Unidad venezolana de milicianosEl Cabo Gutiérrez conduce rápidamente, es peligroso hacerlo así, con todas las luces apagadas y con lentes de visión nocturna, pero para esto se ha entrenado su unidad muchas veces.

La sección antitanque Nimrod tiene posiciones preparadas para distintos escenarios. Solo necesitan la orden para moverse a esas posiciones, de día o de noche, bajo cualquier condición meteorológica.

Hace apenas media hora que el Oficial de Servicio llegó corriendo a los alojamientos, nervioso y agitado, gritando que Venezuela nos estaba atacando. La Brigada activó el Plan de Reacción y Contraataque y las secciones Nimrod fueron lanzadas para un despliegue táctico a puntos ubicados sobre el eje de avance del enemigo.

El Escalón Avanzado de Seguridad y Observación (EASO) ahora debe ejecutar acciones que retarden el avance de las tropas enemigas o desarticulen sus operaciones. Es vital ganar tiempo para que las Fuerzas Militares se movilicen.

En el camión Abir, junto al Cabo Gutiérrez, va el Capitán Robledo -Comandante de la sección-, intentando llamar a su hermano por celular. Las líneas fallan (como suele ocurrir con el operador celular “Claro”). Robledo quiere saber cómo está su hermano, quien es piloto de A-37 en Malambo, Atlántico. Nunca volverá a hablar con él, pues acaba de fallecer luego de un ataque aéreo sorpresivo al Comando Aéreo de Combate N° 3, por parte de la Aviación Militar Venezolana.

La situación es bastante complicada. Hace 10 minutos el batallón del que salió la sección antitanque acaba de ser destruido. Se han perdido muchas vidas valiosas, y no en sentido filosófico si no práctico. Se trataba de técnicos altamente capacitados y de operadores del sistema misilistico Nimrod, que no podrán ser reemplazados fácilmente. Además se perdieron los misiles de reserva, los talleres, las herramientas especiales, todas las facilidades logísticas. Solo se cuenta con la carga básica: 4 misiles Nimrod por camión Abir. En las actuales condiciones cada misil es un tesoro.

Los observadores adelantados, dotados de señalizadores láser tienen la orden de seleccionar blancos prioritarios tales como vehículos de comando, sistemas de lanzacohetes múltiples, puestos de mando, y unidades de artillería. Es vital no desperdiciar estas municiones.

Al norte, en La Guajira, el soldado profesional Ordoñez conduce su moto a toda velocidad. Junto con el resto del Pelotón Escorpión va por la carretera en dirección al enemigo. Les han dotado de lanzacohetes antitanque RPG-22 y tienen la orden de ir a cazar blindados enemigos. Pasar de la seguridad vial a la guerra antiblindaje es un enorme reto que preocupa al soldado Ordoñez. Se preocupa más cuando ve venir en sentido contrario a un conboy militar con decenas de camiones cargados de soldados con todos sus pertrechos. ¿Por qué se retiran, mientras nosotros vamos en dirección al enemigo? se pregunta.

El comando de la brigada ha ordenado el repliegue de muchas unidades, cediendo espacio por tiempo, mientras que a otras unidades –especialmente de caballería y antitanque- les ordenó avanzar y realizar operaciones retardatrices. Claro está que Ordoñez no tiene por qué saber toda esta información. Solo conoce su misión, y esa misión es crucial para Colombia, aunque él tampoco lo sepa.

En uno de los camiones que se retira va el sargento Agudelo con su pelotón de contraguerrillas. Llevaban meses patrullando y esperaban salir a descanso pronto, pero recibieron el llamado del escalón superior ordenándoles salir a la carretera, decomisar un camión y llegar a un punto de reunión en el plazo de pocas horas.

El radio operador de Agudelo, el soldado Jiménez, abrazado a su radio, escucha incesantes y alarmantes mensajes de las diferentes compañías del batallón. Uno de ellos proviene de los supervivientes de una repetidora de la Red de Campaña del ejército. Tienen 15 muertos, 7 heridos graves y 2 desaparecidos. Piden el apoyo de un helicóptero con desesperación, pero no es posible ayudarlos, hay un caos generalizado y emergencias por todas partes. La fuerza aérea enemiga sigue atacando.

