Próximamente, los diputados de la Duma de Estado (Cámara baja del Parlamento ruso) han de aprobar el Acuerdo sobre Procedimientos de Formación y Funcionamiento de las Fuerzas y Recursos de la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC).

La ratificación del documento permitirá registrar avances notables en el proceso de la integración política y militar del espacio euroasiático.

En mayo cumplieron 20 años desde la suscripción del Tratado de Seguridad Colectiva y 10 años desde la formación de la organización del mismo nombre, integrada por Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Rusia, Tayikistán y Uzbekistán. Actualmente se está redactando el texto del memorándum entre el Secretariado de la OTSC y el Departamento de Operaciones de Mantenimiento de la Paz de la ONU, lo que ayudará a conceder al organismo creado en el espacio postsoviético un mayor grado de legitimidad internacional.

La pregunta es si sería correcto considerar la OTSC como una alternativa a la OTAN, en calidad de “contrapeso euroasiático”.

Moscú  como promotor de la integración

Y no es la única pregunta que surge al respecto. ¿Podríamos hablar de la formación de un segundo ‘polo geopolítico’ en el mundo actual? La pregunta es pertinente dada la planeada retirada de las tropas estadounidenses y de sus aliados de Afganistán. ¿Sería acertada la conclusión de que la época del mundo unipolar, criticada con tanta severidad por la diplomacia rusa, está llegando a su final?

En realidad, la OTSC tiene ciertas posibilidades de convertirse en una eficiente estructura encargada de preservar la seguridad. No obstante, sería precipitado asegurar que representa una verdadera alternativa a la OTAN o, en términos más generales, a todo el mundo occidental.

En primer lugar, porque la magnitud de los recursos de los que dispone la OTSC son incomparables con la de las fuerzas de la OTAN. Verdad es que, como decía el ilustre adalid ruso Alexander Suvórov, “no se vence por el número, sino por la destreza”. Al mismo tiempo, los expertos ofrecen unas opiniones muy dispares sobre la destreza de diferentes organismos internacionales.

Es sumamente importante el potencial integrador de los países participantes en la OTSC. No obstante, incluso una evaluación muy aproximada revela que Rusia sigue desempeñando el papel de principal “donante” de la estructura regional en cuestión.

A diferencia de la OTAN, que es una “cuestión de honor” no sólo para Estados Unidos sino también para los aliados, que comparten con EEUU la carga de los gastos de la Alianza, la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva es una estructura financiada en exclusiva por Moscú. La motivación de los otros miembros de la organización es considerablemente menos fuerte.

Las discordias internas

La necesidad de reforzar el componente militar de la OTSC fue planteada por  primera vez por el presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, durante la Cumbre de la Organización que se celebró en Moscú el 5 de septiembre de 2008. Aquella cumbre dedicó mucha atención a los resultados de la “guerra de los cinco días”, en la que se habían enfrentado Rusia y Georgia. Se puso de manifiesto la disposición de los aliados de Moscú de apoyar su postura respecto a las repúblicas no reconocidas de Osetia del Sur y Abjasia y las decisiones tomadas por el Gobierno ruso en aquellos días de agosto.

Al mismo tiempo, seis de los siete miembros de la OTSC (Armenia, Bielorrusia, Kazajstán, Kirguizistán, Tayikistán y Uzbekistán) evitaron bajo diferentes pretextos  reconocer de manera oficial la independencia de las antiguas regiones autonómicas de Georgia.

Desde septiembre de 2008 la situación cambió considerablemente tanto a nivel internacional como en la región euroasiática. No obstante, los miembros de la OTSC, aparte de Rusia, no dieron ningún paso hacia el reconocimiento de la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Más aún, después de los acontecimientos de agosto de 2008 algunos vecinos de Rusia sienten un evidente miedo.

¿Podría tratarse de los contratiempos de unos estados soberanos de escasa edad? Sin lugar a dudas. ¿Serán acaso fobias fomentadas de manera intencionada? Seguramente sí. Al mismo tiempo, las élites gobernantes de las antiguas repúblicas soviéticas están intentando maniobrar entre Moscú y Washington.

Además, los miembros de la OTSC se ven enzarzados en discordias internas. Kazajstán y Uzbekistán tienen un intenso enfrentamiento fronterizo, a la vez que no cesa el conflicto entre Uzbekistán y Tayikistán.

