La Dama de Hierro

"No soy una política de consenso. Soy una política de fuertes convicciones", dijo Margaret Thatcher en 1979 en una muestra de que por algo a la exprimera ministra británica, fallecida este lunes a los 87 años debido a complicaciones tras un derrame cerebral, se la conocía como la "Dama de Hierro".

Figura dominante de la política británica tras la Segunda Guerra Mundial, ese año se convirtió en la primera, y única, mujer en dirigir el gobierno británico.

Gobernó entre 1979 y 1990, fue la persona que se mantuvo en ese puesto por más tiempo en el siglo XX y se enfrentó a Argentina en la guerra de las Falklands o Malvinas en 1982.

Controversial y divisiva, inspiró "pasión" tanto entre seguidores como entre sus críticos, y moldeó a Reino Unido como pocos líderes han hecho.

Thatcher, quien se retiró de la escena pública en 2002, había sufrido problemas de salud en los últimos años.

El portavoz de Thatcher, Lord Bell, anunció este lunes: "Con gran tristeza, Mark y Carol Thatcher informaron que su madre, la baronesa Thatcher, murió en paz esta mañana tras sufrir un derrame cerebral. Un comunicado más completo será publicado posteriormente".

Su carrera

Thatcher asumió por primera vez como jefa de gobierno en mayo de 1979 y fue reelegida tras un abrumador triunfo de los conservadores (llamados comúnmente tories en inglés) en junio de 1983 y nuevamente, aunque con algunos votos menos, en 1987.

En 150 años de democracia, ningún otro primer ministro británico había logrado imponerse por tres períodos consecutivos de gobierno, una hazaña que repitió poco después el laborista Tony Blair.

Pero en noviembre de 1990, después de 11 años y medio en el poder, presentó su renuncia al no lograr vencer a su retador Michael Heseltine en las elecciones internas para dirigir al Partido Conservador.

Su influencia era tan grande que su alejamiento de Downing Street -sede del Ejecutivo británico- provocó todo tipo de especulaciones e incluso dejó cierta incertidumbre que llegó a tener efectos negativos en la economía y los mercados.

Odio y admiración

Thatcher se convirtió en la "Dama de Hierro" en 1975, poco después de ser nombrada como líder del Partido Conservador, cuando advirtió en un discurso público sobre el creciente poder militar de la Unión Soviética.

La embajada soviética en Londres, en ese momento, reaccionó calificándola de hostil y un periódico soviético acuñó el apodo con que pasó a la historia.

En su país, provocó tanto odio como admiración.

Thatcher era una mujer de carácter y sus actitudes nunca pasaban inadvertidas, no sólo desde el punto de vista político, sino también como fenómeno social.

"Esta mujer es testaruda, obstinada y peligrosamente terca", aseguró el departamento de personal de ICI, una compañía química, que en 1948 rechazó la solicitud de empleo de la entonces Margaret Roberts.

Era una de esas personas que difícilmente pasan inadvertidas.

Podía inspirar odio y admiración, pero no afecto, en opinión del fallecido analista británico Hugo Young.

Nació el 13 de octubre de 1925, en la pequeña localidad de Grantham, en el norte de Inglaterra.

Hija de una comerciante modesto, Margaret Roberts se casó con Denis Thatcher, gerente de una empresa de pinturas y productos químicos, en 1951.

Estudió Química en la Universidad de Oxford y, posteriormente, ya casada, se concentró en su verdadera pasión y se graduó en Derecho.

El matrimonio tuvo una pareja de mellizos en 1953, Carol y Mark; con los años, este último se convertiría en una atracción para la prensa británica.

En uno de los escándalos, en 2004, Mark Thatcher fue encontrado culpable por un tribunal de Sudáfrica, su país de residencia, de haber participado en la planificación de un intento de golpe de Estado en Guinea Ecuatorial.

Su esposo, Denis Thatcher, "siempre presente pero nunca en primer plano", y pilar de su carrera política, como ella misma siempre reconoció, falleció el 26 de junio de 2003 a la edad de 88 años.

Thatcherismo

El estilo frontal y parco de Thatcher creó una especie de marca registrada: el "Thatcherismo".

Para bien o para mal, sus años en el poder cambiaron para siempre el rostro de Reino Unido y hasta ahora muchos ven en sus políticas el origen de las virtudes y defectos de la sociedad británica contemporánea.

La exprimera ministra fue protagonista de la Guerra de las Falklands o Malvinas con Argentina.

Durante sus gobiernos se privatizaron las compañías estatales de teléfono, gas, agua y electricidad, la línea aérea British Airways y la firma Rolls-Royce.

La fuerza de los sindicatos disminuyó considerablemente y hubo grandes recortes presupuestarios en salud y educación e importantes transformaciones en las áreas del transporte y la vivienda, dos de los problemas más agudos de Reino Unido actual.

Su credo económico estaba en las políticas liberales de Milton Friedman.

En una recordada frase, dijo en 1976 que "el socialismo fracasa cuando se les acaba el dinero... de los demás".

Otro de los temas relevantes a los que se enfrentó fue la intensificación de los ataques del Ejército Republicano Irlandés (IRA). En 1984, el grupo atentó sin éxito contra ella y todo su gabinete en el sureño balneario de Brighton.

Pese a sus esfuerzos por frenar la inmigración, lo que le valió acusaciones opositoras de racismo, las cifras de extranjeros aumentaron en forma dramática y Reino Unido se convirtió en el territorio multirracial que es hoy.

Fue cercana al exgobernante de facto de Chile Augusto Pinochet, defensora de las privatizaciones, la familia, la pena de muerte y, en sus últimos años, del medio ambiente.

Sin sombra

En la escena internacional, Thatcher fue protagonista de la guerra de las Falklands o Malvinas con Argentina en 1982, un conflicto que dejó cerca de 1.000 muertos –la mayoría entre las tropas argentinas– y le valió un vasto apoyo popular que se reflejó en su primera reelección.

Fue cercana a Augusto Pinochet y defendió las privatizaciones, la familia y la pena de muerte.

La "Dama de Hierro" sostuvo intensas relaciones políticas con hombres que dominaron el panorama internacional en los años ochenta, especialmente con el entonces presidente de Estados Unidos, Ronald Reagan, y su homólogo soviético, Mijaíl Gorbachov.

Tras su renuncia, Thatcher siguió siendo una figura, quizá no relevante en la práctica pero sí desde el punto de vista simbólico. La reina Isabel II la admitió en la Orden del Mérito y su esposo recibió el título de Barón.

En cierta ocasión, el periódico británico The Times afirmó que para bien o para mal, Thatcher había hecho historia.

Exigente y adicta al trabajo, hasta sus más apasionados detractores han debido admitir en algún momento que en la segunda mitad del siglo XX ningún hombre en el Reino Unido fue capaz de hacerle sombra.

Agencias