El helicóptero más cercano pasó a 5 kilómetros de la repetidora en ruinas, llevando a una unidad de francotiradores que va a ser desplegada sobre el eje de avance enemigo. El helicóptero S-70i vuela muy bajo y con las luces apagadas, el HTAWS y la amplia experiencia en operaciones nocturnas lo facilita.

En la misma dirección en una ruta paralela vuela un Mi-17 llevando a un grupo de zapadores y a unos comandos. Tienen la misión de realizar la voladura de 2 puentes que afectarán la movilidad estratégica del enemigo.

El S-70i con los francotiradores pasó sobre la vertical de una unidad de ingenieros de combate que instalan apresuradamente un campo minado. El soldado profesional Cataño con sus compañeros descarga una tras otra minas antitanque que son sembradas bajo un patrón pre-establecido y en un frente de 400 metros. Es difícil hacerlo en la oscuridad pero lo han ensayado. El segundo pelotón de la compañía de Cataño fue enviado a preparar la voladura de un puente. Llevan 100 kilos de explosivos de Indumil.

Cerca de allí, a bordo de un Cascavel del Grupo Matamoros, el cabo primero Mosquera observa el horizonte a través de la mira IGS-4S en condición nocturna. Su vehículo está semienterrado, al igual que los demás vehículos de su pelotón. Se supone que desde estas posiciones ofrecen una menor superficie como blanco, mientras que al mismo tiempo se convierten en una estable plataforma de tiro. ¡Alerta!, ¡Alerta!, ¡Alerta! Gritan por radio. Los observadores adelantados divisan una columna de vehículos enemigos que avanza hacía nuestras posiciones. Sobre ellos vuelan algunos helicópteros Mi-17V-5 artillados de la aviación militar venezolana. No hizo falta ninguna orden, nuestros francotiradores abrieron fuego contra las aeronaves enemigas con sus fusiles Barret calibre .50, el fuego recibido desde varias direcciones termina por derribar a los Mi-17 venezolanos. Los francotiradores cambian a munición perforante y aprovechando la confusión inicial abren fuego contra los blindados ligeros. Al mismo tiempo el pelotón Escorpión del que es orgánico el soldado Ordoñez también ataca por el flaco a los blindados ligeros enemigos.

Rápidamente la unidad venezolana abre fuego contra las posiciones que logran identificar, se despliegan para enfrentar la amenaza. El comandante venezolano tiene dos opciones: avanzar hacia lo desconocido, donde nuestros Cascaveles lo están esperando, o retroceder y pedir apoyo. Al haber perdido el apoyo aéreo inmediato, se decide por lo segundo. Da la orden de retroceder, dejando en el sitio 7 BMP-3 y 12 BTR-80 destruidos, junto con muchos hombres muertos. Cuando se aproximan al puente hay un repentino fogonazo y luego se escucha una fuerte explosión. El puente ya no existe.

Las tropas colombianas que combaten se emocionan, el enemigo está atrapado. A pesar de que los blindados ligeros venezolanos son anfibios, las riveras del rio no son amigables, y si entran en él no podrían salir del otro lado. La opción sería navegar hasta encontrar una orilla favorable a los vehículos, pero eso significaría dejar a los tanques T-72 a su suerte.

Rápidamente nuestros hombres ajustan el dispositivo para aniquilar al resto de la unidad enemiga. Se escucha un extraño silbido y luego hay una rápida y estridente sucesión de explosiones. Nuestros soldados han muerto.

El comandante venezolano solicitó apoyo de artillería y en respuesta llegó una andanada de cohetes de 122 mm. “Grad” del sistema BM-21 con la que saturaron el terreno en torno a la posición de los blindados venezolanos, que nuevamente retoman su avance. Mientras tanto, al sitio llega un vehículo posapuentes Leguans a rehabilitar el paso. Tras él una segunda columna blindada.

