreras para la fabricación de un buque hotel? Se trata de un navío con un amplio número de camarotes para el alojamiento, dispone de locales para el esparcimiento, como gimnasio y cine, al igual que los últimos megabuques fabricados por las plantas de la ría ferrolana. Son trabajos de habilitación y no solo de tratamiento de acero, con los que no puede competir con los astilleros asiáticos.

Si se confirman las previsiones de adjudicación inminente de los encargos a Navantia y Barreras, el naval gallego puede volver a respirar. No obstante, por sí solo, la fabricación del buque no detendrá en Navantia la sangría de despidos. La plantilla lleva más de un año y medio demandando la construcción de un dique flotante valorado en 212 millones de euros, que tendría que autorizar la dirección de la compañía y que garantizaría trabajo para unos mil operarios durante dos años. Además, apuntalaría la viabilidad de la división de reparaciones del grupo, por cuyas limitaciones físicas no puede acceder ahora a efectuar obras en los buques de última generación.

Encierro

Los sindicatos de la empresa y de firmas auxiliares mantienen desde hace unos días un encierro en el Concello de Ferrol para forzar el desbloqueo del proyecto y sostienen que continuarán reivindicando el dique aunque lleguen nuevos encargos.

A la espera de que se haga oficial este acuerdo, lo cierto es que, hoy por hoy, España y Galicia están fuera del mercado, pese a su buena reputación a la hora de construir barcos. Tras la crisis que ha llevado a los mayores constructores al borde de la quiebra, algunos astilleros privados tienen todavía excelentes referencias en el mercado internacional. Pero lo cierto es que, sin tax lease, sin garantías y sin acceso al crédito, el sector tiene las puertas cerradas al gran negocio de la contratación naval.

En este contexto, el acuerdo político establecido por el Gobierno autonómico con la compañía paraestatal Pemex (Petróleos Mexicanos) que abarca la construcción en los astilleros privados gallegos de un lote de remolcadores (entre 7 y 14), a los que se sumarán otros 7 abastecedores, además de los dos buques hotel de Navantia y Barreras, de entrada, se presenta como una oportunidad única para la vuelta al mercado. Con carga de trabajo, lograr avales, financiación y, sobre todo, ganarse la confianza de los armadores para la adjudicación de pedidos, es más fácil que con las gradas vacías.

Concurso abierto

Pero, acuerdos políticos al margen, el naval gallego no está solo en la puja por el resto de los contratos de Pemex, y de su capacidad de ofrecer calidad, plazos de entrega y buen precio frente al resto de los competidores (el concurso es abierto) depende en gran medida el éxito de la operación que, podría ser solo el principio de una colaboración mayor, ya que, además de renovar su flota menor, Pemex tiene necesidad de ampliar su dotación de grandes buques sísmicos, especializados en la prospección petrolífera.

¿Qué puede ofrecer el naval gallego a Pemex frente al resto de los competidores? Influencias políticas al margen, los astilleros tienen una debilidad, y es la carencia de diseño y aportación tecnológica.

Por regla general, Galicia construye barcos diseñados por otros (los noruegos son los más punteros) y en las gradas se montan los equipos, motores o hélices, hechos fuera. Pero el sector tiene grandes fortalezas: aporta muy buena calidad en las obras, tiene mano de obra cualificada y, hasta el año pasado, una relación calidad-precio excelente, que el nuevo tax lease debería recuperar.

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