El problema principal sigue consistiendo en la poca capacidad de los miembros de la Organización de elaborar posturas comunes relativas a la seguridad en Eurasia, incluso si en el proceso de toma de decisiones no participan ni la ambiciosa Ucrania, ni el conflictivo Azerbaiyán. Ni tampoco Moldavia que no deja de reclamar a Rusia el territorio de Transnistria. Ni siquiera Georgia, que tiene pésimas relaciones con Rusia.

Imaginemos que se produce una nueva escalada de violencia en el Cáucaso del Sur: por ejemplo, en Alto Karabaj, disputado por Armenia y Azerbaiyán. Teniendo en cuenta que Armenia nunca ha descartado el uso de la fuerza en la solución del conflicto y que el país es miembro de la OTSC, Ereván está en su completo derecho de esperar ayuda de sus aliados.

¿Estarían dispuestos a respaldar a los armenios Kazajstán y Tayikistán, cuyos contactos económicos con Azerbaiyán se están haciendo cada vez más intensos? Todo parece indicar que, en caso de que en Alto Karabaj los acontecimientos se desarrollen de una manera desfavorable, Ereván apenas podrá contar con un apoyo unánime de todos los miembros de la OTSC.

Merece la pena señalar también que los Estados centroasiáticos se muestran reticentes a la hora de solucionar problemas que no afectan directamente a su región. Bastaría con recordar la pasividad de los países miembros de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) demostrada durante la misión de paz llevada a cabo en Abjasia entre 1994 y 2008 bajo el mandato de toda la Comunidad y no exclusivamente de Rusia.

El Tratado de la Seguridad Colectiva fue firmado el 15 de mayo de 1992 y su firma se debió en gran medida a la escalada de tensiones en la frontera tayiko-afgana. En un principio estaba fuertemente orientado a la región de Asia Central. Pasados 20 años, este aspecto sigue siendo dominante en la OTSC.

Dos puntos de apoyo es mejor que uno

Los países de la OTSC no están preparados para enfrentarse de manera decidida a Occidente. Un funcionario kazajo de alto rango señaló al respecto que “dos puntos de apoyo son mejor que uno”, de modo que a la realidad de la OTSC apenas se podría aplicar la filosofía de “es imprescindible elegir entre Rusia y los países occidentales”, tan popular en determinados círculos de la sociedad rusa.

Todos los países de la Comunidad de Estados Independientes, incluidas Bielorrusia y Armenia, tienen sus propios intereses y sus propias expectativas relacionadas tanto con la UE como con EEUU. Así, Ereván pone las esperanzas en los grupos de presión que promueven los intereses de los armenios y son especialmente fuertes en Washington y París. Por lo tanto, de una manera directa o no tanto, los miembros de la OTSC intentarán evitar que el organismo se convierta en una “alternativa a la OTAN”, optando por diversificar la política exterior y la de defensa.

Incluso en Abjasia, reconocida solo en parte, se sigue apostando por la “opción de Turquía”, dado que en el país reside una numerosa diáspora abjasia.

En Armenia esta postura ha recibido el nombre de la ‘política del complementarismo’, a la que en mayor o menor medida se atienen Kazajstán, Tayikistán, Uzbekistán e incluso Kirguizistán.

Por otra parte, Rusia tampoco necesita un enfrentamiento con los países occidentales, sobre todo en estas condiciones de profunda crisis económica.

Para Moscú y Washington no será fácil llegar a una fórmula de compromiso en numerosos temas relacionados con la seguridad tanto de la región euroasiática como fuera de ella. Sin embargo, muchos aspectos de la cooperación estratégica, como por ejemplo la seguridad nuclear, la proliferación de las armas de destrucción masiva o la situación con Irán, Corea del Norte, Oriente Próximo y Afganistán precisan de la aplicación de esfuerzos conjuntos.

Son escasas las posibilidades de que la OTSC se convierta próximamente en una  especie de OTAN del espacio euroasiático. No obstante, el organismo ha de intentar convertirse en un eficiente mecanismo de mantenimiento de la seguridad en Asia Central.

Serguéi Markedónov es experto del Centro de estudios estratégicos e internacionales de Washington

RIA Novosti