Guerrilleros de las FARCLa manía de culpar por todo a las FARC, y las implicaciones psicológicas y estratégicas que esto tiene para el país. ¿Y si no fueron las FARC?

A propósito del reciente atentado contra el ex ministro Londoño, suceso en el que lamentablemente hubo muertos y múltiples heridos, las autoridades aseguraron el mismo día que todo apuntaba a las FARC, lo cual es muy probable, lo que sorprende es la rapidez con la que se les señala como culpables. Uno pensaría que se han realizado experticias, se han analizado pruebas forenses, se han hecho estudios en laboratorios especializados, se han realizado entrevistas y complejas valoraciones de inteligencia, el problema es que los voceros gubernamentales suelen culpar a las FARC de inmediato, apenas pasados algunos minutos de los hechos, ¿lo habían notado? Esto resulta preocupante en la medida en que no se da tiempo a las investigaciones. Viene al caso la célebre frase de Bertrand Russell, “la percepción, sin comprobación ni fundamento, no es garantía suficiente de verdad”. Lo más fácil (y conveniente para algunos) es culpar a las FARC, todo el mundo lo creerá, pero… ¿y si no fueron las FARC?

Unos días después del atentado al ex ministro, el Presidente de la República, Juan Manuel Santos, en declaraciones ante los medios, dijo que no había constancia de que hubiesen sido las FARC, y que se estaban barajando otras hipótesis. Esto parece lo más sensato y lo más inteligente. Obliga a las autoridades a investigar y a encontrar de manera técnica y científica a los verdaderos culpables, que bien podrían terminar siendo las FARC, o quizá no.

Culpar de todo lo malo a las FARC no es solo por facilismo, esto tiene otras razones e implicaciones que intentaremos abordar en este escrito, y que en su conjunto terminan por fomentar y favorecer la impunidad, en el entendido de que los miembros de las FARC no son las únicas personas malvadas que habitan este país. Por ejemplo, si usted quiere matar a algún enemigo y salirse con la suya, deje unos cuantos panfletos con el logo de las FARC y mensajes revolucionarios junto al cadáver, las autoridades harán su magia, y a los pocos minutos “confirmarán” que fueron las FARC, no habrá mayores investigaciones y usted seguramente quedará libre. No es en broma, los delincuentes lo saben, por eso no es casualidad que la delincuencia común secuestre o extorsione a nombre de las FARC sin estar realmente vinculados con ellos. Y estos delitos se suman rápidamente a los que realmente cometen las distintas estructuras de las FARC, empeorando su prontuario, y manteniendo limpio el de otros criminales que se aprovechan de la situación creada en el país, ¿pero por quienes fue creada esta situación, que en sí misma es un despropósito?

Operaciones Sicológicas

En la doctrina militar, las Operaciones Sicológicas (OPSIC en español, SICOP en inglés), se definen como el conjunto de medidas tendientes a controlar la información, dándole el tratamiento que más sirva a los propios fines. Una vez la información ha sido procesada, esta se convierte en propaganda y es difundida por diferentes canales.

La propaganda va dirigida a cinco blancos audiencia. En primer lugar, a la población propia, de la que se espera mantenga la voluntad de lucha y esté dispuesta a padecer las consecuencias del conflicto en procura de la victoria, es este grupo humano de donde salen los soldados que pelearán las guerras; en segundo lugar, la propaganda se dirige a las propias tropas, a las que se estimula a combatir con arrojo y valentía, a que menosprecien los peligros y desprecien al enemigo, se espera que lleguen a creer con fervor en su propia causa, que la consideren la causa justa, noble, la bendecida por Dios, la causa por la que vale la pena matar y morir. Interesa hacer lo contrario con el enemigo, por ello el tercer blanco audiencia son los combatientes enemigos, a los que se persigue desmoralizar, confundir, acobardar, llenarlos de temores y dudas sobre sus propias fortalezas y sobre la moralidad de su causa. El cuarto blanco audiencia es la población enemiga, en la que se espera eliminar cualquier voluntad de luchar o resistir. Finalmente, el quinto blanco audiencia es la comunidad internacional, los terceros países y los organismos internacionales, a los que se busca convencer de la nobleza de nuestras intenciones y de la perversidad de nuestros enemigos.

