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Obús Skoda 90mm, Modelo 1928, en el Museo Militar de Bogotá.

Cuando se piensa en las armas usadas por el Ejército Nacional siempre llegan a la mente aquellas de procedencia estadounidense, israelí o incluso provenientes de Brasil, pero sería poco probable llegar a pensar que alguna vez, en Checoslovaquia, un pequeño país de Europa central, se produjeron algunas de las armas más simbólicas, importantes y mejor usadas por el Ejército Colombiano.

El mercado de armas a principios del siglo XX

Sin duda, finalizando el siglo XIX los países con mayor desarrollo industrial en el mundo eran Estados Unidos, Inglaterra, Francia y Alemania, estos se disputaban el control del mercado armamentístico mundial, ya fuera en sus colonias o en aquellos países emergentes que hacía unos años habían conseguido su independencia. Sur América aparecía entonces como uno de los escenarios más favorables para ser copado comercialmente por la industria de armas de estos cuatro países, debido en parte a las constantes guerras civiles por la que atravesaron los Estados latinoamericanos a lo largo del siglo XIX, y también debido al interés por parte de los diferentes gobiernos de esta región por las “misiones militares”, contratando a oficiales europeos y estadounidenses, con el fin de dar instrucción militar a sus propias tropas y aumentar así sus capacidades frente a potenciales conflictos.

A Chile, Bolivia y Brasil arribaron misiones militares alemanas, a Perú misiones militares francesas; por su parte a Ecuador y Colombia no arribaron misiones militares de países industriales, debido a la escasez de recursos que afrontaban estos países en aquellos años, por lo que el arribo a comienzos del siglo XX de misiones militares chilenas a estos países fue la solución encontrada en su momento por los respectivos gobiernos para adelantar una adecuada instrucción teórico-militar, aprovechando así la formación militar prusiana que los chilenos habían recibido de los militares alemanes  previamente. 

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Los capitanes Arturo Ahumada y Diego Guillén integrantes de la primera Misión Militar chilena en Colombia. 1907-1909

En el momento en que los respectivos países destinaban partidas para la compra de armas en el exterior o de la indumentaria necesaria, las Misiones Militares -debido a su influencia-, inclinaban siempre la escogencia de estas armas hacia el país de su procedencia, los chilenos y brasileros le compraban a las casas alemanas Krupp y Máuser o los peruanos a la casa francesa Schneider, en el caso de Colombia la situación es similar, y se dirigen especialmente hacia el mercado germano gracias a dos factores, el primero, como ya se dijo, se da por la influencia prusiana ejercida por los chilenos y la segunda es porque la dirigencia política de esos años ve la posibilidad a futuro de contratar una misión militar de oficiales alemanes directamente, por lo que obviamente se ve con mayor agrado el mercado de armas de procedencia germana, para ello, se conformaron así dos comisiones, una comisión de armamento mayor de artillería, la cual adquirió cuatro cañones de montaña de 75mm junto con sus respectivas municiones a un fabricante no tan reconocido como lo era la casa Ehrhardt , en Dusseldorf, y una comisión de armamento menor, responsable de adquirir fusiles y munición, ésta comisión optó por comprar el Máuser Modelo 1912 del calibre 7mm a la fábrica Oesterreichischer Waffen Fabricks Gesellschafft. 

Sin embargo, cabe señalar que Colombia no solamente se interesó por el mercado germano, ya que las comisiones de oficiales colombianos encargados de probar las armas ponían también a prueba material ofrecido por casas fabricantes de otros países, tales como Francia, Inglaterra, el Imperio Austro-Húngaro o, incluso, Suecia; y en una ocasión tomaron la decisión de comprar armas, como la ametralladora pesada Schwarzlose de 7mm, modelo 1912  y modelo 1913 de procedencia austrohúngara, debido a su construcción sólida, cañón resistente, extrema simplicidad en sus mecanismos y manejo, era segura y con buena puntería, prefiriéndose ésta ametralladora a la famosa Maschinengewehr 08 alemana, a la Hotchkiss francesa o la Maxím británica, ofrecida por Vickers. Es de esta manera que el Imperio Austro-Húngaro, y posterior a su disolución, la entonces Checoslovaquia, va abriéndose camino en el mercado de las armas en el Ejército colombiano en los años diez del siglo XX a la espera de más pedidos.

