La mina de oro a cielo abierto más grande de Australia es conocida como Super PitKalgoorlie es una ciudad del oeste australiano famosa por albergar la mina de oro a cielo abierto más grande de toda Australia. Esta excavación ocupa una superficie de 3,5 kilómetros de largo, 1,5 de ancho y 0,5 de profundidad, lo que la convierte en suficientemente grande como para ser distinguida desde el espacio y le otorga un nombre propio: Super Pit. La localidad, con menos de 30.000 habitantes estables, acoge cada año la convención Diggers & Dealers, la más importante del sector minero, el principal sector productivo del país.

La actividad en la mina de oro es frenética y no para nunca, con camiones subiendo y bajando sin cesar por las rampas, todos ellos conducidos por mujeres. “Son mucho más cuidadosas con las máquinas que los hombres. Pero vamos a prescindir de ellas progresivamente, sustituyendo los camiones actuales por otros teledirigidos”, explica uno de sus responsables. Los propietarios de Super Pit calculan que queda mineral y trabajo en la mina para, al menos, los próximos 28 años, por lo que semejantes innovaciones tecnológicas tienen margen para ser amortizadas, apuntan.

Australia presume de ser el continente más antiguo del mundo, con más de 50.000 millones de años de existencia, lo que explicaría la riqueza de su subsuelo y su abundancia de materias primas. “Nombra un mineral y seguro que lo tenemos”, es el chascarrillo generalizado entre los guías del país. De ahí que la industria minera ocupe un puesto preeminente en la economía australiana y sea la causa que explica el crecimiento del consumo de los hogares, donde las compras de automóviles crecieron a un ritmo del 23% anual, y del gasto público, gracias a los extraordinarios ingresos que aporta a las arcas públicas.

De hecho, Australia es uno de los pocos países desarrollados que han logrado esquivar la recesión en estos años. Incluso en lo peor de la crisis, a mediados de 2009, su tasa de crecimiento siempre se mantuvo en territorio positivo, y en el segundo trimestre de este año el PIB registró un aumento interanual del 3,7%, “muy por encima de cualquier economía desarrollada”, se apresuró a apuntar el responsable del Tesoro, Wayne Swan. Un desempeño que el propio Fondo Monetario Internacional (FMI) ha calificado de “envidiable”.

Pese a la brillantez de semejante expediente, que cualquiera de sus homólogos de la OCDE se apresuraría a firmar, ese último dato de crecimiento hizo saltar las alarmas en Canberra. La tasa interanual del PIB escondía un fuerte frenazo en el crecimiento entre abril y junio respecto al trimestre anterior —0,6% frente al 1,4%— y venía acompañado de una caída en los precios de las exportaciones, lo que augura un descenso de beneficios empresariales, salarios e ingresos fiscales en los próximos meses, y una desaceleración de la demanda en China, su principal cliente.

“El destino económico de Australia parece cada vez más determinado por el exterior”, explica Gavin Stacey, de Barclays Capital. “Los mayores riesgos a corto plazo para el país pasan por los acontecimientos en Europa y si el crecimiento de China se frena con fuerza antes de que las más recientes medidas de estímulo empiecen a hacer efecto”, subraya otro analista de la firma, Kieran Davies.

En Australia, todo gira alrededor de la minería. El florecimiento de los servicios financieros se explica por la fuerte entrada de divisas derivada de las exportaciones de materias primas. Los grandes rascacielos pertenecen a compañías mineras, la Bolsa de Sidney está entre las 10 mayores del mundo por capitalización (aproximadamente 1,2 billones de dólares en 2011) y el auge generalizado de las materias primas explica el fuerte aumento de la renta per capita del país en los últimos años: desde 40.672 dólares en 2007 hasta alcanzar los 60.460 dólares en 2011, según datos del Banco Mundial. Un nivel que contrasta con los 48.442 de Estados Unidos o los 32.244 de España, y al que contribuye, no obstante, su baja población, unos 22,6 millones de habitantes. En Kalgoorlie, por ejemplo, un electricista bien puede ganar unos 130.000 dólares australianos al año (unos 106.000 euros).

Pero esa burbuja en la que parecía instalada Australia corre el riesgo de un brusco pinchazo. Los datos adelantados del índice manufacturero en China han caído al nivel más bajo en nueve meses, mientras que el índice mundial se encuentra también en los niveles de noviembre de 2001, lo que hace más que posible “un nuevo ciclo bajista”, apuntan los expertos. Asimismo, los precios del mineral de hierro, la principal exportación australiana y que en un 62% tiene como destino el gigante asiático, están en el nivel más bajo desde finales de 2009 y solo desde el pasado mes de septiembre acumulan una caída del 45%.

Los economistas del banco Wetspac, la primera entidad financiera del país, apuntan que la industria minera afronta “un punto de inflexión”. En su informe de coyuntura del pasado mes de agosto, la entidad aclara que “hasta ahora el crecimiento de la inversión en la minería explicaba casi la mitad del crecimiento australiano” pero, en su opinión, el pico de esta tendencia está muy cercano y prevén un descenso gradual de la inversión minera en 2013 y 2014.

Cómo pueda impactar este factor en la economía dependerá, en buena medida, del comportamiento que tenga el mercado laboral. Pese a que la tasa de paro resulta la envidia de cualquier economía desarrollada, con un 5,1% en 2011, el crecimiento del empleo en el último año se ha situado apenas en el 1%. Las retribuciones salariales crecen, sin embargo, a ritmos del 5,9%, y los empresarios se quejan de que el salario mínimo por hora supera con creces el de Estados Unidos, 17 dólares frente a 5.

En estas circunstancias, los analistas esperan que el banco central vuelva a bajar los tipos de interés en octubre, tras las rebajas de mayo y junio que los dejaron en el 3,5%. Pero su verdadera preocupación son los cambios que impondrá a la economía la nueva dirección del Partido Comunista Chino, que asumirá el poder a finales de octubre o principios de noviembre. De su sesgo dependerá, en buena medida, el futuro de la economía australiana.

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