Veinte kilómetros más al oeste, las fuerzas venezolanas encuentran un nuevo obstáculo. El T-72 de vanguardia dio con una mina antitanque que destruyó una de sus orugas y dos ruedas de apoyo. El blast mató a dos tripulantes y el otro está grave. La columna se ha detenido nuevamente, pero esta vez inmediatamente se despliegan hacia sus flancos para evitar sorpresas. Los infantes desembarcan de sus vehículos y toman posiciones.

El soldado Cataño del primer pelotón de ingenieros está oculto en una trinchera. Se supone que debe defender el campo minado, pero es más fácil decirlo que hacerlo. “Defender el campo minado”, se escucha tan sencillo. En general la idea es detener al enemigo el mayor tiempo que sea posible, impidiéndole desactivar las minas.

Desde el sur llega la sección antitanque del grupo Rondón dotada de misiles Spike sobre sus vehículos de alta movilidad tipo “buggie”. Son las 9 de la mañana, hay plena visibilidad y los buggies están expuestos. A nuestros soldados no les importa, al divisar al enemigo se separan en equipos de a dos vehículos y toman posiciones a distancia de tiro, abriendo fuego inmediatamente. Se aseguran de apuntar a los tanques T-72.

Aunque están en posiciones protegidas del fuego directo por accidentes del terreno, no están a salvo. Tienen que moverse rápido o serán blanco de los morteros autopropulsado Nona de 120 mm. que avanzan junto al resto de blindados venezolanos.

El enemigo está fijado. El comandante de la sección antitanque del Rondón pide apoyo de fuego a la artillería, misma que lanza un ataque inmediato sobre la zona señalada. Se trata de una batería de obuses SBT de 155 mm. Se causan grandes daños, pero por desgracia nuestra batería es localizada y no logra cambiar de posición a tiempo, siendo atacada por cohetes de 300 mm. del sistema  BM-30 Smerch.

El soldado profesional Cataño no puede creer que esto esté pasando. Pero no tiene tiempo para seguir pensando, Rodríguez el del MGL le grita que le pase más granadas. Los infantes venezolanos avanzan hacia su trinchera. Cataño arroja una cinta con granadas a su lanza y se dispone a disparar su Galil ACE contra los soldados enemigos. Ya vio algunos cadáveres, son muy jóvenes, reclutas. “Se ingeniero militar, decían, aprenderás muchas cosas y casi no hay peligros decían…”

Hace ya 6 horas que inició el ataque aéreo masivo de las fuerzas venezolanas. El mayor Babativa de la FAC se encontraba apoyando una operación en el Casanare. Conoció por radio sobre el ataque generalizado a las bases aéreas y bases militares estratégicas, y tomó la decisión de ocultar su Arpía para protegerlo y esperar a que se estabilice la cadena de mando. Esperará órdenes.

Necesita municiones calibre .50, se las pide al grupo Guías y estas le llegan a caballo. Pilotos de todas las fuerzas y de la policía nacional están en el área con sus helicópteros. Se salvaron de los ataques aéreos a las bases, y ahora se reportan y esperan órdenes para reagruparse y contraatacar.

El capitán Castro entrega al comandante de la FAC el último reporte con el inventario de aeronaves supervivientes. Ahí figura el Arpía de Babativa y decenas de helicópteros más, pocos aviones. El COFAC debe tomar decisiones importantes para recuperar capacidades. El inventario de aeronaves supervivientes señala que el 30 % de los helicópteros no están artillados, y que 12 % necesita reparaciones.

Se establecen 3 bases aéreas tácticas para las aeronaves de ala rotatoria en lugares reservados, y se pide apoyo a la empresa privada. Desde Rionegro, Antioquia, Global Rotor es la primera en acudir al llamado, después de todo su personal está formado por suboficiales de la FAC en retiro. Luis Guillero Arango, el gerente de Global Rotor, pasa horas localizando a docenas de sus “cursos” para reclutarlos, fortalecer su planta de personal y conformar tres equipos altamente especializados que serán desplazados a las bases aéreas tácticas antes mencionadas. Deberán apoyar la reparación y mantenimiento de los helicópteros disponibles.

