El enemigo que sigue
Enemigos reales o imaginarios son necesarios para dinamizar a la población.

www.fuerzasmilitares.org (06MAY2017).- Definir el orden mundial es adentrarse en un terreno en donde la (s) ideología (s) imperante (s) en ciertos momentos coyunturales de la historia humana, es el fundamento para el accionar de los Estados.

Dentro del sistema mundo los Estados se alinean o se ordenan de acuerdo al poderío alcanzado en la coyuntura histórica, lo que les permite imponerse ideológica y militarmente sobre los demás Estados, de ahí que, en la configuración de ese ordenamiento, se presenten disputas que permiten un reacomodamiento dentro del sistema. En este sentido, la tesis de Francis Fukuyama, quien entendió el fin de estas disputas como el final de la historia posguerra fría, tenía mucho sentido, porque una vez terminada la bipolaridad el ideal de occidente (liberalismo económico, democracia, libertades etc.) sería el faro que guiaría el nuevo orden mundial.

Sin embargo, hoy se podría decir que estamos lejos del fin de la historia, la amenaza terrorista y el resurgimiento de los nacionalismos permiten entender que el mundo sigue en disputa y que el discurso de los Derechos Humanos poco a poco ha empezado a volverse una cuestión académica en foros y seminarios, como el deber ser de un mundo que tiende a radicalizarse en torno a sueños de glorias pérdidas (Rusia), retorno de la grandeza (China), sueños de gran potencia (Japón), reconocimiento como potencia (India), hegemonía regional (Irán). En este panorama, una potencia hegemónica como Estados Unidos enfrenta el reto de encontrar la mejor manera de seguir siendo el eje que articule la geopolítica pos 11 de septiembre; ello porque aunque es la cabeza visible del orden mundial, la dinámica de un mundo caracterizado por los múltiples matices del poder, le sugiere que lo económico y lo militar per se no es garantía de supremacía.

En este orden de cosas, pensar en una potencia reguladora del orden mundial sería hacer un análisis de relaciones internacionales de espaldas a las dinámicas del mundo actual. Los conflictos suscitados en los últimos meses así lo señalan. La expansión del Estado Islámico en el Medio Oriente, el conflicto en Ucrania y la amenaza terrorista del Boko Haram, demuestran que el liderazgo Estadounidense está lejos de ser del carácter duro y un tanto radical impuesto por George Bush después de los atentados del 11 de septiembre, si a esto se le suma que la unión europea atraviesa por la peor de las crisis desde su creación, la desconfianza que produce Rusia con su presidente Vladimir Putin y las preocupaciones que le genera al mundo occidental el enorme crecimiento económico de China, nos encontramos frente a un escenario donde la regulación del orden mundial pasa por la mutua conveniencia entre los Estados con más poder en la actualidad , más no por un carácter impositivo de una potencia sobre otra.

Como dije antes, el discurso de los Derechos Humanos como principio predominante una vez finalizada la guerra fría, ha venido perdiendo valor, especialmente después de los atentados a las torres gemelas, cuando la máxima que se impuso fue la lucha frontal contra el terrorismo. Sin embargo, la democracia, bandera indiscutible de Estados Unidos, ha encontrado eco en lugares insospechados (primavera árabe), pero no se podría asumir como la prioridad para el país del norte. La pregunta entonces por los valores que deben ser promovidos en la actual coyuntura mundial, debe recoger ideas como la eliminación de las desigualdades en el mundo, la erradicación de enfermedades como el Ébola, el Sida etc., que no han sido asumidos como principios rectores que atañen a la humanidad y en especial a las agendas de los países poderosos; es decir, la idea de un mundo más justo fruto del progreso económico debe dejar de ser un discurso de soñadores y convertirse en una realidad impulsada por los líderes políticos de los países que fungen como potencias mundiales.

 

Gregorio Arévalo Navarro
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Sociólogo, Especialista en Intervenciones Psicosociales y Magíster en Estudios Políticos