Soldados Profesionales de una unidad de Fuerzas Especiales del Ejército NacionalAnálisis sobre el Servicio Militar Obligatorio en Colombia, y algunas reflexiones en torno al por qué los hijos de los ricos no corren los mismos peligros que los hijos de los pobres en defensa de la "democracia" colombiana.

En Colombia tenemos un sistema económico capitalista, una sociedad conservadora, un liderazgo político y económico arraigado e inamovible, y una iglesia que interfiere alegremente y de manera reiterativa en los procesos políticos y sociales. Los ricos no solo son dueños de la industria sino también de los medios de comunicación, de tal suerte que estos controlan no solo la publicidad, con la que favorecen la venta de sus productos y se enriquecen aun más, sino que también controlan la propaganda, adoctrinando a la población según sus propios intereses. En Colombia se sataniza a la izquierda y a todo modelo político o económico que sea diferente a lo imperante en el país, y que ponga en peligro la posición dominante de las élites. Pocas familias concentran la riqueza, pocas personas concentran la tierra, y el grueso de la población es víctima de un sistema financiero perverso, implacable, que no conoce la solidaridad y que succiona la riqueza del país como una eficiente y gigantesca aspiradora, y por si acaso alguna falla en el sistema llegara a comprometer a alguien de la élite o a sus lacayos y surgiese algún problema legal, el sistema de justicia también reproduce la inequidad y permite que los pobres que cometen un delito se pudran en asquerosas cárceles, mientras que los ricos pueden esperar su juicio y pagar su condena en mejores condiciones, sino es que le dan “casa por cárcel”. Esta es la democracia por la que mueren nuestros soldados. ¿Quiénes son nuestros soldados?

Para nadie es un secreto que en Colombia los hijos de los ricos no prestan su servicio militar. Para los “delfines” que tienen vocación militar se reserva la carrera de oficial en las Fuerzas Militares o en la Policía Nacional. Aquella máxima que nos dice que “la ley es para todos” parece que no aplica cuando se trata del tema del Servicio Militar Obligatorio. Hay maneras de burlar esta responsabilidad si tienes dinero o buenos contactos. ¿Pero por qué este tema no es objeto de debate público teniendo un interés nacional?, pues porque los pobres no son los dueños de los medios de comunicación, y porque los periodistas con conciencia no pueden hacer lo que les de la gana teniendo quien censure lo que va a aparecer publicado en los medios donde trabajan. Además, por la sencilla razón de que a los ricos y poderosos no les interesa que esta situación se corrija, pues tarde o temprano, ellos o sus amigos van a necesitar librar a un familiar de prestar el Servicio Militar Obligatorio, pagando alguna suma de dinero o moviendo a sus contactos. ¿Qué pasa en las Zonas de Reclutamiento y Distritos Militares con esa corrupción rampante, que todo el mundo conoce pero nadie corrige?, ¿Dónde quedó el honor militar?

¿Cuántos soldados veteranos de guerra -hijos de rico- andan por ahí amputados por efecto de minas antipersona?, yo no conozco a ninguno. Eso está reservado para las clases más humildes, tanto el honor de servir a su patria, como la desventura de pasar el resto de su vida con traumas físicos y sicológicos, y quizá teniendo que meter tutelas y demandas para que le den los servicios médicos, la pensión por invalidez, o las prestaciones a las que tiene derecho.

La ley 48 de 1993 es la que reglamenta el servicio de reclutamiento y movilización, el servicio militar obligatorio, la definición de la situación militar, etc. Allí está expresada una inequidad que poco se ha debatido debido a las razones antes expuestas: la diferenciación entre soldados regulares y soldados bachilleres, junto con las diferentes obligaciones de unos y otros. Básicamente si usted es bachiller, prestará 12 meses de servicio militar obligatorio, pero si es “regular” prestará 24 meses, el doble.

Es de suponerse que si usted es de clase humilde, probablemente deberá retirarse pronto de la escuela para asumir alguna responsabilidad laboral y ayudar a su familia a sobrevivir, usted es tremendamente necesario para su familia. Mientras que si sus padres tienen los suficientes ingresos para no requerir que usted trabaje desde muy joven, entonces usted permanecerá en el sistema educativo, alcanzará su grado de bachiller e incluso, tal vez, podrá ingresar a la Universidad.

El Estado nos dice: “ustedes que necesitan a sus hijos para que ayuden a la supervivencia de la familia, deberán entregarlos para que presten el servicio militar por dos años, si por esto ustedes van a pasar hambre, pues tengan el consuelo de que el muchacho en el Ejército comerá todos los días… Y ustedes, que tienen dinero y recursos y tienen hijos que no han pasado por necesidades, vengan, sus hijos solo estarán en el Ejército por un año, y no correrán los mismos peligros que esos otros”. ¿Esto es “ley igual para todos”?, parece que no, si a eso le agregamos que los Auxiliares de Policía Bachilleres duermen en su casa y trabajan en parques, plazas, el Transmilenio y el Metro de Medellín, la percepción de injusticia se empeora. Los más pobres están librando una guerra para proteger ideales difusos, guerra que de llegar a ganar no mejorará su calidad de vida, y en la que pueden perderlo todo, incluso su propia vida.

