Francisco Bolegnesi
Francisco Bolegnesi, por su gesta heroica, es el patrono del Ejército Peruano.

www.fuerzasmilitares.org (22SEP2016).- Escribir unas líneas dedicadas al patrono de nuestro Ejército, implica sentirse involucrado en el cúmulo de sentimientos y emociones vividos por él, en el momento histórico de decidir conjuntamente con sus hombres, inmolarse por la defensa de la Plaza de Arica; sin embargo, para entender las motivaciones de su trascendente respuesta, debemos primero apreciar los eventos más críticos ocurridos por entonces en el país, los mismos que contribuyeron a que Bolognesi pueda consolidar su patriotismo, desde antes inclusive de escoger la carrera de las armas. 

Cuando el Perú todavía no cumplía su primer lustro de independizado, y la identidad nacional y el sentido de patriotismo todavía estaba en formación, sucede una epopeya tan gloriosa y contundente, como la Batalla de Arica (07 de junio de 1880), en la que el sacrificio de sus defensores, reivindicó para siempre el honor del país; resulta pues inverosímil tener tamaña contrastación, que las luchas libradas por la independencia no aportaran al Perú de héroes tan valiosos y significativos, como si los diera la Guerra del Pacífico.

Abordar el tema principal del ensayo, impone necesariamente reflexionar e interpretar de manera filosófica la histórica respuesta de Bolognesi, ya que su análisis no redunda solo en su motivación, sino en el gran impacto que produjo en el tiempo y el espacio cuando la respuesta fue cumplida. Los defensores de Arica nos aleccionaron que ante situaciones adversas y complejas, se puede aún trascender a propósitos más elevados que la mera solución al problema, y es que para el artífice de ese juramento, estaba bien definido la imposibilidad de ganar de manera física esa batalla, sin embargo consideró el sacrificio por el deber sagrado, como causa para aportar de valores tan supremos como el honor, patriotismo y amor a la patria, a un Perú que estaba consumido en su propia crisis moral, pero fue más allá, consiguió trascender esa dignidad nacional hasta nuestros días, opacando inclusive a la propia victoria del adversario, que a pesar de consolidar su objetivo, no pudo estar a la altura de tanto heroísmo.

En la formulación de este ensayo, la tarea de recopilación de datos, no presentó complicaciones, por disponerse de abundante información de fuente abierta (inclusive por parte del lado chileno). Es observable también la existencia de empirismos aplicativos en el profesional militar con respecto al conocimiento elemental de referentes históricos como la Guerra con Chile (o del Pacífico), las Campañas Terrestres conducidas, las Batallas libradas, sobre nuestros Héroes e inclusive del propio Francisco Bolognesi, lo que limita considerablemente la posibilidad de discusión, de debate e incluso la consulta en este tipo de trabajos; sin embargo resulta motivador comprobar el grado de interés de nuestro personal por conocer y querer aprender sobre estos mismos aspectos poco investigados.

Este ensayo que me permito presentar, tiene la finalidad de servir como base doctrinal para futuros trabajos o estudios que tengan que relacionarse con aspectos académicos formativos como “La interpretación de los principios y valores militares”, “Revisiones bibliográficas del Coronel Francisco Bolognesi y a la Batalla de Arica”, “Contextos políticos – sociales previos a la Guerra con Chile” y “Discusiones de carácter histórico militar”; teniendo en consideración que su consecución obedece a revalorizar la imagen del Patrono del Ejército ante nuestro potencial humano institucional, a la vez de resaltar su heroísmo, liderazgo y patriotismo como justo homenaje.

Francisco Bolognesi

Como bien sabemos, Francisco Bolognesi nació y vivió gran parte de su niñez en Lima, durante los últimos años del Virreynato del Perú, a una edad temprana se labra fortuna para hacerse cargo de su familia, debido a la muerte del padre, años después cuando ya dominaba las artes del comercio y la contabilidad, fue testigo de la Batalla de Carmen Alto (o Acequia Alta), en la que aprecia las confrontaciones caudillistas por la disputa del poder, era entonces un Perú que atravesaba un periodo de oscura anarquía, propia de su época fundacional.

Es completamente distinta la situación del Francisco Bolognesi que se enlista en el Ejército ya en una edad madura (37 años), pronto por mérito a sus capacidades profesionales, consigue aproximarse al General Ramón Castilla, quien desde 1844 hasta 1963 (19 años), era el hombre más poderoso del país. Cuando se desempeñó como su Edecán de Campo, tuvo la oportunidad de conocer y rozar el poder, sin embargo su indiferencia hacia el oportunismo, nos hace incidir en su valiosa calidad moral, ya que jamás pretendió siquiera incursionar como caudillo en la atropellada política peruana del Siglo XIX.

