Monumento al Soldado Colombiano. BACOT 23

El armamento individual del soldado colombiano a lo largo de la historia.

La base de toda organización militar es el combatiente individual. De su equipamiento y adecuado entrenamiento depende todo lo demás. En esta oportunidad, hablaremos sobre los fusiles de dotación de nuestros soldados y policías.

Revisando el informe de resultados del 2011 de INDUMIL, sentí un inocultable orgullo cuando me percaté de las grandes capacidades que posee esta industria nacional. Dos cosas me llamaron poderosamente la atención. La primera, que en el histórico de fabricación de fusiles, alcanzamos un pico de 38.500 unidades en el año 2004. La segunda, que en relación a la munición suelta (no eslabonada) calibre 5,56 x 45 mm., llegamos a fabricar 31.637.844 cartuchos en el año 2011. Grosso modo, esto me permite concluir que la capacidad instalada de Indumil es de 40.000 fusiles y 32 millones de cartuchos en un año, no me imaginaba que llegásemos a esas cifras. Este descubrimiento me motivó a profundizar un poco más sobre el tema.

Un poco de historia: La independencia

En la guerra de independencia de Colombia (1810-1824) nuestra infantería usó armas de avancarga, en las que el proyectil y la pólvora estaban separados y el infante debía introducir hábilmente los elementos en el cañón de su arma, para luego hacer fuego por medio de un sistema que usaba silex o pedernal para producir una chispa que encendiera la pólvora, y consecuentemente produjera el disparo. Estos fusiles teóricamente podían llegar a los 200 metros de alcance máximo, pero la realidad era que a más de 60 metros se perdía precisión, debido principalmente al ánima lisa del cañón, a lo heterogéneo de los lotes de pólvora y a las ligeras variaciones en las cantidades de ésta usadas en cada disparo.

Los soldados libertadores usaron principalmente “mosquetes” adquiridos en tres países, en Francia compramos armas del tipo Charleville Musket Model 1766, calibre .69’’(17.5mm), en Estados Unidos compramos los más modernos Springfield Musket of 1795 (desarrollados por los Estados Unidos partiendo del modelo Charleville, con el que comparte calibre), y en Inglaterra compramos los mosquetes Brown Bess, calibre .71’’ (18 mm.)

Los Charleville se produjeron en Francia desde 1717 hasta 1840, superando las 150.000 unidades, vieron acción en decenas de conflictos europeos y americanos. Los Sprinfield se produjeron en Estados Unidos desde 1795 hasta 1865, llegando a las 150.000 unidades fabricadas, estos últimos fusiles participaron en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos, la Guerra con México, y la Guerra Civil (o de “Secesión”), mientras que los Brown Bess se fabricaron en Inglaterra de 1722 hasta 1860, siendo el arma de dotación del ejército inglés en las guerras napoleónicas de 1812, la guerra civil en sus colonias americanas, la guerra de la India, la revolución en Texas, la guerra de los siete años, y las guerras contra los Zulúes en África.

La incipiente y convulsionada República

Ganada la libertad de España, la mayoría de las tropas fueron licenciadas. Las armas que reposaban en los depósitos del Gobierno fueron modernizadas cambiando su sistema de disparo. La llave de chispa fue reemplazada por la llave de percusión, usando una cápsula fulminante para detonar la carga propulsora, en lugar del trozo de sílex.

La llave de percusión consiste en un martillo, similar al empleado en una llave de chispa, y una chimenea que sostiene una pequeña cápsula fulminante. La chimenea tiene una abertura que conduce al cañón. La cápsula contiene un compuesto químico llamado fulminato de mercurio. Está hecho de mercurio, ácido nítrico y alcohol. Cuando el gatillo suelta el martillo, éste golpea la cápsula y detona el fulminato de mercurio. Las llamas de la detonación viajan a través de la abertura de la chimenea e ingresan al cañón, donde encienden la carga propulsora.

La llave de percusión ofrece importantes ventajas respecto a la llave de chispa. Es más sencilla de cargar, resiste mejor el clima y es mucho más fiable que la de pedernal. Muchas armas viejas con llave de chispa fueron modificadas a llave de percusión para tener la ventaja de su mayor confiabilidad.