En el mundo moderno, los medios de comunicación son fundamentales para cumplir los propósitos antes señalados, y por ello no es casualidad que los grupos de poder político, económico, militar, eclesiástico, y otros grupos (incluso por fuera de la legalidad) estén en permanente proceso de apoderarse de los medios o lograr ejercer certera influencia sobre los mismos. Quien controla los medios controla la información y por lo tanto influye en la forma de pensar y actuar de las masas. ¿No parece eso peligroso?, ¿por qué no es esto tema frecuente de debate?

El papel de los Medios de Comunicación

La función social de los medios de comunicación es la de informar, entretener y educar. Surgen de inmediato tres preguntas clave: ¿informar qué?, ¿entretener cómo?, ¿educar para qué? Las respuestas dependen de quién sea el dueño de los medios de comunicación. Las posibles respuestas a esas tres preguntas fundamentales son infinitas, pero baste por ahora con destacar que en todos los países del mundo los principales medios de comunicación están en manos de las familias más ricas y poderosas, lo cual no es ninguna casualidad, ya que esto les permite mantener y posiblemente ampliar sus privilegios.

Teniendo el control de los medios de comunicación, las familias más ricas de cualquier país, pueden controlar la publicidad y el mercadeo, de esta forma pueden promover los productos o servicios que sus empresas ofrecen, y en segundo lugar, pueden controlar la propaganda, promoviendo a los candidatos políticos de su preferencia, difundiendo ideas útiles a sus propios intereses, adoctrinando al grueso de la población según sus objetivos de corto, mediano y largo plazo. Pueden crear héroes o villanos, dictar normas morales, dañar la imagen de quienes los traicionan, recuperar la imagen de quienes hicieron algo malo, desacreditar a sus opositores, embestir contra sus enemigos políticos o económicos, y en general influir en la forma como actuamos y pensamos.

¿Son los intereses de los ricos los intereses nacionales?, ¿la satisfacción de los intereses de los ricos va en beneficio del país?, ¿es posible que los intereses de una minoría privilegiada sean contrarios a los intereses de las mayorías humildes?, son cuestiones que quedan para el análisis, y que deberían ser debatidas en distintos foros.

En un mundo ideal…

En un mundo ideal, tendríamos un proyecto de país compartido, habría un norte aceptado por la gran mayoría, objetivos, metas por las que todos trabajaríamos. Tendríamos un sistema legal justo y confiable, un sistema de salud universal al que todos tuviesen acceso y que no fuese percibido como un gran negocio sino como una gran necesidad de la sociedad. Tendríamos un sistema educativo de calidad, que se apoyaría en los medios de comunicación para coordinar cuales son las cosas que convienen a nuestra sociedad en procura de alcanzar las metas trazadas en nuestro proyecto de país, y a las que hay que darles prioridad. En un mundo ideal la televisión, la prensa, el cine, el internet, servirían para educar al pueblo y no para embrutecerlo.

Es muy fácil comprender que de nada sirve el esfuerzo de los docentes en las aulas si los jóvenes  no tienen la actitud apropiada y tienen su mente en otro lado, sus valores invertidos, y los referente a imitar son capos del narcotráfico, toda suerte de mafiosos y criminales, imitadores de cantantes famosos, o mujeres de vida alegre que requieren tetas para hallar el paraíso.

No se trata de censura, se trata de sentido común. No se trata de sintonía y utilidades, se trata de nuestros jóvenes. No se trata de beneficios individuales y grandes negocios, se trata de nuestra patria. De seguir como vamos, sin rumbo y sin valores, nos volveremos un país de trabajadores-esclavos, o un Estado fallido. ¿Pero qué pasa cuando alguien piensa diferente a lo que es la tendencia establecida por los medios de comunicación?, ¿por qué se acusa de ser simpatizantes del terrorismo a quienes se atreven a cuestionar decisiones del Gobierno?, una líneas atrás ya fue explicado, ¿recuerda?

