El presidente ruso, Dmitri Medvédev, y su homólogo estadounidense, Barack Obama, suscribieron el 8 de abril de 2010 el nuevo Tratado de la Reducción de las Armas Estratégicas Ofensivas (START) durante un encuentro que celebraron en Praga.

Pasados dos años, parece que ambas partes le han sacado todo el provecho posible a este Tratado. EEUU y Rusia mantienen serias discrepancias sobre la defensa antimisiles y otras cuestiones y están al borde de una nueva carrera armamentística.

A la virtud por necesidad

Rusia y EEUU se comprometieron mediante el Tratado START a reducir su arsenal de armas estratégicas ofensivas hasta 1.550 ojivas nucleares y 800 vehículos correspondientes, desplegados y en reserva.

Rusia logró cancelar la presencia permanente de inspectores estadounidenses en la planta de Votkinsk (República de Udmurtia en la región del Volga), productora de misiles Topol-M, Yars y Bulavá, base del escudo antimisiles de Rusia. Además, los procedimientos de intercambio de información de telemetría sobre el lanzamiento de misiles se hicieron más flexibles.

Pero teniendo en cuenta el ritmo de envejecimiento de los misiles que están en los arsenales del Ejército ruso que este heredó de la época soviética, 1.550 ojivas nucleares no es el límite de la reducción natural.

Los misiles obsoletos de ojivas múltiples que se retiran del servicio operativo pueden reducir la cantidad de ojivas desplegadas. Si Rusia no acelera el proceso de la incorporación a los arsenales del Ejército de nuevos sistemas de misiles con ojivas de de reentrada múltiple, su potencial nuclear se reducirá a niveles más bajos que los estipulados en el Tratado START.

Según los expertos, si la tendencia actual persiste, la cantidad de ojivas podrá reducirse hasta el nivel de 1.100 o 1.200, incluidas las desplegadas a bordo de aviones estratégicos que desempeñan más bien un papel secundario en la triada nuclear de Rusia.

Por eso Rusia se verá obligada a incorporar nuevo armamamento nuclear en servicio operativo a ritmo acelerado para mantener el arsenal de armas estratégicas ofensivas a nivel estipulado en el Tratado START.

Según un análisis realista de la situación, Moscú era incapaz de mantener un número más grande de las ojivas nucleares en los vectores estratégicos. En este sentido, se puede considerar el Tratado START como la victoria pragmática de la diplomacia rusa.

En otras palabras, Moscú obligó a EEUU a firmar un documento jurídicamente vinculante para adaptarse a la reducción natural de las armas estratégicas ofensivas de Rusia que no depende de los procesos del desarme mundial. Es decir, se hizo de la necesidad virtud.

No es un éxito espectacular para la anterior potencia nuclear, pero ¿ha existido alternativa? Esta alternativa era simple. Rusia perdería sus ojivas en todo caso sin que EEUU se comprometiera a reducir su arsenal y cancelar una serie de procedimientos y restricciones que molestaban a la industria militar rusa y a los militares.

Gestión estratégica de riesgos

Parece que es el único resultado positivo del Tratado START. Los modestos éxitos conseguidos en el ámbito de reducción de las armas estratégicas ofensivas son de poca importancia en comparación con el rearme progresivo de las fuerzas estratégicas estadounidenses que van mejorando la calidad del control de combate y su capacidad combativa.

El tema del escudo antimisiles que EEUU y la OTAN están desplegando en Europa ya provoca náuseas y últimamente se convirtió en el principal objeto de discrepancias entre Moscú y Washington.

EEUU planea crear su propio sistema de defensa antimisiles, que será móvil, de arquitectura flexible, dotado con equipos informáticos y de designación de objetivos de alto nivel de integración. Además, se prevé desarrollar la capacidad combativa de este sistema.

Rusia considera esta infraestructura como una amenaza potencial capaz de afectar el potencial de las Tropas de Misiles Estratégicos de Rusia de asestar el golpe de represalia.

Moscú mantiene una postura rígida exigiendo garantías técnicas y jurídicamente vinculantes de que el escudo antimisiles en Europa no apuntará a Rusia.

Washington niega a Moscú las anunciadas garantías jurídicas, mientras que da a entender que continuará desplegando el escudo antimisiles y exige inciar la discusión sobre el control de los arsenales nucleares tácticos, lo que provoca una reacción negativa del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia.

Hacia el verano de 2011, la situación llegó en un callejón sin salida.

Otro tema que suscita menor polémica es el concepto PGS (Ataque Inmediato Global), aprobado hace poco en las Fuerzas Armadas de EEUU.  La idea principal es desarrollar las armas convencionales de alta precisión para atacar cualquier sitio en la tierra en los sesenta minutos siguientes desde el momento en que se ha tomado la respectiva decisión.

En el marco del concepto, EEUU planea utilizar tres tipos de armas. Se trata de ojivas convencionales de alta precisión para los misiles balísticos emplazados en submarinos Trident, misiles alados hipersónicos (hoy por hoy, su prototipo X-51 Waverider está sometido a pruebas), así como las “plataformas espaciales”.

Al parecer se trata de aviones espaciales no tripulados, uno de los cuales, el X-37, está pasando pruebas en la órbita terrestre durante más de un año.

Perspectivas vagas

EEUU está desplegando un sistema de defensa antimisiles flexible, capaz de modernizarse fácilmente, que podría hipotéticamente utilizar cualquier dispositivo móvil. Es evidente que Rusia ve amenaza en estas armas ofensivas, capaces de asestar un “golpe desarmante” contra la infraestructura de las fuerzas nucleares estratégicas de Rusia.

Moscú puede reaccionar con la denominada “respuesta técnico-militar” que prevé el despliegue de nuevos sistemas de misiles dotados de equipos con mejoradas capacidades de romper el escudo antimisiles.

Rusia eligió la estrategia eficaz de asestar un golpe nuclear masivo contra el escudo antimisiles del enemigo. Los militares son personas prácticas y tratan de estimar cuántas lanzaderas podrían sobrevivir en el golpe de represalia y cuántas alcanzarían sus objetivos en el territorio del enemigo.

Es difícil adivinar ahora qué estipulará el siguiente Tratado START, que se firmará hipotéticamente en 2020.

La situación para el desarrollo del proceso de negociaciones sobre la reducción de las armas nucleares deja mucho que desear. Una nueva carrera armamentística, quizás a menor escala que en la época de la “guerra fría”, parece lo más probable.

RIA Novosti