Luego de la guerra de independencia muchas armas quedaron en manos de particulares y caudillos regionales, mismos que debido al aislamiento geográfico propio de la Colombia del siglo XIX se convertían en autoridad. Diferencias políticas, sed de poder y desmedidas ambiciones, ocasionaron que en Colombia se presentaran numerosas guerras civiles (1851; 1854; 1860; 1876; 1885; 1895…). En estos conflictos se usaron las armas de la Guerra de Independencia, junto con otras más avanzadas tecnológicamente que poco a poco fueron llegando al país.

La Guerra de los Mil Días

La llamada Guerra de los Mil Días, que ocurrió en Colombia entre el 17 de octubre de 1899 y el 21 de noviembre de 1902 (1.130 días), fue la mayor y más cruenta guerra civil que azotó a Colombia desde la independencia. Este conflicto enfrentó a miembros del Partido Liberal contra los miembros del Partido Conservador que detentaban el poder, en cabeza del Presidente Miguel Antonio Sanclemente. Entre las causas principales del conflicto se menciona la derogatoria de la Constitución de Rionegro de 1863, que establecía un sistema federal, por la implementación de la Constitución de 1886 que establecía un régimen centralista. Si bien el sector oficialista ganó la guerra, quedamos tan debilitados y tan divididos, que un año después, en 1903, perdimos a Panamá. No teníamos forma de oponernos militarmente a la potencia que decidió cercenar nuestro sagrado territorio.

El armamento usado en la Guerra de los Mil Días había evolucionado. Si bien aun se apreciaban viejos fusiles con llave de chispa y llave de percusión, ya hacían su aparición los cartuchos (o “balas”) como las conocemos hoy en día. Una de las nuevas armas que entraron en escena fue el Fusil Gras M80 Modèle 1874 que es un arma de retrocarga que usa un cartucho metálico integral (contiene la pólvora y la ojiva). El cerrojo se acciona manualmente y es un arma de un solo tiro. Cada vez que se dispara hay que echar los mecanismos hacia atrás para expulsar el cartucho usado y a paso seguido hay que introducir manualmente un nuevo cartucho, para proceder a acerrojar el arma y estar listo para un nuevo disparo. Aunque parezca engorroso, es un avance significativo en materia de fusilería.

Al final del conflicto las tropas gubernamentales contaban con un lote importante de estos fusiles. Los Gras M80 Modèle 1874 son de origen francés, y estuvieron en servicio en Francia de 1874 a 1886, participando en varias guerras coloniales francesas, y en la Primera Guerra Mundial en manos de los rusos, a los que Francia entregó una parte importante de los 400.000 fusiles que fabricó. Los Gras fueron usados por el Ejército Griego en 1941 en la Batalla por Creta.

El señor Mauser, Mauser, Mauser, Mauser, Mauser

El alemán Peter Paul Mauser (27 de junio de 1838 - 29 demayo de 1914), diseñó una serie de armas y municiones que constituyeron avances significativos en materia de tecnología, aumentando la potencia y cadencia de fuego del combatiente individual, forzando a la modificación de las tácticas militares del momento.

El arma más significativa aparecida a finales del siglo XIX fue el Mauser Modelo 1889, del que se derivan una serie de fusiles que van incorporando mejoras progresivas. Valga anotar que el M1889 no fue inicialmente adoptado por el Ejército Alemán, por lo que su producción inició en Bélgica con la empresa FN, que fue creada precisamente para producir en masa este magnifico fusil. Una versión producida para Turquía recibe el nombre de M1890, y otra producida para Argentina es llamada M1891. A partir de estos tres fusiles y sus pequeñas modificaciones estéticas o prácticas van surgiendo otras versiones.

El diseño incluye el uso de la nueva munición de percusión central calibre 7,65 x 53 mm., en clips de 5 cartuchos que se introducen en el arma y permiten una cadencia de fuego mucho más rápida que aquella que se obtiene con modelos como el Gras Francés. Si bien el fusil es tiro a tiro y el cerrojo es de operación manual, constituye una mejora significativa en materia de armamentos.

