www.fuerzasmilitares.org (30AGO2026).- El próximo escenario de amenaza podría estar bajo el agua. Cada día, cables, tuberías y rutas marítimas europeas sostienen buena parte de la economía mundial, al transportar desde datos y operaciones financieras hasta energía y mercancías. Su protección se ha convertido en algo prioritario.
En torno al 80% del comercio mundial se transporta por barco, mientras que la mayor parte de las importaciones y exportaciones de la UE llegan o salen por mar. Al mismo tiempo, más del 95% de las comunicaciones digitales internacionales pasan por cables de fibra óptica submarinos que se extienden por el fondo oceánico, junto a los oleoductos y gasoductos que transportan buena parte del petróleo y el gas del mundo.
Cualquier daño a estas redes, ya sea por sabotaje, drones, vehículos submarinos no tripulados o ataques militares convencionales, podría interrumpir casi de la noche a la mañana las cadenas de suministro, los sistemas financieros y la seguridad energética.
En consecuencia, la defensa marítima se centra cada vez más no solo en buques de guerra y submarinos, sino también en la vigilancia, las tecnologías autónomas y la protección de infraestructuras submarinas críticas.
La UE ha reaccionado situando la seguridad marítima como uno de los pilares centrales de su estrategia de Defensa. Desde la invasión rusa de Ucrania, el gasto en Defensa se ha acelerado gracias a iniciativas como la Brújula Estratégica, la actualizada Estrategia de Seguridad Marítima de la Unión Europea, la Estrategia Industrial de Defensa Europea y el Fondo Europeo de Defensa.
Al mismo tiempo, programas como EDIP, el instrumento de préstamos SAFE y la estrategia industrial marítima han canalizado fondos hacia la producción naval, los sistemas autónomos, los sensores avanzados y las capacidades antidrones.
Esta inversión se concentra en un puñado de países que constituyen la columna vertebral de la industria de defensa marítima europea. Francia, Alemania, Italia y España representan la gran mayoría de la producción naval de la UE, fabrican submarinos, buques de superficie y otros equipos de defensa marítima. A su vez, Países Bajos, Suecia y Polonia complementan estas capacidades con su experiencia en tecnologías de vigilancia, sensores y sistemas de seguridad marítima.
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