Hombres de un Escuadrón Móvil Antidisturbios – ESMAD, con su característico uniforme negro.La unidad antidisturbios de la Policía Colombiana.

Frente a todas las críticas que reciben, es oportuna una reflexión sobre lo que realmente representan para la sociedad los hombres y mujeres del ESMAD.

La Constitución Política de Colombia garantiza el derecho a la protesta, de la misma forma que garantiza las libertades económicas, de pensamiento, de prensa, religiosas, etc. Como se supone que debe ser en una democracia. Pero esos derechos tienen un límite, que tiene que ver directamente con el derecho de los demás y el interés público. La protesta debe ser pacífica y no debe poner en riesgo la seguridad o la vida de otras personas, ni tampoco debe atentar contra la propiedad privada o los bienes públicos.

Se supone que las personas poseen la capacidad de asumir unos mínimos de comportamiento social en aras de la convivencia pacífica, incluso cuando están indignadas y protestando. Eso es lo que se espera de personas que a la par de reclamar derechos reconocen los derechos de los otros. Pero cuando una multitud se descontrola y se convierte en una turba enardecida que lanza piedras, incendia vehículos e incluso hace uso de explosivos a través de las llamadas “papas bomba”, ¿cómo se les controla?, ¿cómo se restablece el orden público?, ¿cómo se protege la vida, honra y bienes de quienes nada tienen que ver con las protestas?

Hace unas décadas, siguiendo la doctrina estadounidense, se entrenada a las unidades de Policía Militar para el control de las turbas (multitudes fuera de control). No había escudo ni bastón tonfa, sino que los soldados en uniforme de combate y casco, avanzaban en formación, zapateando, con el fusil apuntando al frente y la bayoneta calada, tras esta formación frontal iban los granaderos con los lacrimógenos, y los equipos de captura con las esposas. Cuatro formaciones básicas eran enseñadas a los soldados: en cuña, en uve, diagonal izquierda y diagonal derecha, dependiendo de si para despejar la vía se quería orientar a los manifestantes a las aceras, a la isla, o a alguna de las dos aceras en particular, donde se arrestaría a los líderes y agitadores. La amenaza de las bayonetas era algo absolutamente intimidante, y no me cabe la menor duda de que si hace 50 o 60 años los manifestantes le hubiesen arrojado explosivos a una unidad de Policía Militar en funciones antidisturbios, dispararle a los agresores hubiese sido aceptable y normal. Es decir, hace unas décadas la idea era que si el Ejército llegaba, la protesta violenta se terminaba porque sí. 

La proliferación de medios de comunicación y de equipos multimedia, el surgimiento de la Globalización, el fin de la Guerra Fría, el mayor nivel educativo de la población, y la concientización en el tema de los Derechos Humanos, entre otros factores, han hecho que el control de disturbios en todo el mundo, se enfoque de maneras menos agresivas. Para eso en Colombia se crearon unidades antidisturbios en el seno de la Policía Nacional, estas unidades entrenan técnicas y tácticas no-letales y están equipados en consecuencia. 

Las doce ciudades donde el ESMAD tiene presencia permanente son: Bogotá con dos compañías, una en Cali, una en Medellín, una en Bucaramanga, una en Barranquilla, una en Pereira, una en Pasto, una en Popayán, una en Valledupar, una en Cartagena, una en Neiva, y una en Villavicencio; para un total de trece Escuadrones Móviles Antidisturbios. Cada Escuadrón está compuesto por 5 oficiales, 8 suboficiales y 150 patrulleros; la unidad mínima de intervención está integrada por 1 oficial, 4 suboficiales, y 50 patrulleros.

Cada compañía está dotada de tanquetas blindadas de transporte y lanza-agua, con la novedad de que no hay uniformidad en el material disponible. Básicamente se trata de chasis de camión, con una carrocería blindada atornillada encima. En el caso de los lanza-agua, estos llevan un sofisticado sistema de bombas de agua y cámaras de video. No se requiere de mayores equipamientos debido a que la amenaza hasta ahora es controlable.

Entonces, si usted es un comerciante que ha dedicado su vida a su negocio y su local está en riesgo de ser saqueado; si usted es un conductor cuyo taxi o bus está apunto de ser quemado por la muchedumbre, si usted es un transeúnte o pasajero que necesita llegar a su destino, pero hay un bloqueo ilegal en la vía, o si usted es un pacífico espectador en un estadio atiborrado de gente que está a punto de caer en manos de una “barra brava”, lógicamente usted agradecerá que una unidad del ESMAD intervenga e imponga la ley y el orden.

