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Palabras del Ministro de Defensa Nacional, Juan Manuel Santos, en la
instalación del Seminario de Ética Militar y Policial
Bogotá,
28 de agosto de 2007
Una
transformación educativa.
El pasado
31 de mayo, en el teatro Patria, frente a miembros de todas las
fuerzas que componen la Fuerza Pública, presenté oficialmente al
país el Proyecto de Modernización y Reestructuración del Sistema
Educativo de las Fuerzas Armadas.
Como lo
dije entonces, esta transformación educativa está llamada a ser la
más profunda y completa desde la reforma militar del presidente
Rafael Reyes en 1907.
Lo que
buscamos con la reforma es forjar hombres y mujeres desde su corazón
y su intelecto, desde sus valores y conocimientos, para hacer de la
Fuerza Pública colombiana una fuerza más profesional, más moderna e
ilustrada.
Se trata,
además, de una reforma cuyos lineamientos principales son el
producto de un proceso interno y de una necesidad sentida dentro de
las mismas Fuerzas Armadas.
Su
objetivo central es consolidar un sistema de educación que le
entregue a Colombia hombres y mujeres de indeclinable espíritu
militar o policial, ejemplo de virtudes y valores éticos, en el
marco de una excelente preparación profesional.
¡Esa es
la meta! La meta es el ser humano. La meta es la creación de una
cultura dentro de las Fuerzas Armadas que, fortaleciendo el espíritu
militar o policial, ético por definición, le agregue una preparación
académica con niveles de excelencia.
Para
ponerla en práctica, se elaboró el Plan Estratégico del Sistema
Educativo -PESE-, en el que se definen cuatro líneas estratégicas de
trabajo: Doctrina, Excelencia Educativa, Liderazgo y Ética Militar y
Policial, y Derechos Humanos.
Objeto
del Seminario.
Hoy, en
este seminario, enfatizaremos en la línea estratégica que
corresponde a la Ética Militar y Policial, y lo haremos con la
intervención de expertos académicos de los Estados Unidos, quienes
explicarán cómo está organizada y estructurada la enseñanza de ética
en las Fuerzas Armadas de este país.
También
se contará con la participación de los generales Álvaro Valencia
Tovar y Fabio Arturo Londoño Cárdenas, respetados líderes y
estudiosos del comportamiento ético en las Fuerzas Militares y la
Policía Nacional, respectivamente.
Ética con
los pies en la tierra.
Lo que
pretendemos en la reforma educativa es pasar de un concepto de ética
abstracto y general, filosófico e incluso confesional, de difícil
asimilación por los combatientes, a otro de ética aplicada y
práctica, que se enseñe mediante cursos y talleres con un alto
contenido casuístico.
Sería
iluso pedir a un militar o a un policía que, durante el fragor del
combate, o ante la tentación de la corrupción o la presión de una
orden inmoral, pensaran en Aristóteles o en Max Scheler, o en
cualquier otro teórico de la ética, para tomar una decisión que
muchas veces es de segundos.
Sin
perder el sustento teórico, tenemos que aterrizar la enseñanza de
ética. ¡Construir una ética con los pies en la tierra!
La ética
que se enseñe en los institutos militares y policiales debe
aplicarse directamente a las situaciones que enfrentan cada día
nuestros hombres y que los ponen ante dilemas de comportamiento,
sobre los cuales deben tener una guía clara que no deje lugar a
dudas.
En este
sentido, ya no hablamos de enseñanza de ética, en general, sino de
formación en ética militar y policial, aplicada a las actividades
diarias de cada Fuerza, con elementos prácticos y ejemplos
concretos.
Cero
tolerancia con quienes deshonren su uniforme.
La ética
militar y policial es inherente a ese indeclinable espíritu militar
y policial que debe ser una característica distintiva de cada uno de
los hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas.
¡Un
militar o un policía que no obre bajo los parámetros de una ética
estricta no merecen llevar el uniforme de la patria!
Los
militares y policías son, básicamente, los únicos ciudadanos
autorizados a portar armas para defender la soberanía y las
instituciones republicanas, y procurar la seguridad.
Esta
confianza de la sociedad implica una altísima obligación moral que
no es opcional, en absoluto, sino que hace parte indisoluble del
ejercicio militar o policial.
Por eso,
cuando se descubren casos de corrupción, infiltraciones de las
organizaciones al margen de la ley o malos tratos por parte de
algunos miembros de las Fuerzas Armadas, nuestro deber es tomar
acciones contundentes para que se retiren y sancionen esos
elementos, y para prevenir la repetición de dichas situaciones.
Es
necesario, sin embargo, hacer unas aclaraciones fundamentales:
Primero:
Las faltas a la ética y las violaciones a la ley por parte de
algunos integrantes de la Fuerza Pública, que no merecen el honor
que la Patria les confirió al confiarles el uniforme y las armas de
la República, no pueden generalizarse ni afectar la honra y la moral
de la inmensa mayoría.
No
estamos ante la metástasis de un cáncer en la Fuerza Pública. Se
trata de unos cuantos casos, muy graves sin duda, pero que no
representan la integridad, el sacrificio y el sentido del deber que
caracteriza a los más de 390 mil miembros de las Fuerzas Armadas de
la nación.
No se
puede generalizar, ni juzgar a cientos de miles por las fallas de
unos cuantos.
Segundo:
Las denuncias y las solicitudes de investigación a la Fiscalía sobre
las diversas irregularidades cometidas por militares o policías han
nacido de las mismas Fuerzas y del Ministerio de Defensa.
