Por quinto año consecutivo Somalia encabeza el ‘Índice de Estados Fallidos’ que publica anualmente la revista Foreign Policy en colaboración con el Fondo estadounidense para la Paz. Según los autores del mismo, Rusia está entre los países catalogados como estados “en peligro”.

Mejor vivir en Nueva Zelanda

En el mapa interactivo creado por los expertos del Fondo para la Paz hay territorios coloreados de verde oscuro: Nueva Zelanda, Australia, países escandinavos, Alemania, Austria, Suiza Irlanda y Canadá. Otros países del Occidente, a los que se unen Japón y Corea del Sur, están pintados de verde claro. Son países dos categorías supremas: “los más estables” y “estables”. Esto está fuera de dudas: el Occidente es el mejor.

Los estados más fallidos están marcados con el color rojo escarlata. Son 28 países, africanos en su mayoría, excepto Haití y el ‘trío’ asiático: Afganistán, Pakistán e Irak.

Aunque no existe una definición consensuada para el término, se tiende a calificar de ‘Estado fallido’ a aquel que ha perdido el control sobre su territorio y se ha convertido en un Estado disfuncional. Se trata de Estados en los que existe un gobierno ineficaz o tan débil que no es capaz de proporcionar a la población unas garantías y servicios mínimos, y en los que sus habitantes ven vulnerados reiteradamente derechos que les son inherentes como seres humanos.

Cabe señalar que el concepto de ‘estado’ es comprendido por los autores del Índice en su acepción más amplia y se refiere no solo al aparato estatal en sí, sino también a la sociedad. Por lo tanto, es comprensible que la condición de Sudán, por ejemplo, que se dividió recientemente en dos países, no se haya reflejado bien en su posición en la lista de estados fallidos.

Otras cosas son menos comprensibles. Por ejemplo, Georgia está marcada en el mapa con el color rojo que corresponde a los estados “en alerta”: los peores, según la clasificación propuesta. Pero en la lista está clasificado como un estado “en peligro”.

Será un fallo por el factor humano... No nos engañemos, es bien sabido cómo se confeccionan este tipo de listas: se llama a varios expertos, se contrastan sus opiniones, se dibuja un mapa. El resultado tampoco pretende ser la verdad absoluta, es más bien un entretenimiento. No obstante, de cualquier lista, índice, elenco y clasificación se puede aprender algo útil.

Ferrocarriles y carreteras

En un año las posiciones de Rusia en el Índice han empeorado y en 2012 aparece en el lugar 83 de 193 como un país “en peligro” al lado de India, México, Turquía, Arabia Saudita...

Nos podríamos hacer los ofendidos y los indignados, pero más vale estudiar con atención los argumentos de los autores de la publicación en el apartado llamado “por qué fracasan los estados”. La idea general allí expuesta se podría resumir así: hay estados que acaban siendo menos funcionales o más disfuncionales (fallidos, en la terminología original) no porque hayan sido devastados por una guerra o por un terremoto, sino porque son incapaces de aprovechar su gran potencial.

La idea se aclara con varios ejemplos, y entre ellos uno hace referencia a Rusia y Austria. En este punto los autores de la publicación de Foreign Policy exponen la tesis de que las nuevas tecnologías a veces resultan destructivas para los modelos empresariales y las instituciones existentes. Y cuentan un episodio de la historia de Austria y de Rusia: una vez al emperador austríaco Francisco I le preguntaron si quería construir ferrocarril, a lo que el monarca contestó: no, junto con el ferrocarril al país llegará la revolución. En Rusia hasta 1860 solo había una línea de ferrocarril entre Moscú y San Petersburgo.

Este episodio no explica, desde luego, por qué Austria en el mapa de Estados Fallidos de 2012 está coloreada de verde oscuro y Rusia de naranja, pero la idea es interesante. Si se piensa bien, los rusos somos conservadores y tendemos a la estabilidad, que siempre se ha visto vulnerada por reformas y revoluciones que tampoco nunca se han hecho bien precisamente porque somos muy conservadores... ¿Qué se le va a hacer? Es el carácter nacional, difícilmente modificable.

Así, con sutiles alusiones, los autores del Índice explican los fenómenos de la vida política actual, lo cual resulta mucho más impactante que los ‘sermones’ sobre los horrores del régimen de Bashar Asad o los errores económicos del gobierno ruso.

En vez de esto, en el apartado dedicado a la importancia de las infraestructuras, cuentan un caso de Perú, donde hay dos provincias montañosas pobladas por quechua, pero una tras veces más pobre por falta de carreteras.

O unos detalles sobre Egipto donde, dicen los autores del Índice, el gobierno y los militares controlaban hasta un 40% de la economía y la fortuna de Hosni Mubarak se calcula en 70.000 millones de dólares.

Será curioso si más tarde resultara, como suele pasar en estos casos, que lo de los 70.000 millones es una exageración pero que alguien tiene que tener culpa de lo que ocurre en un país debido, tal vez, al carácter nacional.

RIA Novosti