Nuestro patrono tuvo una carrera militar destacada por la técnica y la gestión transparente, sus potencialidades le facultaron a ser comisionado hasta en tres (03) oportunidades al viejo continente para adquirir material bélico, cumpliendo sus encargos con responsabilidad, honestidad y eficiencia; esos seis (06) años que permaneció en el extranjero, le sirvieron para conocer de cerca a otros Ejércitos más avanzados y las realidades de los países europeos. Tuvo descollante participación combatiendo en el “Sitio de Arequipa” (6 y 7 de marzo de 1858), durante la Guerra Civil Peruana (1856-1858), en donde obtiene el grado a Coronel por acción distinguida y combatiendo en la Campaña contra el Ecuador (1860) en la que comandó del Batallón Volante de Artillería; en ambas gestas combatió con el General Ramón Castilla (ya investido como Primer Mandatario).

El Coronel Bolognesi luego de prestar servicios en diferentes empleos y encargos, pasa a la situación de retiro en 1872, cuando ya había finalizado el periodo del Auge Guanero (1845 – 1868) y empezaba el periodo del “Debacle y Reconstrucción”, sin embargo su verdadera trascendencia militar vendría a su retorno a filas, después de ocho (08) años de estar en el retiro, ya entonces estaba avanzado de edad (63 años) y disponía de una numerosa familia (ocho hijos en total), quizá el ser padre de dos (02) Oficiales del Ejército, le imponía a ser ejemplo de conducta en el cumplimiento del deber militar.

Durante el retiro de Bolognesi, suceden los referentes políticos más críticos en el escenario nacional, como el “Antimilitarismo” llevado a cabo durante el gobierno de Manuel Pardo “Primer Presidente Civil del Perú del S. XIX” (1872-1876), expresado en una “Reforma Militar” que redujo el efectivo de las tropas (de 3616 a 2225 hombres) y de las unidades militares, fortaleciendo a la Guardia Nacional por encima del Ejército, en su gestión solo se compraron municiones de bajo calibre y los defectuosos fusiles Chassepot. De Pardo le sucede el General Mariano Ignacio Prado (02 de agosto de 1876 al 18 de diciembre 1879), quien fue políticamente incapaz de ponernos al margen del conflicto Chileno – Boliviano, no obstante cuando ya estaba avanzada la guerra y ya se había perdido la Campaña Marítima y la Terrestre de Tarapacá, decidió erróneamente viajar a Europa para adquirir armamento; Nicolás de Piérola aprovechó su ausentismo para asestarle un golpe de estado y alzarse como Jefe Supremo de la Republica (23 de diciembre de 1879), privándole sus derechos ciudadanos, borrándolo del escalafón e impidiendo cualquier posibilidad de retorno (decreto del 22 de mayo de 1880) por “Vergonzosa deserción y fuga”. Piérola, ya en el poder resultó demasiado imprudente, al reformar a la Institución en plena guerra, dividió erróneamente el Ejército del Sur, en el Primer Ejército (con sus cuerpos acantonados en Tacna y Arica) y el Segundo Ejército (con sus cuerpos acantonados en Moquegua, Cusco y Arequipa), cada uno independiente del otro y bajo las órdenes directas del gobierno, esa fue una de las desastrosas razones por que la 2da División del 2do Ejército del Sur “nunca reforzó” a los defensores de Arica, (porque pertenecían a otra División).

Estos antecedentes políticos fueron condenados por Bolognesi en la carta que escribiese a su esposa María Josefa de la Fuente y Rivero, cuando cita crudamente: “(…) Dios va a decidir este drama en que los políticos que fugaron y los que asaltaron el poder, tienen la misma responsabilidad. Unos y otros han dictado con su incapaz conducta, la sentencia que nos aplicará el enemigo (…)”

Ya en ejercicio de la actividad, participó (bajo el malestar de una fiebre) en la Batalla de Tarapacá (27 de noviembre de 1879), comandando la 3ra División de Infantería, ironías que da el destino, siendo él un artillero reconocido y con gran experiencia, participó en un dispositivo que carecía de artillería. Allí combatió junto al entonces Coronel Andrés Avelino Cáceres, aportando a la reconocida victoria que hoy es homenajeada por nuestra Infantería peruana, en dicha batalla, también conocería a Alfonso Ugarte y al Argentino Roque Sáenz Peña, con quienes meses después combatirían valientemente por la defensa del Peñón de Arica.