Después de la Primera Guerra Mundial

Finalizado el conflicto europeo, el tratado de Versalles impedía a Alemania vender cualquier tipo de material bélico o enviar misiones militares a cualquier país del mundo, por eso las casas fabricantes del resto de Europa vieron la posibilidad de expandirse y ocupar los mercados internacionales de armas que antes manejaban los alemanes, por lo que Colombia quedaba entonces sin un vendedor de armas importante. El estado de conservación y funcionamiento del armamento a principio de los años veinte era terrible en los diferentes cuarteles, a tal nivel que las ametralladoras solo servían para dar instrucción sobre cómo no funcionan las armas, por lo que no faltaría mucho tiempo para volver a hacer un pedido de material de guerra por parte del Ejército Colombiano, de ahí que en 1924 se establecen comisiones de armas para tal fin y se dirigen a Europa, tras llevar a cabo diferentes pruebas con los diferentes fabricantes de armas, se compraron fusiles checoslovacos ZB Vz. 24 a la fábrica Československá Zbrojovka Brno, a.s. siendo determinante el hecho de que esta Casa fabricaba bajo licencia los mismos fusiles Máuser de las casas alemanas, aunque claro, se fabricaban con algunas modificaciones, como tener un cañón más corto y manejable para la infantería y las tropas montadas a caballo. Estas armas producidas bajo esta figura de la licencia tenían mecanismos más simples, ofrecían las mismas prestaciones y daban el mismo resultado, a un precio menor, y lo mejor, no estaban prohibidas por el tratado de Versalles, acto que consolida a Checoslovaquia definitivamente en la estima del Ejército Colombiano.

Llega el conflicto en el sur con el Perú

Tras la invasión por parte de elementos armados peruanos a Leticia en el departamento del Amazonas en 1932, el gobierno colombiano reunió una partida para afrontar la situación y equipar de una manera rápida y modesta a los diferentes componentes armados del país, se adelanta así un gran trabajo de equipamiento y renovación del material militar, y para ello se le encargó a los embajadores en Europa y Estados Unidos, recibir y comunicar al gobierno nacional las diferentes ofertas de las distintas casas fabricantes de armas que desearan vender armas a Colombia, cabe señalar acá que fueron pocas las ofertas que se recibieron, dado el poco interés de los fabricantes por el mercado colombiano, esto debido a que históricamente eran reducidas las compras que llevaba a cabo el país en materia de defensa, cosa que contrastaba ampliamente con el caso peruano. 

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Soldados del arma de Caballería en ejercicios de montaña con ametralladora pesada Schwarzlose, modelo 1924. Foto de 1940.

Dentro de las ofertas recibidas había un lote de ametralladoras Schwarzlose modelo 24 producidas bajo licencia en Checoslovaquia y unos cañones nuevos de montaña de 75mm modelo 1928 producidos por la casa Skoda, junto con la munición de estos, también de procedencia checoslovaca, tales ofertas fueron aceptadas por la comisión responsable de dar el aval correspondiente, gracias a que, por el lado de las ametralladoras,  estas superaron con gran éxito las pruebas a las que fueron sometidas, al nunca haber fallado en el polígono y nuevamente superando a la famosa Hotchkiss y otras diecisiete ametralladoras presentadas a los colombianos. Por el lado de los cañones, se compraron cuarenta cañones Skoda para conformar diez baterías que ofrecían dar un aumento cuantitativo al arma de artillería del Ejército colombiano. Los cañones fueron escogidos debido a sus características de fuego, la cantidad ofrecida, el buen precio y, además, este mismo modelo de cañón llevaba cierto tiempo siendo operado por algunos ejércitos en el mundo con buenos resultados, y lo más importante, para la coyuntura de ese conflicto, estos cañones ya estaban fabricados y puestos en un lote a disposición inmediata de quien los comprase, con lo que se ganaba tiempo para inclinar la balanza en el conflicto colombo-peruano. 