Aunque ya se poseía algunos ejemplares del Mauser, a raíz de la Guerra de los Mil Días el gobierno Colombiano encargó lotes adicionales, con el fin de mantener la superior capacidad de las tropas oficiales. La mayor cantidad de Mauser adquiridos por Colombia eran del Modelo M1891 (Argentino), pero además teníamos carabinas Mauser Modelo 1912 Calibre 7 mm. Steyr; Carabinas Steyr Slothurn  Modelo 1934 (modelo 29 simplificado) calibre 7 mm.; Carabinas modelo 1951 calibre 30-06; Carabinas FN Mauser modelo 1924, recibidas en los años 30 con la denominación de modelo 24/30. y también se adquirieron en 1929 carabinas Mauser Czech modelo VZ 23/24, calibre 7,65 x 53 mm., arma corta preferida por la caballería. Como se ve, la manía de comprar “de a poquitos” para dotar a las Fuerzas Militares, no es nueva…

La agresión peruana

La guerra contra el Perú en 1932 nos tomó por sorpresa y descubrimos con amargura que nuestras Fuerzas Militares estaban en su peor momento. No teníamos aviones de guerra, no teníamos buques pesados, ni teníamos suficientes armas de artillería. La dotación de nuestras tropas era paupérrima. La movilización nacional para enfrentar esta grave amenaza a nuestra soberanía impulsó un rápido rearme y la reorganización de nuestras fuerzas. Por desgracia, una vez pasada la amenaza, nuevamente descuidamos a nuestras Fuerzas Militares.

Antes de la agresión peruana nuestro Ejército Nacional tenía 6.200 hombres, debido a la movilización para enfrentar la amenaza y defender la soberanía creció hasta los 10.000 hombres y luego de la firma del protocolo de paz en Rio de Janeiro el 22 de mayo de 1934, se redujo de nuevo, esta vez a 8.000 hombres.

Las tropas que participaron en la contienda, estaban armadas principalmente con fusiles Mauser en sus distintos modelos, y un remanente de fusiles Gras que teníamos en depósito desde la Guerra de los Mil Días.

La defensa del continente

El 30 de abril de 1948 en la ciudad de Bogotá, se creó la Organización de Estados Americanos, OEA. Siendo los países fundadores: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, La Republica Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, Estados Unidos de América y Venezuela. Entre los diferentes acuerdos a los que se llegó, se estableció que con fines de mutua defensa (Tratado Interamericano de Ayuda Recíproca, TIAR), los signatarios adoptarían armas de un mismo calibre.

El calibre adoptado por el colectivo de países que conforman la OEA fue el 7,62 x 63 mm (.30-06). En 1948 ya había iniciado la Guerra Fría y Estados Unidos estaba afianzando sus alianzas a través de diversas medidas, entre ellas la trasferencias de sus excedentes de armas, producto del fin de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Así las cosas y una vez ratificados los tratados hemisféricos, Estados Unidos a partir de 1950 dona o vende a precio simbólico miles de fusiles calibre .30-06 a sus aliados, se trata del US Springfield Armory M1 Garand 30.06 Rifle, que viene a ocupar su lugar en la historia militar de Colombia.

Este fusil es automático, de repetición, emplea un cargador de 8 cartuchos y alcanza los 550 metros. Representa una mejora sustancial en relación con las armas de cerrojo manual. Del US Springfield Armory M1 Garand 30.06 Rifle se produjeron más de 5 millones de unidades, estuvo en servicio en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos de 1936 a 1957. Sirviendo en distintos bandos se empleó en la Segunda Guerra Mundial, La Guerra de Corea, la Guerra de Indochina, la Guerra de Vietnam, la Guerra Civil Camboyana, la Revolución Cubana, y buena parte del Conflicto Interno Colombiano.

La Guerra Fría

En 1950 Corea del Sur fue objeto de una agresión comunista, la ONU pide al mundo enviar tropas a defender al agredido, y el Gobierno Colombiano decide acudir al llamado. De esta forma, con el Decreto 3927 de diciembre de 1950 se creó el Batallón de Infantería Nº 1 “Colombia”, con destino al ejército de las Naciones Unidas en Corea. En enero de 1951 el personal -seleccionado en unidades de todo el país-, fue concentrado para entrenarse antes de partir a Corea en un barco de los Estados Unidos. En la guerra participaron 4.314 colombianos. El saldo final para nuestro país fue de 639 bajas entre las propias tropas, distribuidas así: 163 muertos en acción, 448 heridos, 28 prisioneros de guerra que fueron canjeados, y 2 hombres desaparecieron en acción. Este fue el costo de ayudar al mundo libre a combatir al comunismo durante la guerra fría.

El Batallón ganó dos citaciones presidenciales por heroísmo excepcional (EE.UU y Corea del sur), 18 estrellas de plata por valor “más allá del deber” y 34 estrellas de bronce, otorgadas en todos los grados. El Gobierno nacional creó también la condecoración “Cruz de hierro” para  servicios distinguidos en guerra internacional, la cual fue concedida a 117 hombres de los diferentes contingentes.

