Soldados del Ejército Nacional, entre los mejor entrenados del mundoEl problema de la Defensa Antiaérea en Colombia. Sobre cómo la desidia de sucesivos Gobiernos y Altos Mandos nos tiene en estado de indefensión frente a las amenazas aéreas a nuestro territorio.

A veces nos damos cuenta de que hemos dejado de hacer cosas que pudieron ayudarnos a tener mejores resultados, e incluso nos percatamos de que esa omisión pudo desatar una catástrofe bajo determinadas condiciones, y entones sentimos una gran aprensión. Esa es la sensación que deben sentir los señores generales activos y en uso de buen retiro de las Fuerzas Militares de Colombia con relación al tema de defensa antiaérea.

Desde que en la Primera Guerra Mundial se usó el avión con fines militares, ha sido una preocupación de todos los comandantes el proteger a sus tropas de superficie de los rápidos, sorpresivos y devastadores ataques aéreos del enemigo. De manera inexplicable, la defensa aérea de las Fuerzas Militares de Colombia es prácticamente inexistente, y constituye una debilidad estratégica que requiere la atención más inmediata y decidida.

Un moderno Sistema Integrado de Defensa Antiaérea consta de algunos elementos esenciales, en primer lugar de un Centro de Control, Comando, Comunicaciones, Inteligencia e Informática (C3I2) desde donde se centraliza la información y se dirigen las operaciones, en segundo lugar de un sistema de detección y alerta temprana, formado fundamentalmente por radares, también es indispensable un grupo de aviones interceptores con la misión de enfrentar las amenazas en el aíre, y en cuarto lugar, múltiples armas antiaéreas de diversos tipos y capacidades para defender diferentes tipos de objetivos, en el caso de que los interceptores se vean desbordados por la aviación enemiga.

En Colombia, ciertamente contamos con un moderno sistema C3I2 que tiene su origen en la lucha contra el narcotráfico, y que en general busca identificar y seguir a todos los vuelos ilegales que entren o salgan del espacio aéreo nacional, con la intención de frenar la exportación de drogas ilegales y la importación de capitales producto de actividades ilícitas, así como de armas, municiones o explosivos que pudiesen servir a los grupos narcoterroristas en su accionar delictivo.

En cuanto a los sistemas de detección y alerta temprana, contamos con un grupo de radares tridimensionales con base en tierra (GBR, por sus siglas en inglés). Lo de tridimensional es debido a que proporcionan datos de dirección, distancia y altura del blanco. Fueron cedidos por los Estados Unidos en el marco de la cooperación internacional antinarcóticos, pero son insuficientes debido a las limitaciones técnicas que se generan por la abrupta geografía del país. Para que quede claro: las ondas de radar viajan en línea recta y por lo tanto las montañas generan detrás de sí zonas ciegas al radar que pueden ser explotadas por los potenciales enemigos y por los criminales. Incluso la misma curvatura de la tierra genera dichas zonas ciegas partiendo del punto en que las ondas de radar se interceptan con el horizonte. El punto es que necesitamos más y mejores radares para cubrir el 100 % de la geografía nacional.

Para cubrir esas zonas ciegas, se emplea un tipo de radar de más corto alcance llamado "cubre huecos" o "Gap Filler". En Colombia usamos la modalidad de radar aerotransportado, o radar sobre plataforma aérea, para lo cual se han adaptado diferentes tipos de aeronaves que patrullan esos corredores de movilidad aérea que no son cubiertos por los radares tridimensionales de largo alcance. Suponemos que estos vuelos son aleatorios y con carácter disuasivo, y sin dudar de los logros obtenidos con ellos, debemos recordar que no se puede tener los suficientes aviones en el aire todo el tiempo.