Apenas han pasado horas, pero parece una eternidad. Proveer la logística necesaria para acondicionar la flota de helicópteros superviviente, junto con otras aeronaves que han sido decomisados en función de las necesidades de defensa, implica contar con un proveedor seguro y confiable de elementos de alta tecnología que en su mayor parte son importados. Este compromiso es asumido por el señor Rick García, gerente de la empresa Gulf Coast Avionics. Rick García estableció oficinas en Bogotá en noviembre del 2013 al percatarse de lo prometedor del mercado. Fue proveedor de la nueva electrónica de los Calima T-90 y sostiene excelentes relaciones con las Fuerzas Militares. Nadie esperaba una guerra, pero ocurrió, y allí estaba este amigo para ayudarnos.

Por la tarde, en La Estrella, Antioquia, Jorge Felipe González -gerente de Thor International- recibe una llamada inesperada de parte del segundo comandante de la FAC. Le solicitan de manera urgente 36 soportes para ametralladora M-60, 12 soportes para ametralladora GAU y 20 soportes para fusil Barret, junto con sistemas de blindaje para 18 helicópteros y 18 FLIR. Un reto para el que Thor está preparado. En menos de una hora las maquinas especializadas de Thor ya están cortando la primera lámina de metal.

A esta hora el sargento Benítez de las Fuerzas Especiales observa a través de su telémetro el emplazamiento de los lanzacohetes BM-30 Smerch venezolanos. Su arma más poderosa. Benítez logró infiltrarse con sus hombres trás las líneas enemigas, y siguiendo instrucciones de inteligencia técnica, logró dar con esta posición. Este era el blanco que el capitán Robledo estaba esperando para sus Nimrod (en este momento ya sabe la mala noticia sobre su hermano, pero mantiene la templanza. Su entrenamiento no le permite flaquear, y por el contrario ahora está más motivado para destruir al enemigo). Benítez envía las coordenadas a Robledo y activa el señalizador láser. En el sitio hay ocho vehículos lanzacohetes pero solo un señalizador láser. De acuerdo a los procedimientos se lanzará un Nimrod cada 10 segundos para que el señalizador pueda cambiar de blanco. Benítez iniciará con el vehículo de comando. Le ordena a sus hombres tomar posiciones para proteger el aparato. Robledo coloca su dedo sobre el botón…

Al oeste los soldados Cataño y Rodríguez desde su trinchera resisten el ataque de la infantería venezolana. El fuego de los cañones de 100 mm. de los BMP-3 no ha podido afectarles debido a un promontorio en el terreno, pero están sometidos a fuego de ametralladora y de los Ak-103 de los soldados venezolanos.

A 1.000 metros un grupo de Black Hawk desembarca a una compañía de infantería dotada de lanzacohetes pesados Apilas, a pesar de que la operación es sorpresiva y se desarrolla muy rápido, uno de nuestros helicópteros es impactado por misiles Igla, coincidencialmente los tiradores apuntaron al mismo blanco. Quizá por ser el helicóptero más cercano a ellos.

El teniente Jaramillo, piloto de UH-60 ve caer en llamas a sus compañeros. No puede hacer nada. Lanza andanadas de flares y se aleja a toda velocidad y a baja altura. El tiroteo en tierra se intensifica.

Unos minutos después, ya en el ocaso, se acercan al sitio dos Mi-35 venezolanos armados hasta los dientes. Cataño y Rodríguez no vieron venir la andanada de cohetes que los mató.

De manera simultánea tres T-72 explotan al ser impactados por cohetes Apilas. Las bajas en la compañía de infantería colombiana son altísimas. Los blindados venezolanos les disparan municiones canister.

Cuatro Sukhoi Su-30Mk2 pasan volando a gran altura, van tras los Black Hawk que hace unos minutos desembarcaron tropas…

 

"La guerra es un método de desatar con los dientes un nudo político que no se puede deshacer con la lengua."

Ambrose Bierce (1842-1914)

Escritor estadounidense

 

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Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ 
Director de www.fuerzasmilitares.org 
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