La participación de Colombia en la guerra de Corea impulsó un proceso de modernización de las Fuerzas Militares. Esto gracias a las Tablas de Organización y Equipos (TOE) aplicadas al Batallón Colombia Nº 1, a las nuevas tácticas y técnicas aprendidas, a las nuevas armas que se usaron y principalmente a la experiencia adquirida en el Campo de Batalla. Los oficiales y suboficiales que volvieron de Corea dinamizaron importantes procesos de transformación y mejora de las unidades.

Además de aplicar las TOE estadounidenses a nuestras propias unidades, adquirimos las armas que usamos en esa guerra. Entre otras cosas, más fusiles M1 Garand para estandarizar la fusilería en nuestro Ejército. De esta forma durante 20 años el M1 fue el fusil estándar de dotación en las Fuerzas Militares y la Policía. Luego, a finales de los 60 compramos un importante lote de fusiles alemanes G-3, que después de 20 años fueron reemplazados por los fusiles israelíes Galil AR, para luego de 20 años más, iniciarse su reemplazo por los Galil modelo ACE 23. Todo parece indicar que las Fuerzas Militares de Colombia, y en particular el Ejército Nacional, renuevan la fusilería en ciclos de 20 años.

El Fusil Heckler and Koch G3

En 1948, la empresa alemana Fritz-Werner, apoyó la creación de la empresa estatal colombiana "Industria Militar" - Indumil. En 1955 la empresa gubernamental de Geisenheim dotó las instalaciones de la fabrica "General José María Córdoba" ubicada en Soacha, cerca de Bogotá, para la fabricación de municiones, inicialmente de tipo Mauser, y luego del calibre 7,62 x 63 mm (.30-06). Sin embargo, Colombia quería modernizar su fusilería, es así como entre 1967 y 1975 el Ministerio de Asuntos Exteriores en Bonn le permitió a Heckler & Koch la exportación a Colombia de 55.200 fusiles de asalto G3, de 3.121 sub-ametralladoras MP5 y de 1.500 ametralladoras HK21. Adicionalmente, durante ese período se exportó a Colombia más de 110 millones de cartuchos de 7,62 x 51 mm.  OTAN, a través de Dynamit-Nobel, las empresas industriales Karlsruhe (IWKA) y la empresa de metal Eisenhütte Nassau (MEN), una filial de Fritz-Werner. En 1975 Heckler and Koch vende a Indumil la licencia de fabricación de los fusiles G-3, la subametralladora MP5 y la ametralladora HK21.

El G3 fue adquirido en sus versiones A3 con culata fija y A4 con culata retractil. Usan el poderoso cartucho de 7, 62 x 51 mm., adoptado por la OTAN en los años 50 como munición estándar. El arma lleva cargadores de 20 cartuchos, y es completamente automática, posee un selector que permite el fuego tiro a tiro o en ráfagas continuas.

Durante el periodo reseñado, 1967-1975, hubo muy buenas relaciones con Alemania en el terreno de la seguridad y la defensa, fue en esa época cuando por ejemplo se compraron los submarinos U-209 1200. Luego, en los 80 compramos las Corbetas FS-1500. Pero a finales de los 80 algo pasó que nos distanciamos de Alemania en favor de Israel. Al parecer fue por las críticas y preocupaciones de los europeos con el tema de los derechos humanos en Colombia. Esto nos llevó a buscar otro proveedor de armas de infantería. Claramente teniendo en cuenta la conducta de sus Fuerzas de Seguridad, Israel no tiene nada que venir a criticarnos.

El Galíl AR/SAR/ARM/SNR

A principios de los 90 empezamos a recibir importantes lotes de fusiles de asalto israelíes GALIL en los modelos AR (Assault Rifle), SAR (Short Assault Rifle), ARM (Assault Rifle Medium) y SNR (Sniper Rifle), todos en calibre 7,62 x 51 mm. OTAN. Negociamos con IWI (Israel Weapon Industries Ltd), el diseñador de las armas, para obtener primero, la transferencia de tecnología para el mantenimiento de las armas que compramos, y luego, la licencia de ensamblaje / fabricación. Posteriormente, plegándonos a la tendencia internacional, cambiamos al calibre 5,56x45 mm. OTAN, recalibrando las armas existentes, y fabricando los fusiles nuevos con el nuevo calibre. El arma estándar de las Fuerzas Militares fue durante el periodo 1990-2010 el Galil AR.