En cuanto a los aviones interceptores con que cuenta la Fuerza Aérea Colombiana, los veteranos Kfir, a pesar de la modernización en curso, que mejora sensiblemente la electrónica y el armamento, las células -es decir, la estructura misma de los aviones, su armazón- está envejecida tras más de 40 años de haberse fabricado. Además de esto se adolece de otro problema crítico: una de las grandes ventajas de la modernización que se está llevando a cabo es el nuevo radar que se incorpora a los Kfir, pero por desgracia las limitaciones presupuestales (o tal vez la falta de visión de quienes toman estas decisiones), hizo que nuestros 24 cazas se modernizaran en tres versiones diferentes, con diferentes capacidades: la C10, de un asiento y dotado con radar, la C12 de un solo asiento y sin radar, y la TC-12, de dos asientos y sin radar. De esta forma los más aptos para el combate aéreo serían los pocos C10, mismos que podrían lanzar los modernos misiles Derby y Python 5, de reciente adquisición. Los C12 y TC12 tendrían un papel secundario en la batalla aérea.

Siendo que nuestros aviones interceptores son pocos y tienen severas limitaciones, el siguiente escalón debería poder enfrentar la amenaza para proteger blancos estratégicos y tropas en campaña, es decir, deberíamos contar con una defensa antiaérea decente que forme un paraguas protector sobre el sistema de blancos estratégicos. Sin embargo, dicha defensa antiaérea es irrisoria. El Ejército Nacional de Colombia apenas cuenta con un grupo de cañones de 40 mm. y con un grupo de montajes cuadruples de ametralladoras de 12,7 mm. sobre vehículo M8, si, ese M8 "Greyhound" de la Segunda Guerra Mundial. La Fuerza Aérea Colombiana no posee sistemas de defensa antiaérea nisiquiera para defender sus propias bases aéreas, mucho menos la infraestructura estratégica y de gobierno, y la Armada Nacional apenas cuenta con unos pocos sistemas misilisticos de corto alcance montados en las Fragatas Ligeras, que no garantizan ni su propia seguridad frente a un ataque con armas de última tecnología, o un ataque de saturación multimodal.

En resumen: en este tema estamos prácticamente indefensos, y de llegar a darse un indeseable conflicto armado con alguno de los países vecinos, estaríamos a merced de su aviación militar. Nuestros pocos Kfir C10 no podrían estar en todas partes, ni tenemos garantía alguna de que vencerían a sus adversarios en el aire, mismos que en varios casos son tecnológicamente superiores. La aviación enemiga podría atacar de forma incesante y despiadada a nuestras fuerzas de superficie, así como la infraestructura económica, a los centros de gobierno, y demás infraestructura estratégica, en donde no tenemos nada con qué dispararle a los atacantes.

Llevamos varios años en un confuso, demorado y decepcionante proceso para la adquisición de un Batallón de Tanques, que de llegar a concretarse se constituiría ciertamente en otro error más, pues si no se adquieren sistemas antiaéreos que le proporcionen un mínimo de capacidad de defensa, la aviación enemiga los destruirá sin que podamos evitarlo.

Si bien el conflicto interno es la prioridad, y todos o casi todos los recursos disponibles deben enfocarse en su solución, no podemos descuidar la compleja y cambiante situación internacional, que en muchos casos es amenazante para nuestros intereses y nuestra soberanía. Tenemos que entender que es necesario hacer sacrificios para adquirir un mínimo de capacidades que nos permitan enfrentar las amenazas que se ciernen sobre nuestra seguridad, o estar dispuestos a aceptar las consecuencias de nuestra inacción, que podrían incluir sin duda la pérdida de vidas valiosas, territorios, industrias, infraestructura, y no menos importante para muchos, la pérdida de nuestra dignidad.

Las Fuerzas Militares de Colombia requieren que se les dote con más y mejores radares, con cazas de última generación, y con armas de defensa antiaérea diversas y apropiadas. No hacerlo, es condenarnos a ser derrotados en un hipotético conflicto internacional, a pesar de tener un ejército de hombres aguerridos y valientes.


Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ
Editor de www.fuerzasmilitares.org
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