Precisamente Arica, el otrora Cuartel General del Presidente Mariano Ignacio Prado, Director Supremo de la Guerra, y del Contralmirante Lizardo Montero, Jefe del Primer Ejército del Sur, era el segundo puerto de importancia geopolítica para el Perú y considerado inexpugnable por el adversario, increíblemente estratégico pero también asombrosamente relegado, era por tanto más mito que leyenda. Era inconcebible que el último reducto del sur peruano, no disponía siquiera de alguno de los cañones Blakely que Bolognesi había adquirido hace más de catorce años atrás, (la última adquisición de importancia que hiciera el estado antes de la guerra).

Pese a todo, el Titán del Morro, estaba convencido que los peruanos, no merecíamos vivir otra frustración, tras el trago amargo de perder en la Batalla de Tacna, con esa derrota se diluyó definitivamente la Alianza con Bolivia y también se diluye el Primer Ejército del Sur, de ese cuerpo, solo quedaban los 1,600 hombres en Arica; muy a pesar de estar aislados, no estaban preparados para contener a la aplastante ofensiva chilena que se venía, pero no era el momento de deshonrar a la patria, no era aceptable pretender siquiera entregar el último baluarte peruano en el sur sin cobrar cara batalla, tal como lo ofrecía el parlamentario chileno, el Mayor Juan De La Cruz Salvo; el Perú necesitaba urgentemente mantener su honor incólume y reivindicar su concepto de nación, entonces resistir o capitular ya era un asunto de honras.

El Contralmirante Lizardo Montero, en sus memorias sobre la Batalla de Arica confirmó que envió al Coronel (Cubano) Pacheco De Céspedes con un mensaje para el Jefe Militar de la Plaza, en el que le dispuso: “Se destruya los cañones y cuanto elemento hay en Arica y salve los hombres que allí tiene para pasar ese Ejército a Moquegua y unirlos al Coronel Leiva”, sin embargo aquel mensaje jamás sería recibido; con esta versión puede apreciarse la pobre predisposición del Comando del Primer Ejército del Sur, de dar ya todo por perdido.

La Resolución de Bolognesi de “Quemar el último cartucho”, no podía ser tan magníficamente secundada, sino estuviese complementado por la calidad de soldados que lo acompañaron, su segundo al mando, el Capitán de Navío Juan G. More, vestía luto permanente desde que perdió a la “Independencia” (él se culpaba por la derrota de la Campaña Marítima), sacrificarse por defender Arica significaba una oportunidad gloriosa de reivindicar su apellido ante la historia, y así lo hizo, en aquella batalla vestiría nuevamente su uniforme de marino para combatir. Los Coroneles Alfonso Ugarte y Ramón Zavala, eran potentados millonarios de Iquique, que con su propio peculio formaron a los batallones “Tarapacá” e “Iquique”, su condición económica les posibilitaba refugiarse en el extranjero o mantenerse al margen de la guerra, pero aún sin ser profesionales de las armas, decidieron combatir por su país. Similar valía fue derrochada en esa gesta por los Coroneles José Joaquín Inclán, Marcelino Valera y Justo Arias y Araguez (este último es reconocido por los chilenos). Mención no menos valiosa la del Capitán José Sánchez Lagomarsino, Comandante del “Manco Capac”, cañonera que estaba imposibilitada para navegar, pero igual se enfrentó valientemente contra los blindados chilenos “Cochrane”, “Loa”, “Covadonga” y “Magallanes”

En la noche del 28 de mayo de 1880, el Coronel Ugarte ofreció una cena, en la que se discutió la situación táctica de la defensa, la Oficialidad peruana, decide entonces, previo acuerdo de jefes, resolver por secundar la decisión de Bolognesi: “Arica no se rinde, resistiremos, hasta quemar el último cartucho”; esta cohesión patriótica fue reiterada nuevamente de manera unánime, ante el parlamentario chileno, el 05 de junio de 1880.

Debemos estar convencidos, que no solo fue suficiente la genialidad del Jefe por asumir la decisión del sacrificio, sino que fue a través de su liderazgo, que consiguió irradiar el deber militar para con la patria, a sus oficiales y tropa, todos ellos supieron combatir ante una situación tan crítica, frente a un adversario muy superior en fuerza (6,500 chilenos vs 1,600 defensores peruanos), esta muestra de heroísmo y valentía, también fue reconocida por el mismo General chileno Manuel Baquedano, en su parte de guerra, al citar: “El señor Bolognesi respondió que estaba dispuesto a salvar el honor de su país quemando el último cartucho”.

Nueve (09) fueron los telegramas redactados por Bolognesi antes de la batalla, cabe destacar que a pesar de las adversidades, no desesperó nunca en tinte injurioso, ni vacilante, por su precaria situación, por el contrario supo llevar bien la marcialidad y la hidalguía en sus informes, en varios de ellos retrucó la consigna tomada: “Se resistirá hasta el sacrificio y quemaremos el último cartucho”.

