La agencia espacial rusa Roscosmos vive tiempos difíciles transcurridos 20 años desde su fundación el 25 de febrero de 1992. Los descendientes del padre de la cosmonáutica soviética, Serguéi Koroliov, no han logrado materializar muchas esperanzas puestas en el espacio y superar las consecuencias de la crisis que sufrió en los años noventa el sector espacial ruso, que siempre ha pesado en los sentimientos que predominan en la sociedad rusa.

La industria espacial de Rusia afronta una crisis sistémica, con el sector degradándose paulatinamente.

En los años noventa y a principios de los 2000 el período de transición en Rusia, la industria espacial carecía de nuevos cuadros y retrocedió en el campo de las tecnologías. Pero cuando a mediados de los 2000 el Gobierno ruso empezó a destinar recursos al sector abandonado en la miseria, este organismo enfermo fue incapaz de gastar este dinero de manera adecuada. No solo no se logró resolver los problemas existentes sino que aparecieron nuevas dificultades.

 

Mientras tanto, no se debe subestimar el papel de la industria espacial como elemento vinculado  con el problema de la identidad nacional en Rusia. Por eso cuando los dirigentes de Roscosmos celebran su 20º aniversario están conmemorando algo importante.

Mercado y colapso

La historia de Roscosmos se inició hace 20 años, cuando el Estado inesperadamente se quedó sin dinero. Esto tuvo repercusiones en el presupuesto de sectores cuyo único cliente era el Gobierno ruso.

En 1993, el Centro espacial 'Mijaíl Jrúnichev' dio un paso importante para mantener la industria espacial nacional al firmar acuerdos gracias a los cuales los cohetes propulsores rusos Proton salieron al mercado internacional de servicios de lanzamiento. Posteriormente, se logró suscribir acuerdos similares respecto a los cohetes Soyuz.

Esto aportó las necesarias divisas extranjeras, pero su volumen fue insuficiente para modernizar la industria espacial o al menos mantener su poderío anterior. Sin embargo, gracias a estos recursos, las industrias de alta tecnología no sufrieron colapso y no cayeron al abismo, en el fondo del cual les esperaban estructuras criminales que privatizaban las fábricas para vender su equipo o poner sus espacios en alquiler como almacenes.

En aquella época solo se logró conservar las tecnologías básicas a un nivel mínimo, pero fue imposible modernizar o desarrollar el sector espacial. A mediados de los noventa, Moscú apostó por el desarollo del programa soviético de exploración de Marte con la sonda 'Mars-96'. Pero el sector espacial carecía recursos financieros y según varias fuentes, esto conllevó el fracaso de la misión. El 17 de noviembre de 1996, debido a un fallo en la unidad de aceleración, la sonda 'Mars-96' se desintegró en las capas densas de la atmósfera pocas horas después de su lanzamiento y cayó en las aguas del Pacífico.

Así las cosas, no se pudo saber si esta sonda era capaz de alcanzar Marte.

La década de los 2000 no aportó nada bueno. En Rusia se realizaban varios programas espaciales, como el desarrollo de satélites terrestres y aparatos para la exploración del espacio lejano, pero solo en caso de que el Estado destinara recursos para tales programas, cosa que sucedía en raras ocasiones.

El Gobierno encuentra dinero para la industria espacial. ¿Dónde está la industria?

Solo en la segunda mitad de la pasada década el asunto salió del punto muerto y el presupuesto de Roscosmos empezó a crecer rápidamente. Se dio la posibilidad de realizar al menos una parte de los programas espaciales que estaban pendientes.

Pero las capacidades financieras no coincidieron con las capacidades físicas. El dinero se destinaba a programas tradicionales para la época soviética que fue imposible realizar en los plazos estipulados. Todo esto acabó con retrasos y accidentes.

Los fabricantes no tenían tiempo para recibir piezas de buena calidad, el desarrollo de los principales sistemas sufrió varios fracasos y los programadores se apresuraban a desarrollar un software. Cuando el aparato al fin y al cabo se lanzaba al espacio cruzando los dedos, todos sus defectos salían a la superficie.

2011, declarado el Año del Espacio, se inició con la caída, algo anticipada, de tres satélites del sistema ruso de posicionamiento y navegación GLONASS  en diciembre de 2010 debido a un fallo en la unidad de aceleración.

Fue un gran fracaso. Práaticamente por primera vez se reconoció abiertamente que la mejor industria espacial en el mundo no solo es capaz de afrontar fallos técnicos sino también de confundir los modelos de cálculo sin percatarse. Entonces sonó la alarma. No sólo la infraestructura está degradándose sino los cuadros y el organismo. Y es imposible curarlos con  dinero. Es necesario aplicar medidas razonables acompañadas de una buena organización del trabajo y la preparación de expertos.

 

 

 

Pero los acontecimientos posteriores mostraron que ni siquiera habíamos podido imaginar las dimensiones de la degradación. Los aparatos empezaron a caer uno tras otro: el satélite geodésico de uso militar 'Geo-IK-2', el satélite de telecomunicaciones 'Express-AM4', el carguero 'Progress M12M' y, finalmente, la sonda interplanetaria 'Fobos-Grunt', que, si bien fu lanzada con éxito, no pudo llegar a la órbita terrestre.

A finales de 2011, en Siberia cayó el satélite 'Meridian', lanzado desde el cosmódromo de Plesetsk.

Como es imposible seguir pasando por alto la situación, este año es posible que el sector empiece a restablecerse “desde cero”, con programas de preparación de cuadros, la revisión y reconstrucción radical de los organismos de control y cambios evidentes en su organización.

No se debe confundir estos cambios con las decisiones en el ámbito de los cuadros que, según se sabe, es el modo más simple y rápido de demostrar que aunque el problema queda sin resolución, todo está bajo el control sin importar que no haya resultados.

Por esta razón se abre camino una segunda solución: si el trabajo de los dirigentes se hace más intenso pueden aumentar sus salarios. Así, los recursos presupuestarios en el sector pueden gastarse con excesiva amplitud, porque el presupuesto crece y falta el orden.

País del chamanismo triunfante

En realidad, los éxitos de la Unión Soviética en la carrera espacial es uno de los pocos asuntos que simbolizan para los ciudadanos rusos que Rusia es heredera legal de la URSS. Otro asunto es  el potencial nuclear, pero no se puede demostrar en la práctica.

El miedo de perder el estatus de potencia espacial es un mito. Un cosmonauta ruso fue el primero en el mundo en volar al espacio, así que no tenemos derecho de fingir que nuestro país no es el mismo. En caso contrario, puede romperse el hilo de la historia y caer el velo de la grandeza, mientras que la población se encontrará en medio de un paisaje poco agradable.

Así las cosas, Roscosmos es hoy por hoy el centro principal del chamanismo estatal. Su misión no solo consiste en buscar y gastar recursos sino también en fortalecer metafísicamente la identidad nacional inestable. Para esto es necesario sacrificar miles de millones de recursos presupuestarios.
En realidad, es difícil encontrar otro sector cuyos éxitos podrían ser una mejor propaganda de la eficacia de la política actual, teniendo en cuenta la imagen positiva que tiene la industria espacial a los ojos de los ciudadanos rusos .

Es posible sentir orgullo por el el famoso Sputnik, primer satélite artificial de la Tierra, y por Yuri Gagarin, primer cosmonauta que voló al espacio. Pero ¿se pueden experimentar los mismos sentimientos respecto a los gasoductos, aunque sean de mucha importancia para la economía rusa?

RIA Novosti