Un Galíl por otro Galíl y algunos análisis

Actualmente nos encontramos en proceso de reemplazar los fusiles Galil AR de 5,56 mm., por el más moderno Galil ACE 23 del mismo calibre. De estos últimos, Indumil fabricó 21.423 unidades en el 2010, y 29.432 unidades en el 2011. En lo corrido del 2012 van más de 25.000 unidades fabricadas. Para un total de 75.855 Fusiles de Asalto IWI/Indumil Galil ACE 23 entregados a nuestras tropas.

Las Fuerzas Militares y de Policía Colombianas suman 443.500 hombres y mujeres, distribuidos así: 230.000 en el Ejército; 35.000 en la Armada Nacional; 13.500 en la Fuerza Aérea, y 165.000 en la Policía Nacional. Es claro que no todos ejercen funciones tales que ameriten estar armados con un fusil (incluso en esas cifras están considerados los empleados civiles), sin embargo, es necesario precisar que todo miembro de la Fuerza Pública Colombiana posee el entrenamiento básico del combatiente individual, cuya esencia es formar a un fusilero. Durante toda su carrera militar, nuestros hombres y mujeres deben realizar polígonos para mantener su habilidad, y de hecho son evaluados en cada oportunidad. En teoría, todos nuestros uniformados deberían ser capaces de tomar un fusil e ir a la guerra en defensa de la patria. También en teoría deberían existir esos fusiles, es decir, que debería haber un fusil para cada uno de nuestros militares, más un lote importante en depósito para armar a las reservas una vez sean movilizadas.

Los fusiles de las Fuerzas Militares están en mano o en depósito. Cada Batallón (regular) del Ejército posee un lote de fusiles de asalto que es asignado como dotación individual a cada uno de los hombres y mujeres que hacen parte de la unidad, y hay un excedente que permanece en el depósito de armamento del Batallón. El personal que está “en el área” cumpliendo misiones de orden público, vive, come, suda, duerme -y en ocasiones muere-, con el fusil en sus manos. El personal que está “en patio”, es decir, al interior de una instalación militar, solo porta el fusil en las formaciones y si está de guardia, el resto del tiempo el armamento está colocado en el armerillo de la Compañía bajo el cuidado de un centinela. El acceso a los fusiles por parte de sus titulares debe ser ágil, pues en caso de ataque al cuartel, se activa de inmediato el Plan de Reacción y Contraataque, por medio del cual todo el personal acude a posiciones pre-establecidas con sectores de tiro definidos, para defender las instalaciones, desarrollar la situación y luego contraatacar al enemigo. Uno de los espacios críticos a defender es el depósito de armamento, pues precisamente el objetivo del ataque probablemente sea apoderarse de las armas y municiones allí consignadas.

En la situación de conflicto interno que vive Colombia, observamos que a las unidades directamente involucradas en el combate de los narcoterroristas se les da prioridad en su dotación y equipamiento. Diríamos que los hombres que están “patrullando” en operaciones de búsqueda y destrucción del enemigo, no solo merecen, sino que necesitan poseer los mejores equipos y las mejores armas. En este orden de ideas podemos decir sin temor a equivocarnos, que las unidades que tienen prioridad para recibir los fusiles de asalto ACE 23 serían:

- En el Ejército Nacional: Las Escuelas de Formación, las Fuerzas Especiales Rurales, las Fuerzas Especiales Urbanas, los Batallones de Combate Terrestre, las unidades de escoltas, y el Batallón Guardia Presidencial, BIGUP.

- En la Armada Nacional: La Infantería de Marina en general.

- En la Fuerza Aérea: Las unidades de Seguridad y Defensa de Bases Aéreas.

- En la Policía Nacional: El personal de la especialidad de Vigilancia, las unidades especiales como los Escuadrones Móviles de Carabineros, EMCAR, la Fuerza de Control Urbano, FUCUR, y el Comando de Operaciones Especiales, COPES.

- Otras Entidades: Las unidades especiales del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario, INPEC, y las unidades especiales de la Fiscalía General de la República.