Cañones para la infantería

Atendiendo uno de los requerimientos de la guerra moderna para esos años, se ve la necesidad de dotar a la infantería con una artillería propia, con el objetivo de atajar directamente a las defensas del enemigo que se encuentre en su camino, como nidos de ametralladoras o puestos reforzados, que no hayan sido eliminados por la descarga artillera previa al avance, siendo esto postulado ya desde bien entrada la Primera Guerra Mundial, pero que solo se cumple en Colombia una vez finalizado el conflicto en el sur para mejor las capacidades operacionales de aquel momento.

El mercado, para esos años ofrecía un gran abanico de cañones de infantería, especialmente el alemán, quienes eran los más enfáticos en su implementación  y uso de tal elemento para la infantería, siendo el cañón IG 18 de 75mm el mayor exponente. Sin embargo, nuevamente se adquiere con la casa checoslovaca Skoda el cañón de infantería de 47mm modelo 1934 en cantidades aun desconocidas, dejando de lado al cañón alemán IG 18, posiblemente por la facilidad de transporte para la infantería que proporciona un cañón de 47mm en comparación con uno de 75mm, además que un solo hombre puede cargar y disponer de gran cantidad de munición de 47mm para ser usada en el momento en el que se lo requiera.

 

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Cañones de infantería de 47mm en una revista militar en el Campo de “Santa Ana” 24 de julio de 1938. Foto de Gumersindo Cuéllar.

La Escuela de Artillería

Finalizado el conflicto en el sur y ante la necesidad de mejor las capacidades cualitativas de los artilleros colombianos se crea la Escuela de Artillería que se pone en funcionamiento en 1937, para lo cual se escoge nuevamente a la casa Skoda para dotar al ejército con otros veintiocho cañones de montaña de 75mm y obuses de montaña de 90mm modelo 1928, sumado a 9.828 granadas para los cañones de 75mm y de 1.000 granadas para los obuses de 90mm, con lo que se fortalecía aún más las capacidades del ejército para su momento.

Es importante señalar aquí la relevancia de la introducción de los obuses de montaña de 90mm, ya que estos al ser usados como obuses y no como cañones, podían efectuar tiros parabólicos, no solo directos, y al momento de impactar, sumado al peso y diámetro del proyectil causaban el aplastamiento del objetivo, esto sin duda ponía en un pico muy alto las capacidades artilleras de Colombia sacándola del atraso armamentístico en esta área que tenía desde al menos veinticinco años en esta rama y situaba al país en un buen escalón dentro de los ejércitos de Latino América para finales de los años treinta del siglo XX. 

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Base de una granada de 75mm, Modelo 1928, usada en los cañones Skoda.

Conclusión:

El Ejército colombiano encontró un buen vendedor de armas en Checoslovaquia, confiable, que le dotó del material necesario, a buen precio, y con el respaldo necesario para ello, resalta a la vista que fuera siempre una casa fabricante, Skoda, la que se llevara los contratos de las armas, lo que habla muy bien de la oficina de diseños y los ingenieros de esta compañía, además de su capacidad de venta y con ello, se logra también un proceso de estandarización del material artillero, generando un desgaste menor en el funcionamiento propio del arma de artillería.

Para el caso de los fusiles, es importante señalar que comprar y operar el mismo fusil para la infantería y para la caballería debió suponer un ahorro en la cadena logística y presupuestaria para aquellos años en el ejército, esto último también para la ametralladora Schwarlose que fue comprada en dos ocasiones, estandarizando su uso y doctrina, además, que habla muy bien de su calidad y robustez el hecho que en algunas fotografías se le pueda ver en uso hasta bien entrados los años cuarenta en el Ejército Nacional.

 

David Sarmiento Rojas
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Historiador de la Universidad Javeriana (en formación)

 

Fuentes escritas:

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Fuentes oficiales:

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Fuentes electrónicas:

Reseña Histórica Escuela de Artillería. Material en línea, consultado el 2 de octubre de 2018. Disponible en:

https://esart.mil.co/escuela_artilleria_general_carlos_julio_gil_colorado/conozcanos/resena_historica_escuela_artilleria