Aquí no
estamos frente a una política de "tapen, tapen" sino, todo lo
contrario, en una política de transparencia y diligencia que hace
más visibles los actos de quienes deshonran su uniforme.
Preferimos el desgaste de enfrentar todos los días a los medios y a
la oposición, preguntando y cuestionando nuestras acciones y
reacciones, que la supuesta tranquilidad de guardarnos los problemas
y ocultar las manzanas podridas para no afectar la imagen de las
Fuerzas Armadas.
¡Eso sí
que sería grave! Por el contrario, estamos denunciando y obrando a
la luz del día, y apoyamos con toda la decisión las investigaciones
y decisiones de la Fiscalía y los jueces.
Tercero:
Que quede claro. La política del gobierno nacional, de este
ministerio y de los comandantes, frente a las violaciones a la ley y
a la ética, es de "Cero Tolerancia".
La
responsabilidad de los hombres de armas es proporcional a la
importancia de su misión.
Quien
falte a sus obligaciones y a su país, haciendo alianzas con
delincuentes, sin importar su rango o cualquier otra consideración,
será separado de las Fuerzas y será investigado y condenado con toda
la severidad de la ley.
Aprender
de los errores.
Estas
situaciones lamentables tienen que servirnos, sin embargo, para
construir sobre ellas y superarlas.
En la
elaboración y fortalecimiento de una ética militar y policial, los
casos de quienes faltaron a su juramento deben servirnos para
detectar cuáles fueron las fallas en su selección y formación, y
para que las nuevas generaciones los estudien y analicen con el
objeto de que no se repitan nunca más.
¡Esa es
la ética que estamos propiciando y fortaleciendo en nuestras Fuerzas
Armadas!
Una ética
con bases reales, ajustada a las circunstancias que viven a diario
los miembros de la Fuerza Pública, a la dimensión de las amenazas
que enfrentan y de las tentaciones de corrupción que se presentan en
su camino.
Esta
ética militar y policial se incluirá, con el ya mencionado carácter
casuístico y práctico, en la organización curricular en todos los
niveles.
Su
enseñanza será un proceso continuo que nos ayude a forjar esos
hombres y mujeres de indeclinable espíritu militar o policial,
ejemplo de virtudes y valores éticos, que el país necesita.
Sólo un
militar o un policía ético pueden ejercer un liderazgo genuino,
porque el liderazgo genuino se basa en el cumplimiento y apego a
principios y valores morales.
Ética en
el manejo de los recursos.
Ética
militar y policial es también ser impecable en el uso de los
recursos que el Estado entrega a las Fuerzas para el cumplimiento de
su misión.
En este
sentido, es una obligación moral de cada comandante garantizar la
eficiente destinación de los recursos a su cargo.
Dentro de
esta línea, el Ministerio, las Fuerzas Militares y la Policía han
creado instancias adicionales de control, como la Comisión de Ética
y Transparencia, con el acompañamiento de la Contraloría y la
Procuraduría, que nos ayudan a vigilar el correcto uso de los
recursos extraordinarios aprobados.
El fin no
justifica los medios.
Ahora
bien: La verdadera victoria en las guerras, y frente a cualquier
amenaza, es la que se obtiene dando ejemplo al enemigo de un
comportamiento moral y ético superior.
Cuando se
lucha contra un enemigo vil, que no respeta las normas mínimas
humanitarias, no se puede caer en el error de utilizar sus mismos
métodos, porque eso sería como perder la batalla.
Nada
bueno puede venir de un procedimiento inmoral. Para los militares y
policías de Colombia, el fin no justifica los medios
Ellos
tienen a la Constitución y a las leyes como marco de comportamiento,
y unos valores y principios de honor que presiden cada momento de su
vida.
¡Eso nos
diferencia de los terroristas! ¡Eso nos hace depositarios de la
confianza y el apoyo de la nación!
Ética que
construye legitimidad.
Así
llegamos al producto final de la reforma educativa y estructural que
nos hemos propuesto, el único que da el derecho a las Fuerzas
Armadas de ostentar el monopolio de la fuerza y de las armas del
Estado: LA LEGITIMIDAD.
Legitimidad frente a la sociedad colombiana, legitimidad frente a la
comunidad internacional y legitimidad frente a nosotros mismos,
porque seremos una Fuerza Pública que aspira a la excelencia para
servir a su país.
Un
comportamiento ético, respetuoso de los derechos humanos, cercano a
la comunidad, es el único que podemos esperar de los militares y
policías de Colombia.
Apreciados amigos:
Sólo
fortaleciendo los valores y obrando con una ética impecable, nuestra
Fuerza Pública cumplirá con su misión fundamental de consolidar la
seguridad en todo el país.
Ojalá
este seminario, cuyo auspicio por la Embajada de los Estados Unidos
y su grupo militar quiero agradecer especialmente, nos dé nuevos
luces para seguir avanzando en este camino de transformación y
fortalecimiento.
Les deseo
muchos éxitos en su desarrollo, y los invito a seguir trabajando,
cada día, por unas Fuerzas Militares y una Policía más eficaces, más
profesionales y siempre legítimas.
Como dijo
el general Francisco de Paula Santander, en su "Proclama a los
Granadinos", debemos consagrarnos "sin reserva al exterminio de la
ignorancia y de la inmoralidad por medio de la educación de la
juventud y del trabajo" .
Comunicación Corporativa
Ministerio de Defensa
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