Cuatro (04) horas demoró la toma de Arica, después, con la batalla ya perdida, se cumplió la inhumana consigna del General Pedro Lagos “Hoy no hay prisioneros”, materializada en la cruel represalia de “repasar” a los heridos, dicho repase  aumentó indiscriminadamente el número de nuestras bajas a 700 hombres aproximadamente (según parte de guerra del General Baquedano), pero lo impactante de la gesta, puede sentirse en la emotividad de las palabras de uno de sus sobrevivientes, el General (grado otorgado en el Perú) y abogado argentino Roque Sáenz Peña, quien un 06 de noviembre de 1905, en circunstancias que en Lima se inauguraba la plaza y el monumento en homenaje al Coronel Francisco Bolognesi, pronunció la siguiente frase: "¡Pelearemos hasta quemar el último cartucho! Provocación o reto a muerte, soberbia frase de varón, condigno juramento de soldado, que no concibe la vida sin el honor, ni el corazón sin el altruismo, ni la palabra sin el hecho que la confirma y la ilumina para grabarla en el bronce o en el poema, como la graba y la consagra la inspiración nacional. Y el juramento se cumplió por el jefe, y por el último de sus soldados, porque el bicolor peruano no fue arriado por la mano del vencido, sino despedazado por el plomo del vencedor"

Un mes después de la batalla, el vapor peruano “Limeña” arribó a la ya chilena provincia de Arica, para cumplir con la misión de trasladar a la capital, a los 1000 heridos de la Campaña de Tacna y recoger también los restos mortales del Coronel Bolognesi y del Capitán de Navío More, se pudo constar al cumplir su tarea, el gesto educado que hiciera Chile en consideración al heroico Coronel peruano, que personificaba a todos sus defensores caídos. Previa ceremonia militar y misa de difuntos, se adornaron las calles con formaciones de honor de tropas vestidas de gala, los féretros fueron llevados desde la iglesia San Marcos hasta el muelle en hombros por una escolta y al compás del cortejo de una banda de músicos que entonaron las marchas fúnebres, una vez en el muelle, los héroes fueron embarcados, con honores de reglamento a su grado, con salvas de rigor y un toque de silencio, “Era pues, la muestra de respeto que rendía un vencedor, que había sido opacado por la valentía y el honor de un vencido que supo cumplir con su deber”.

Conclusiones

Por lo anteriormente expuesto, me permito presentar las conclusiones siguientes:

  1. Francisco Bolognesi, fue un descendiente ítalo – peruano, por necesidad tuvo que dedicarse y vivir del comercio, aprendió la contabilidad de manera empírica, fue padre de una familia numerosa y decidió regresar al servicio estando ya su carrera militar terminada, además era un anciano cuando combatió en Tarapacá y Arica, estos factores pueden resultar demasiado comunes e inclusive menos resaltantes para que un individuo pueda convertirse en un héroe nacional, sin embargo él consiguió trascender en la historia por llevar a la práctica valores tan elevados como el honor, el patriotismo y el amor a la patria, en un momento crítico que ponía a prueba sus convicciones por encima de la propia vida y la de sus hombres, si fortaleciéramos y proyectáramos su ejemplo, como campaña cultural, principalmente hacia nuestras nuevas generaciones iniciaríamos una verdadera reconstrucción de nuestra sociedad.
  2. La guarnición de Arica pese a estar condenada a la muerte, demostró con el arrojo y sacrificio de sus defensores, el verdadero concepto del honor nacional, muy a pesar de la derrota obtenida; si hubiera habido más jefes y hombres como Bolognesi en la infausta Guerra con Chile, definitivamente otros hubiesen sido los acontecimientos. Con esta enseñanza tenemos bien claro lo imprescindible que significa para el futuro del Perú, el rediseñar sus pilares sobre la base del honor nacional, así todos nosotros entenderemos lo valioso e importante que es para nuestra patria, el afrontar cualquier tipo de sacrificios y cumplir con todos los deberes sagrados que nos impone nuestra responsabilidad como peruanos que somos.
  3. La respuesta de Bolognesi nos mostró que su liderazgo y protagonismo no eran incompatibles con su honor y sentido del deber, como profesionales militares que somos nos queda tratar de desarrollar su ejemplo, capacidad de entrega e inquebrantable vocación de servicio, con el convencimiento de que el progreso de nuestra institución se basa en la honestidad, la integridad y la responsabilidad.

 

Coronel Victor Manuel Pimentel Roque
Ejército del Perú

 

Bibliografía

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