No se, ni puedo saber…

Muchas personas cuando se refieren a asuntos políticos hablan de “izquierda” y “derecha” sin siquiera saber la etimología de esos términos, lo que está claro (gracias a los medios de comunicación colombianos) es que la derecha es “buena” y está en contra de las FARC, y la izquierda es “mala” y generalmente parece apoyar -o apoya- a las FARC. Ideas muy básicas, fulminantes, lapidarias, que se han sembrado en la mente de nuestra población por años, y a tal punto ha llegado el fanatismo inducido en las masas que yo mismo, un profesional serio, respetuoso de la ley y del derecho ajeno, temo entrar a la página web llamada ANCOL, pues es por todos conocido que esa página promueve y difunde los intereses de las FARC, y temo que mi dirección IP quede registrada en alguna parte como ”visitante frecuente” de esos sitios satanizados en nuestro país. Al percatarme de esto, me doy cuenta de lo irracional que resulta, y al mismo tiempo me percato del éxito que han tenido las operaciones sicológicas en Colombia. ¿Cómo demonios voy a saber qué piensan las FARC si tienen un bloqueo mediático y de remate me da miedo entrar a sus páginas web?, ¿acaso no es este el sueño de todo operador psicológico? Poder difundir su propaganda libremente, sin que la propaganda enemiga “contamine” a los blancos audiencia en disputa.

¡Es el lobo!, ¡es el lobo!

Esa máxima terrible que asegura que “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, terminó por llevar a la perdición a muchos hombres inteligentes y valientes, que cedieron a la tentación de propinar golpes contundentes al enemigo reconocido aliándose con otros criminales, sin darse cuenta de las consecuencias que eso tendría para si mismos y para las instituciones. Me refiero principalmente al paramilitarismo y a la alianza que con esos grupos ilegales establecieron algunos de nuestros uniformados, que hoy están pagando las consecuencias de sus actos.

Pero para obrar mal, no es necesario llegar a los extremos de realizar operaciones conjuntas y coordinadas con grupos paramilitares en contra de organizaciones ilegales de izquierda -y sus aliados entre la población civil-, si nuestros uniformados caen en la tentación de culpar por todo y de inmediato a las FARC, sin realizar las debidas investigaciones, y probar de manera científica y técnica esa culpa, entonces le estarán haciendo un flaco favor a la justicia, y estarán contribuyendo al debilitamiento de la sociedad a la que juraron defender, pues en esas circunstancias estarán promoviendo la impunidad. Los verdaderos culpables de muchos actos terribles y demenciales quedarán libres, prestos para volver a cometer esos actos, porque un funcionario o un militar o un policía, “aprovechó” para endilgarle esos actos criminales a la más importante organización criminal del país, contra la que están todos los militares, todos los policías, todos en el Gobierno, y contra la que están las familias ricas del país, que a propósito, son dueñas de los medios de comunicación.

Tenemos una élite política y económica que no quiere perder sus privilegios, al contrario, quieren ensancharlos aun más, y esto solo puede hacerse a costa del resto de nosotros. Pienso que por eso han satanizado a la izquierda, metiendo en un mismo saco junto con las FARC a diversos grupos y movimientos políticos, sociales, culturales, sindicales, etc. desvirtuando con eso las posibilidades de que estos grupos y movimientos alcancen reivindicaciones que representen una pérdida económica, o política, para los más favorecidos. Nos dicen y nos repiten a través de SUS medios de comunicación: “las FARC son de izquierda, ergo, toda la izquierda es mala”, y después de muchos años de condicionamiento, todos terminamos por creerlo. En Europa los partidos políticos y Gobierno de izquierda no tienen nada que ver con grupos terroristas, izquierda no es sinónimo de terrorismo. En Colombia todo acto terrorista y muchos crímenes de diferente naturaleza son atribuidos a las FARC y, por extraña asociación, a TODA la izquierda.

En este panorama de complejas disputas políticas entre derecha e izquierda, y entre la extrema derecha y la extrema izquierda, lo que se esperaría de nuestros uniformados y de las autoridades judiciales e investigativas, sería un poco más de seriedad en los procedimientos. Culpar a quien haya que culpar, pero una vez las pruebas así lo demuestren de manera incuestionable.

Nuestros funcionarios de justicia no deberían tener otro partido que la justicia misma. La correcta y constante aplicación de la justicia es la mejor garantía de democracia y libertad.

 

Sociólogo DOUGLAS HERNÁNDEZ
Editor de www.fuerzasmilitares.org
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