Recapitulando

Tenemos una Fuerza Pública compuesta por 443.500 hombres y mujeres, suponemos que hay en el inventario un fusil para cada uno de ellos, que en este momento en su mayoría sería Galil AR. Por decisión de los Altos Mandos, el Galil AR está siendo reemplazado por el más modero Galil ACE 23, que Indumil está fabricando desde el 2010, llevando a la fecha 75.855 fusiles, mismos que ya han sido distribuidos entre las unidades que se considera tienen prioridad.

Siendo que Indumil tiene una capacidad instalada de 40.000 fusiles al año, para fabricar 440.000 fusiles, tardaría 11 años. Considerando que está previsto ampliar el píe de fuerza en el corto plazo, es posible que se necesite ampliar también la capacidad de fabricación de Indumil para agilizar el proceso de dotación y alistamiento de las nuevas unidades.

Otro dato a tener en cuenta, es que poseemos la capacidad de fabricar 32 millones de cartuchos de 5,56 x 45 mm. al año. Si dividimos esto entre el número de fusiles que como mínimo deberíamos poseer, 440.000 unidades, nos da 73 cartuchos por arma. En principio hay que aclarar que por cada fusil se entregan al soldado cinco cargadores con 35 cartuchos cada uno, esto es 175 cartuchos, más la munición de reserva consistente en 175 cartuchos adicionales, lo que suma 350 cartuchos. Esos 73 cartuchos por arma que se producen anualmente, son para remplazar la munición que se gasta en entrenamiento o combate.

Siguiendo con los cálculos, si por cada uniformado (443.500 hombres y mujeres) tuviésemos un fusil y 350 cartuchos en mano, esto significaría que en la carga básica de municiones nuestros soldados llevan 155.225.000 cartuchos, y que para reponer todo el inventario de municiones por rotación mediante el método de manejo de inventarios PEPS (FIFO), Indumil tardaría un poco más de 4 años. Suponiendo que en los depósitos de armamento de las Brigadas hay munición adicional para sus unidades subalternas, el tiempo para la reposición por rotación se amplia.

De acuerdo a todo lo antes dicho, podemos suponer que por cada Galíl ACE 23 que entra en servicio, hay un Galil AR que sale de servicio. Aquí debemos establecer la necesidad de reparar estos fusiles y almacenarlos, con el fin de que puedan ser empleados por las reservas si es necesario movilizarlas en caso de guerra o emergencia nacional. De nada nos sirve nuestro potencial demográfico si no tenemos reservas de armas de las que echar mano para dotar a nuestros reservistas de primera clase y hombres de la reserva activa. Bajo ningún criterio se justifica destruir las armas que salen de servicio, si estas están en buen estado o son reparables. Es más, los lotes de armas que son decomisadas a los narcoterroristas y bandas criminales, y que se encuentren en buen estado, no deberían ser destruidas. Este material debe ser almacenado en depósitos ubicados en las principales ciudades del país, esperando una movilización de nuestras reservas.

Otro aspecto a considerar es la necesidad de poder mover la planta de fusiles, y la planta de municiones a otras localizaciones en caso de emergencia. En Google Earth puedes obtener fotos, medidas y coordenadas de las instalaciones de Indumil donde fabricamos nuestros fusiles y nuestras municiones. Es de suponerse que todos nuestros potenciales enemigos tienen identificadas estas instalaciones y que forman parte del sistema de blancos estratégicos que esperan destruir en una primera etapa de un conflicto, entendiendo el daño en cascada que esto produciría sobre toda la estructura militar de Colombia.

Concluyendo

No puede volver a ocurrirnos lo de 1903. No puede volver a ocurrirnos lo de 1932. Tenemos que prepararnos para lo previsible, y también para lo imprevisible. Necesitamos depósitos de armamento de reserva por todo el país; necesitamos dejar de destruir las armas en buen estado que pasan a reserva o que les quitamos a los delincuentes; necesitamos poder mover nuestras fábricas de armas y municiones, y por el amor de Dios, necesitamos armas antiaéreas…

Colombiano, si te preocupa la seguridad de tu país, hazte las siguientes preguntas: ¿qué pasó con los Mauser del Ejército Nacional?, ¿donde están nuestros M1 .30?, ¿dónde están los G-3?, ¿qué pasará con los Galíl modelo AR que están pasando a retiro?, ¿por qué adoptamos los Galil ACE en lugar de un diseño Bullpup más avanzado?, ¿por qué Israel, que es el país de origen de fusil Galil, no lo usa?


Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ
Editor de www.fuerzasmilitares.org
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