Pero si usted es un líder negativo que promueve la violencia como forma de protesta y está alineado en contra del Gobierno y las Instituciones, la intervención de nuestros muchachos del ESMAD para frenar la violencia y restablecer el orden público, le parecerá “una represión brutal e innecesaria de un Estado que criminaliza la protesta social y sigue los dictámenes del Fondo Monetario Internacional”, discurso que en el contexto en que se emite pretende crear confusión y convertir a los abusadores en víctimas. Cuando la cuestión es simple: la libertad tiene límites, y si estás actuando con violencia contra las personas y los bienes, TIENES que ser reprimido por la autoridad por el bien de la sociedad.

Las unidades del ESMAD están entrenadas para dosificar el uso de la fuerza. Si los revoltosos oponen resistencia e insisten en hacer uso de la violencia, será necesario someterlos usando una fuerza proporcional. Es del interés público mantener la ley y el orden. Bajo esta premisa toda manifestación violenta debe ser disuadida o reprimida, y definitivamente los métodos actuales son mejores que los antiguos.

Hay una pregunta obligatoria: ¿por qué protesta la gente en Colombia? En la web pueden leerse informes de la Escuela Nacional Sindical, o del Centro de Investigaciones y Educación Popular, Cinep, donde se evidencia que el número de protestas ha tenido un incremento sostenido en la última década. Estos informes son citados con frecuencia por los medios de comunicación social.

Este año, hemos visto con profunda tristeza y preocupación como un alto número de soldados profesionales pensionados, y en menor medida oficiales y suboficiales también en retiro, se han organizado y están protestando públicamente contra el Gobierno ante el incumplimiento de asuntos prestacionales, la no nivelación salarial de los pensionados, y otros asuntos de interés para ellos.  Vimos una caminata de soldados retirados por varios departamentos, que terminó con una marcha en Bogotá, misma que se dirigió al Palacio de Nariño y que fue reprimida a gases cuando los manifestantes -nuestros héroes de guerra- intentaron irrumpir en palacio para hablar con el Presidente.

Luego, en la ceremonia del 7 de agosto en el Puente de Boyacá, Altar de la Patria, había un nutrido público que resultó ser una concentración de militares retirados que abuchearon varias veces al presidente durante la ceremonia y en particular durante su discurso. A estos manifestantes también tuvieron que contenerlos a la fuerza cuando quisieron acercarse en actitud retadora al Presidente de la República. Estas organizaciones de militares en retiro, dicen ser conocedores del malestar al interior de las filas de nuestras Fuerzas Militares, en relación con el manejo general del país, y sobre sus propios asuntos laborales.

Recientemente en las redes sociales también se convocaba a un “plan tortuga” en la Policía Nacional para el mes de agosto, debido a problemas con los salarios y los ascensos. Esto nunca había pasado antes y es un reflejo de que las cosas en nuestra sociedad no mejoran, sino lo contrario.

Bajo el Gobierno del presidente Uribe y su característico discurso radical y totalizante, era frecuente escuchar que las marchas y protestas eran promovidas o estaban infiltradas por la subversión. Pensar eso de nuestros policías activos o de nuestros militares en retiro sería completamente ridículo. Imaginamos que el Presidente Santos, que se muestra más conciliador y diplomático, debería encontrar soluciones prácticas a las problemáticas sociales que hoy más que nunca permean a la Fuerza Pública.

¿Cual debería ser el proceder del Gobierno Nacional para que las protestas cesen? La lógica señala que deberíamos hacer una profunda reflexión, estudios serios y sustentados, que den con las causas originales, con las raíces de toda esta conflictividad social, y entonces atacar esas causas para terminar con gran parte del inconformismo de los ciudadanos. Sin embargo no está claro si esto se está haciendo. Lo que si está claro es que se van a crear tres nuevos Escuadrones Móviles Antidisturbios, e incluso está por abrirse la licitación para la compra de las nuevas tanquetas.

Nuestros amigos del ESMAD van a tener muchos trabajo en los próximos años. Seguirán siendo los villanos para unos y los héroes para otros. Las personas de bien esperamos que cumplan con su deber y sigan protegiendo la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

A nuestros compatriotas que tienen algo que reclamarle al Gobierno, les expresamos toda nuestra solidaridad, y les enviamos un respetuoso pedido para canalizar su inconformidad por vías pacíficas y democráticas.

Es más poderosa una acción de tutela que una piedra. Aprendamos a usar los mecanismos de participación ciudadana. 

Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ
Director de www.fuerzasmilitares.org
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