A los bachilleres se les dieron privilegios para favorecer a las clases medias y altas, pues los más humildes no alcanzaban ese título académico. Pero resulta que otras maniobras en el Estado causaron un problema que se pretende corregir ahora. Ocurre que con el fin de presentar mejores resultados en el sector educativo, en 2002 se promulgó el decreto 230 que reglamenta la Ley 115 o Ley General de Educación, y que privilegió la cobertura y permanencia por encima de la calidad, y entre otras cosas resolvió que en ningún establecimiento educativo público podría perder el año y repetir el grado más del 5 % del total de estudiantes matriculados. Esto permitía predecir que en todo el país el índice de repitencia nunca sería superior al 5 %, pero también quería decir que cientos de miles de estudiantes pobres (porque en los colegios privados es diferente) pasarían a los grados superiores aun sin haber alcanzado los conocimientos y habilidades indispensables. De forma que las escuelas públicas se transformaron en fábricas de bachilleres mediocres, convirtiendo en una ilusión la posibilidad de escalar socialmente a través de la educación.

Estos bachilleres, pobres y mediocremente formados, no son competitivos ni laboral ni académicamente. Esto ha traído como consecuencia que en las Universidades Públicas el grueso de la matricula corresponda a jóvenes de estratos socioeconómicos medios y altos de la sociedad, es decir que no pagan quienes podrían pagar, y no se sirve a quienes se debería servir. Los jóvenes mal formados en la educación pública, no aprueban los exámenes de admisión en las Universidades, y si lo hacen, luego abandonan los estudios por problemas económicos o por no ser capaces de enfrentar la exigencia académica. Así que ahora tenemos un montón de bachilleres pobres y desocupados, de los que disponer para lanzarlos a la guerra o para prepararlos en carreras técnicas y tecnológicas para que sean los “caballos de batalla” en las empresas de la nueva era bajo el Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de Norteamérica. Aquellos que estén mejor dotados intelectualmente correrán mejor suerte. En todo caso -según la élite- es necesario reformar la ley para reestructurar los privilegios.

De ahí la idea del Soldado Universal. Los hijos de las clases medias y altas ahora están estudiando en las Universidades, y los hijos de los más humildes son “bachilleres”. En esta condición muchos jóvenes pobres se han librado del Servicio Militar Obligatorio, o al menos lo han podido prestar como bachilleres, es decir, solo la mitad del tiempo y en condiciones en las que su seguridad física no corre peligro. Esto afecta las “cuotas” de nuevos soldados que se espera reciban las Fuerzas militares en los sucesivos contingentes. Se necesita entonces igualar a los soldados regulares y bachilleres, en la certeza de que los privilegios de las clases medias y altas se conservarán, seguramente se exonerará del servicio militar a los universitarios.

Quienes tenemos conciencia social, quisiéramos que las inequidades presentes en la sociedad, no se reprodujeran al interior de las sagradas instituciones militares y policiales, herederas de lo mejor de nuestros caciques, guerreros y libertadores, de lo mejor de los hombres y mujeres que a lo largo de la historia han sacrificado hasta su propia vida por la patria, y por sus conciudadanos. En algún punto desviamos el camino, y resultamos teniendo unas condiciones políticas, económicas, sociales, y militares, que no se corresponden con la grandeza que deberíamos tener. Hay que volver a Boyacá y refundar la República.

El sostenimiento de la inequidad en el seno de las Fuerzas Militares y la Policía Nacional no se corresponde con los principios que estas instituciones deben defender, ni con el honor militar. Si vamos a defender la democracia, primero hagamos que esa democracia valga la pena, si vamos a defender las instituciones, entonces que TODOS nos pongamos el uniforme y empuñemos las armas de la República, no solo los menos favorecidos para el provecho de un grupo de sinvergüenzas cuyos hijos evaden el Servicio Militar Obligatorio y disfrutan de su juventud sin correr ningún peligro.

Necesitamos que se ejerza el control social a la gestión de la Dirección de Reclutamiento y Control Reservas, a las Zonas Militares y a los Distritos de Reclutamiento, requerimos más transparencia, y que cese la corrupción en esas instancias. Que todo el que tenga que prestar servicio militar lo preste sin excusas, dilaciones ni preferencias, y requerimos que todo colombiano con capacidad psico-física, suficiencia intelectual y vocación, pueda ingresar a las escuelas de formación militar sin que los altos costos de la matricula sean un problema. Requerimos que en las Fuerzas Militares y de Policía haya igualdad de oportunidades para todos los colombianos. Y por supuesto, necesitamos mejorar la calidad de nuestro sistema educativo, que el nivel de los bachilleres que están egresando de las escuelas públicas sea igual al de aquellos que egresan de los colegios privados. Eso es Democracia.

El padre de la patria nos dejó una pista de lo que debemos alcanzar cuando dijo que “el sistema de gobierno más perfecto, es aquel que produce la mayor suma de felicidad posible”.


Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ
Editor de www.fuerzasmilitares.org
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