Martin BryantTras la matanza de 35 personas en 1996, Australia tomó el control de cientos de miles de armas de fuego gracias a un amplio consenso político, un ejemplo que sin embargo difícilmente podría aplicarse en Estados Unidos, donde la población sigue siendo muy reacia a cualquier tipo de regulación en la materia, aseguran los analistas.

El 28 de abril de 1996, Martin Bryant, un hombre de 28 años, abrió fuego contra la multitud en Port Arthur, un centro turístico en la isla de Tasmania, y mató a 35 personas. Luego retuvo a varios rehenes durante dieciocho horas y finalmente fue detenido y condenado a cadena perpetua. Doce días más tarde, un amplio consenso político culminó con la prohibición de las armas largas y las armas cortas. "Si no hubiese hecho nada, habría erosionado la autoridad moral que tenía como Primer ministro recientemente elegido", explicó hace poco John Howard, nombrado jefe del gobierno australiano dos meses antes del drama de Port Arthur.

En un año, las autoridades australianas recuperaron 600.000 armas gracias a un programa de recompra y a una amnistía para los propietarios de armas ilegales. Desde entonces no ha habido otra matanza de este tipo. En marzo de 1996, unas semanas antes del drama de Port Arthur, Gran Bretaña vivió una tragedia similar cuando un desequilibrado mató a 16 niños y a su maestra en una escuela de Dunblane. En los últimos años, Alemania y Finlandia también fueron el escenario de varias matanzas de escolares, pero es en Noruega donde se produjo el episodio más sangriento cuando el extremista Anders Behring Breivik mató a 69 personas durante un congreso de jóvenes laboristas el 22 de julio de 2011.

En Estados Unidos, la matanza de la semana pasada en una escuela de Connecticut que dejó 26 muertos, entre ellos 20 niños, pone de nuevo sobre la mesa el debate sobre las armas en un país donde están muy arraigadas. El presidente estadounidense Barack Obama encargó a su vicepresidente Joe Biden que encuentre una respuesta a la violencia con armas de fuego y que examine como reglamentar la venta de fusiles de asalto y de cargadores de gran capacidad. Philip Alpers, de la universidad de Sídney, trabajó durante cuatro años en el control de armas en Estados Unidos y es uno de los que duda de la capacidad de Obama para cambiar la cosas, tal y como pasó en Australia. "Culturalmente somos muy diferentes. La reacción natural de los australianos después de Port Arthur fue decir que teníamos que reducir el número de armas en circulación. Howard tenía un apoyo masivo de la opinión pública", recordó.

En Estados Unidos, "las armas se confunden con la libertad y la opinión está muy dividida" Según John Howard, Obama tendrá que enfrentarse al lobby de las armas, pero no tiene otra opción que actuar. "Será difícil, pero no imposible", declaró esta semana al 'Daily Telegraph' de Sídney.

En 2009, en Australia hubo una media de 0,1 homicidios por arma de fuego por cada 100.000 personas, frente a los 3,2 de Estados Unidos, según los últimos datos de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (ONUDD). No obstante, 15 años después, todavía hay algunos australianos que siguen cuestionando la relación entre el número de personas que tienen armas y la mortalidad por balas. La asociación australiana de tiradores deportivos se apoya en un estudio del Melbourne Institute, un centro de investigaciones económicas y sociales, que afirma que "hay pocas pruebas para sugerir que [la ley sobre las armas de 1996] haya tenido un efecto significativo en los homicidios por bala y los suicidios".

MARTIN PARRY / AFP