El Ministerio ruso de Defensa vuelve a mostrar su disposición a comprar armamento y material bélico a Occidente. Esto provoca una indignación justificada de los que se pronuncian por fomentar la industria de Defensa nacional.

Rusia ya ha adquirido portahelicópteros anfibios clase Mistral, vehículos blindados Iveco, fusiles austríacos Steyr-Mannlicher SSG 04. Ahora los militares rusos prueban el vehículo blindado de combate Centauro de fabricación italiana.

Según una fuente de la exportadora estatal de armas rusa Rosoboronexport, una vez concluidos los ensayos, es posible que se compre una licencia para la producción de estos vehículos en Rusia.

El primer vicepresidente de la Comisión Militar-Industrial supeditada al Gobierno ruso, Yuri Borisov, corrigió inmediatamente a sus colegas del sector de Defensa declarando que si se comprara algo, serían partidas pequeñas de  muestras del material bélico para estudiar sus características y tecnologías.

¿Es en realidad una idea sutil de introducir en Rusia el armamento y material bélico de última generación que la OTAN tiene en sus arsenales? ¿O vuelve a poner esto en evidencia que la industria rusa de Defensa está sumida en una profunda crisis y los militares rusos pasan por alto los intereses del fabricante nacional? Este fabricante tradicionalmente suministraba los productos “únicos, que no tienen equivalente” y “no son inferiores sino en cierto grado superiores” a las mejores muestras de armas fabricadas en el extranjero.

Una mina de talento

Algunos rusos siguen pensando que Rusia es el líder mundial y la industria rusa de Defensa es una mina de talentos y mano de obra competente capaz de fabricar milagros en caso de que se le plantee una tarea correspondiente.

Otros que están hartos de la propaganda oficial de los últimos años de existencia de la URSS y descartan la posibilidad de conseguir para el sector de Defensa la independencia tecnológica y de producción.

Podemos observar en este caso una lucha típica entre dos traumas psicológicos. En la década de los setenta y ochenta, cuando la URSS alcanzó el apogeo de su poder, este país fue reconocido como líder mundial en varios ámbitos, mientras que en otros hacía todo lo posible para impedir que se ampliara la brecha tecnológica que existía entre la Unión Soviética y Occidente.

La URSS hizo múltiples descubrimientos y alcanzó logros importantes, pero en general su nivel de desarrollo tecnológico era inferior al de los países occidentales. En cuanto los productos empezaban a fabricarse en serie, la brecha se hacía más amplia, como si se hiciera realidad el  famoso chiste: “Podemos crear un satélite único y no podemos fabricar dos sillas iguales”.

En 1991, la situación empeoró drásticamente. Incluso se perdieron muchas tecnologías y proyectos poco desarrollados, pero que habían estado disponibles anteriormente. En varios sectores, esto se puso en evidencia a finales de los 2000, cuando varios relevantes diseñadores mostraron su incapacidad de fabricar un equipo que funcionara con más o menos eficacia, incluso el que en EEUU y otros países occidentales ya se consideraba obsoleto.

¿Cómo deberían comportarse en esta situación los dirigentes políticos de Rusia, que se ha acostumbrado de considerarse uno de los líderes mundiales pero casi no puede mantener la base financiera y científica de este liderazgo?

Tres opciones

Se puede suspender todos los contactos del sector de Defensa con el mundo exterior, volver a nacionalizarlo, restablecer el sistema de ministerios que atendían las necesidades de la Defensa y cargar de contratos a la industria y de trabajos de investigación y desarrollo (I+D) a los institutos científicos.

Es decir, como si se asumiera que estamos rodeados por los enemigos y tenemos que hacerlo todo por nuestras propia cuenta. En caso contrario, los enemigos nos esclavizarán.

En la situación actual, esto puede debilitar aún más el sector ruso de construcción de maquinaria y el de I+D.

Además, el aislamiento no podrá disminuir la brecha sino la aumentará. El atraso de Rusia tiene un carácter sistémico y no podrá eliminarse sin la ayuda externa.

Además, se puede comprar todo lo necesario en caso de disponer de recursos suficientes. Se pueden firmar contratos con los fabricantes domésticos si son capaces de suministrar los productos necesarios o con los extranjeros.

El resultado ideal de la aplicación de esta política muestra la experiencia de Arabia Saudita según la cual las compras de armamento y material bélico moderno en petrodólares se habían convertido en una afición y un enriquecimiento personal de la élite gobernante.

Existe la tercera opción que, a diferencia de las dos primeras, exige un control competente y análisis científico aún más competente. Además, se deberán elaborar unas 30 o 40 estrategias en el ámbito de desarrollo del sector innovador y la industria manufacturera para los próximos 15 o 20 años.

Esto requiere asimismo una especial política exterior destinada a la integración global, que permitirá aprovechar las discrepancias que existen entre varios países con el fin de obtener beneficios al máximo.

Introducción de tecnologías extranjeras

La cooperación entre los ingenieros ópticos de Rusia y las corporaciones de Defensa de Francia sirve de ejemplo de aplicación de la anunciada tercera opción. La industria de Defensa de la URSS sufría un atraso regular y sistémico en la fabricación de varias tecnologías óptico-electrónicas, incluidas las cámaras térmicas e infrarrojas.

La cooperación con Francia se desarrolla siguiendo un guión tradicional. Al inicio, se hace un intento de reproducir un diseño para la fabricación del que se necesita una tecnología de la que no dispone nuestro país. Una vez asimilada esta tecnología, se sube al siguiente nivel.

Por ejemplo, en una planta ubicada en la ciudad de Vologda, en el norte de Rusia, se ensambla bajo la licencia de la compañía francesa Thales las cámaras térmicas para los carros de combate Т-90 destinados a la exportación.

Mientras, una fábrica óptico-mecánica de Ural asimismo fabrica las cámaras térmicas junto con la empresa Sagem.

En la URSS, este método fue preferido y sirvió de base para un rearme rápido de las Fuerzas Armadas soviéticas y la modernización tecnológica de la industria llevada a cabo por el entonces líder soviético, Iósif Stalin.

En aquella época, en varios sectores la brecha entre la URSS y los países occidentales industrializados era enorme.

Al comprar las muestras del armamento y material bélico, las copiaron y las empezaron a fabricar en serie en la URSS. De este modo, el Gobierno soviético logró mantenerse al nivel de los líderes mundiales.

Esta política se aplicaba hasta la Segunda Guerra Mundial (en paralelo con la creación de la industria pesada nacional) e inmediatamente después de la guerra. Es el caso de los misiles balísticos y de crucero, los propulsores a reacción para aviones. Además, recordemos al bombardero Tu-4, que representaba una copia no autorizada del aparato B-29 estadounidense.

Es un trabajo difícil y a largo plazo, requiere un examen cauteloso y buen manejo del proceso de producción industrial, tomando en consideración los problemas y puntos de crecimiento potenciales. Además, es necesario alejar las recomendaciones finales de la influencia de la presión del lobby y la corrupción.

No se podrán presentar los resultados de este trabajo a finales del ejercicio financiero ante los líderes del Estado y olvidar al día siguiente del proceso iniciado y los gastos realizados, como se hizo en reiteradas ocasiones con los proyectos de infraestructura a los que se habían destinado muchos recursos.

Pero si se trata de una política gubernamental de desarrollo de la industria o las tecnologías a largo plazo, no hay alternativa a este enfoque. Tenemos que entender de lo que se trata en realidad y lo que va a crecer en el descampado dentro de 10 o 15 años, además de malas hierbas malas que seguramente estarán allí.

RIA Novosti